Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Opinión

Editorial: Café para Bruno

Reunido en Nueva York con un grupo de cubanoamericanos, Bruno Rodríguez ha echado en cara al exilio lo corto de sus éxitos. Según el canciller del régimen, no existen empresarios exiliados con recursos suficientes como para invertir en la Isla. El país, dice, cuenta ya con "base legal para que los cubanos de la emigración inviertan", pero la dificultad no está en las leyes, sino en lo enorme de las sumas exigidas para la inversión: cientos de millones de dólares.

Rodríguez pretende hacer pasar por una negativa económica lo que no es más que una decisión política. Intenta reducir a números lo que en verdad es apartheid. Y su excusa de las grandes fortunas puede equipararse a la que diera Ricardo Alarcón para la prohibición de viajar: trabazón aérea igual a pocos fondos de los exiliados.

Por otro lado, el canciller admite la necesidad de adaptar la política migratoria nacional a los estándares internacionales. Aunque advierte enseguida: "Para eso, tenemos que acercar a los estándares internacionales la política migratoria de los Estados Unidos a Cuba". Una vez más, los problemas internos cubanos se supeditan a las relaciones con EE UU. Los derechos elementales de cada ciudadano de la Isla se deciden en Washington, no en La Habana.

Detalles del diálogo entre el canciller y varios exiliados fueron ofrecidos por una directiva de CAFE (Cuban American for Engagement) invitada a la cita. Allí esta agrupación hizo hincapié en diferenciar a los cubanos para ofrecerles o no el beneficio de viajar a su país natal. Y entre los que tendrían que ser castigados colocó, junto a los acusados de terrorismo, a quienes abogan por el embargo.

El colaboracionismo de CAFE llega a tal extremo que sugiere al régimen que penalice una opinión y una actitud política. No es de extrañar entonces que, preguntado acerca de una posible reconciliación nacional, el canciller dijera que ésta podría existir, pero sin olvido, y únicamente recordara crímenes cometidos por parte del exilio.

Todo es cuestión de tiempo, dio a entender Bruno Rodríguez en Nueva York. Los exiliados podrán invertir en cuanto engorden suficientemente sus cuentas. Y la muy prometida reforma migratoria quedará aprobada apenas Washington resuelva las cosas. De manera que si se atrasa la devolución de sus derechos a los cubanos, la culpa ha de caer sobre el Gobierno de EE UU y sobre aquellos exiliados que defienden el embargo. La Habana, mientras tanto, no tiene responsabilidad alguna. Como siempre.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.