Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Venezuela: Elecciones

Desde Cuba: un candidato único

El de ayer fue un día agotador. Desde muy temprano estuve pendiente a los mensajes que podían llegar desde cualquier lugar acerca del proceso eleccionario en Venezuela. La televisión y la radio cubanas no me sirvieron de nada, pues todo el día estuvieron transmitiendo eslóganes, consignas y algún que otro detalle sobre los movimientos y declaraciones de Chávez, así como de los invitados y observadores de la izquierda.

El seguimiento constante y la oportunidad de contrastar informaciones que tuvo el mundo entero sigue siendo un indicador clave para medir el grado de aislamiento, cada vez mayor, que tiene el pueblo cubano. Ya hasta para nuestros vecinos, esos que siempre se ponen de ejemplo de pueblos que están peor, es normal seguir por internet a través de las redes sociales y de millones de sitios webs, blogs, etc., todos los acontecimientos relevantes del planeta.

De nada le sirve a Cuba tener una inmensa cifra de profesionales, intelectuales, estudiantes y un pueblo "culto", en general, si la dirección del Estado considera que "no estamos preparados para acceder a la libre circulación de informaciones que se disfruta en el mundo civilizado y democrático de hoy". Aunque no es el pueblo el que no está preparado, sino ellos.

Con profunda decepción, como casi siempre, observé como fue interrumpida la transmisión en vivo de TeleSur (para la "Revista Especial" que desde Cuba daba seguimiento a las elecciones) cuando anunciaron que Capriles iba a hablar. Sin estar previsto, los dos conductores cubanos, como monigotes grotescos, tuvieron que arreglárselas para llenar el espacio con palabras torpes y transmitiendo varias veces los mismos materiales de todo el día, porque alguien tenía que asegurarse previamente de que todo estaba perfecto para luego poner un pedacito editado de las palabras del candidato opuesto al candidato de La Habana.

Es sumamente irrespetuoso y ofensivo (por no hablar de ética periodística, que aquí no existe) que el pueblo cubano en toda esta campaña jamás haya oído ni una palabra salida de la boca del contendiente de Chávez. Pareciera que para toda la prensa de este país en Venezuela no existían varios candidatos presidenciales, sino uno solo, como aquí.

El propio pueblo de Venezuela escuchó a los dos, en Cuba solo vimos, escuchamos y leímos a uno. Y lo peor es que esto pasa con absolutamente todo, y nadie de las estructuras del Estado dice absolutamente nada.

¿Eso es sinceridad? ¿En eso me invitan a creer cuando dicen futuro? Yo sé que a nadie en este país le gusta ser tratado como estúpido, como tarado, pero nunca nos van a tratar de otra forma si no nos hacemos respetar.

El propio caso de Venezuela constituye una lección para los cubanos. No hay duda de que Chávez ha incidido en muchos sectores de la población de ese país, sobre todo en los más bajos estratos, pero también es evidente que el pueblo de Venezuela ha influido con sus SÍ y sobre todo con sus NO en Chávez. Un Chávez que hablaba hace poco de combatir, aplastar, y hoy habla de dialogar y construir juntos el futuro de la patria. Y ya no se le ocurren transformaciones a la Constitución para monopolizar el poder, callar las voces contrarias y hacerse eterno en el cargo. Aunque es posible que en el fondo lo desee, pero aprendió que si seguía por ese camino de imitar fielmente el modelo cubano estaba frito.

Este pueblo, el mío, ya no tiene más justificaciones. No podemos ser simples espectadores de lo que pasa a nuestro alrededor, estamos detenidos en el tiempo, dormidos, y si no despertamos pronto estaremos muertos, porque se habrá extinguido la pequeña llama de esperanza que podemos tener en esta juventud que todos los días se nos va.

En la película Juan de los Muertos hay un parlamento que dice la joven hija de Juan que vive en España: "Me fui porque no conozco a nadie por quien valga la pena quedarse". Esa frase es una verdad tremenda, sobre todo para los que no ganamos, ni queremos nada a cambio de resistir, y que, como todo ser humano, necesitamos sentir que el esfuerzo y los problemas que se afrontan sirven de algo.

Muchos quieren encontrar un tesoro, uno muy grande que le sirvan para ser feliz toda la vida. Yo sueño con encontrar el alma de este país y sacudirla muy fuerte para que despierte de una vez del profundo letargo en el que está sumida hace ya varias décadas.

Esta nación no puede morir como mueren los hombres que la han dirigido o que la han dominado, para eso es que sirven las nuevas generaciones, pero hoy Cuba se parece más a los viejos resabiosos. Es lenta, porfiada, cree que lo sabe todo y se la pasa contando sus historias tantas veces contadas.

Nosotros, los cubanos de hoy, tenemos que hacer que Cuba se parezca más a nosotros, así como nosotros nos parecemos irremediablemente a nuestro tiempo. Tenemos la obligación moral de intentarlo, y lo intentaremos. Aquí volverá a estar viva la política, aquí habrá democracia y esperanza nuevamente. Y a los militares, que se han robado el rol político que no les pertenece, les digo: mejor se preparan para vivir y respetar ese escenario democrático y no para evitarlo, impedirlo o retrasarlo. Porque así, con esa actitud que hoy mantienen, yo no sé a quién ayudan, a quién protegen, pero al pueblo no es.

Y el pueblo ya se está dando cuenta de eso.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.