Sábado, 18 de Noviembre de 2017
17:44 CET.
400 años de Cachita

Mientras esperamos por el milagro

"Monseñor, ¿tendremos procesión en Santiago hoy?", preguntó este corresponsal al arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez, bien pasada la una de la madrugada del 8 de septiembre, cuando concluyó la misa por Nuestra Señora de la Caridad en el Santuario del Cobre.

"Seguro, a las 8:00 partimos del Arzobispado", respondió sonriente García Ibáñez.

Y efectivamente, a las 8:00 am el arzobispo estaba en el balcón diciendo: "Hoy es un día especial, la procesión es como una invitación a María para que nos acompañe por la ciudad. Cuando pase por nuestras casas es para que María nos lleve a Jesús a bendecirnos".

Y necesitado de la bendición divina está Santiago de Cuba. El incendio de la gasolinera de Trocha y Carretera del Morro hasta este sábado tenía un saldo de seis muertos, cinco hospitalizados en estado crítico extremo, tres en estado crítico, tres con lesiones muy graves para la vida y seis menos graves, según revelaron fuentes oficiales. Para ellos y sus familiares tendría monseñor Dionisio un lugar en sus oraciones cuando la procesión hizo la tercera de sus cinco paradas en la intersección de Reloj y Enramada.

Tras la imagen de la Virgen de la Caridad, a las 8:12 am partió del Arzobispado una muchedumbre transformada en marea humana, desbordándose sobre el Parque Céspedes cuando, sobre la misma furgoneta en que viajó por toda la Isla, a las 9:20 llegó la imagen de Cachita a la Catedral.

Cuarenta años, desde el 8 de septiembre de 1961, estuvieron los santiagueros sin poder ir en procesión tras la Patrona de Cuba. Pero cuando luego de esas cuatro décadas, el 8 de septiembre de 2009, monseñor García Ibáñez consiguió que otra vez el pueblo pudiera ir tras su imagen, no menos de 10.000 personas caminaron tras la Virgen abarrotando el Parque Céspedes y las calles aledañas para observarla en lo alto de la Catedral.

Monseñor Giovanni Angelo Becciu, quien fuera nuncio en Cuba, confesó a este corresponsal la perplejidad de unas de sus amistades cuando supo que él venía de embajador del Papa a la Isla: "Usted va donde no hay creyentes", nos dijo Becciu que le dijeron.

"¿Por qué toda esa gente ahí?", pregunté al reverendísimo García Ibáñez hace tres años, aquel 8 de septiembre de 2009. "La gente lo que quiere es escuchar la Palabra de Dios. Usted lo está viendo, ahí está toda esa gente, lo sienten, lo que quieren es escuchar y hablar con Dios", me aseguró el arzobispo aquella noche.

Poco después, en enero de 2011, fue que hablé con monseñor Becciu y cuando el nuncio me dijo del error de su amiga, porque los cubanos somos un pueblo con una gran fe, de tal suerte pedí el embajador del Papa unas palabras en exclusiva para los lectores de DIARIO DE CUBA y sin demorar un instante el nuncio dijo: "Que María sea la verdadera protectora del pueblo de Cuba".

"¿Cómo la Virgen de la Caridad del Cobre puede convertirse en la verdadera protectora del pueblo de Cuba?", pregunté tras concluir la procesión de este 8 de septiembre al reverendísimo García Ibáñez, luego de relatarle el encuentro con monseñor Becciu.

"Ustedes, los periodistas, son insoportables", me susurró Mercedes Ferrera, la secretaria de García Ibáñez, procurando a toda costa hurtarme al arzobispo por su descanso.

En mitad de la algarada reinante en la Catedral, monseñor García Ibáñez no entendió mi pregunta, la que debí repetirle al oído:

"¿Cómo María puede ser la verdadera protectora de los cubanos?"

"Respetando, que cada uno respete al otro en su dignidad, todos somos hijos de Dios, todos somos iguales y nadie tiene derecho a ponerse por encima de otros", respondió enfático monseñor García Ibáñez, quien aunque fue por sus palabras de recibimiento al Papa Benedicto XVI, con que dio a conocer al mundo su sentir de Cuba y de lo cubano, desde hace años y a cada paso viene dando lecciones de moral y de cívica, como no dan en las escuelas para rescatar los valores de la sociedad cubana perdidos.

Debo confesar que la interpretación dada por el arzobispo de Santiago de Cuba al anhelo de monseñor Becciu, a mi modo de ver tiene la categoría de "milagro".

Sí, porque toda la historia de Cuba nos revela que el respeto por el prójimo es una acontecimiento raro en esta Isla larga y estrecha.

Quizás la mejor prueba del irrespeto por el derecho ajeno es el hecho de permanecer los santiagueros 40 años sin la posibilidad de ir por las calles de su ciudad tras una imagen idolatrada.

Por aquello de "a Dios rogando y con el mazo dando", o de que "la libertad no se pide", mientras ocurre el milagro lo ideal es seguir los pasos a predicar como los de monseñor García Ibáñez. Este sábado dijo al pueblo de Santiago, pidiéndoselo a la Virgen, que las leyes debían ser de tal manera que permitieran a los cubanos desarrollarse sin trabas y por igual.

Y yo me sumo a él, espero el milagro de que se respeten mis derechos exigiéndolos. Este sábado fui por las calles de Santiago con mi libreta de notas a la vista de los policías, y marché confiado, no detrás, sino escoltado por María.

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