Lunes, 20 de Noviembre de 2017
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Sociedad

Desventuras y aventuras de los jubilados

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Cada trabajador aspira, al llegar a la edad de jubilación, a retirarse con una asignación económicamente adecuada a sus años de labor, un ingreso que le permita enfrentar decentemente lo que le resta de vida, disfrutar lo mejor posible, tanto en familia como viajando, asistiendo a actividades culturales y deportivas, departiendo con amigos, descansando…

Esto sucede, por lo general, en la mayoría de los países. En Cuba, desgraciadamente, a pesar de las loas y de la propaganda a la denominada seguridad social, la realidad difiere bastante de las palabras que se dicen y escriben.

De acuerdo a los datos dados a conocer este año por las autoridades, la jubilación media mensual se sitúa en 255 pesos en moneda nacional (el equivalente a unos 12 dólares), cifra que resulta insuficiente, no ya para vivir, sino para sobrevivir, teniendo en cuenta los precios de los artículos de consumo y de los servicios mínimos necesarios.

Esta situación hace que los jubilados, en lugar de autofinanciar sus necesidades, constituyan una carga para las familiares (en caso de que éstos existan) o, si se encuentran solos, estén obligados a tener que continuar trabajando en alguna actividad alternativa, para aumentar sus recursos. Estos son los ancianos y ancianas que vemos vendiendo bolsas plásticas, cigarrillos, pasta de dientes, caramelos caseros, etcétera, o revendiendo periódicos, revistas y otros artículos en las calles de nuestros pueblos y ciudades.

Para más complicación de la vida, quienes realizan el cobro de su jubilación mediante chequeras (talonarios anuales con cupones mensuales), si lo hacen en un banco, deben dedicar bastante tiempo de espera en largas colas, debido a el servicio se presta en un mínimo de cajeros, o a que con frecuencia falta el fluido eléctrico y el servicio se suspende o se ralentiza.

Si lo cobran en una CADECA (Casa de Cambio), las colas serán parecidas, pudiendo faltar la energía eléctrica o no existir efectivo.

Por su parte, quienes realizan el cobro mediante tarjetas magnéticas, además de la cola ante el cajero automático, pueden encontrarse con que éste no funcione o carezca de dinero.

Lo interesante es que los días a partir de los cuales comienza el cobro, se fijan por meses para cada año (¡maravillas de la planificación socialista!), de manera que todos los responsables los conocen con suficiente antelación. Por ello, resulta incomprensible que estos desajustes se produzcan mensualmente, atentando contra jubilados que, con sus recursos mínimos ya agotados, esperan con ansiedad el primer día del cobro para poder respirar, al menos por unos pocos días.

Las culpas, como siempre, se pelotean entre el banco que no situó el dinero, SEPSA (un servicio de protección y seguridad) que no lo trasladó, la empresa eléctrica que retiró el servicio (precisamente en día de cobro) por mantenimientos, y los cajeros automáticos que no funcionan.

Sin embargo, las desventuras se concentran todas en un solo sujeto: los jubilados.

El futuro, peor

Como la cifra de jubilados aumenta cada año (ya en el 2011 las personas con 60 años o más constituían el 18,1% de la población), y la población continúa disminuyendo (entre 2001 y 2010 abandonaron el país casi 341.000, y la tasa anual de crecimiento de la población por mil habitantes ha disminuido del 13,3 en 1970 al 0,6 en el 2011), en un ambiente de penuria generalizada y sin perspectivas reales de una pronta mejoría, las desventuras deberán agravarse.

Con las previsiones publicadas tanto por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como por la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba (ONE), donde se prevé una tasa global de fecundidad (hijos por mujer) hasta 2015 de 1,5 (la más baja de América Latina), y una tasa bruta de reproducción (hijas por mujer) de 0,79, la cual no asegura el reemplazo natural, el futuro no se avizora nada halagüeño.

Según la ONE, la población cubana en 2035, en comparación con 2011, habrá decrecido en 478.544 habitantes, los comprendidos entre 15 y 59 años de edad serán 1.685.281 menos, y los de 60 años o más, 1.634.123 más. Esto significa que, entre 15 y 59 años de edad, habrán 5.613.982 habitantes (52,2%) y, con 60 años o más, 3.648.787 (33,9%). El resto de la población estará constituida por los menores de 14 años.

El problema demográfico se ha creado, al unirse la longevidad (un fenómeno positivo) con la emigración constante de los más jóvenes y la baja natalidad (dos fenómenos negativos), sin que las autoridades, durante más de cincuenta años, hayan tomado medidas políticas, económicas y sociales efectivas para enfrentarlo.

Si no se producen cambios profundos que estimulen a los cubanos a no marcharse del país y a que las parejas a tener hijos y poder criarlos y verlos crecer en un ambiente de paz y sosiego, sin imposiciones ni traumas, no habrá solución.

Hasta el momento, todo parece indicar que jubilarse continuará siendo una riesgosa e impredecible aventura.

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