Martes, 21 de Noviembre de 2017
23:19 CET.
Salud Pública

Triunfalismos injustificados

Por estos días los medios oficiales publicaron una amplia nota firmada por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), dando por concluido el brote de "infección intestinal por contaminación hídrica", que —según la propia fuente— dejó un saldo de tres fallecidos y casi 500 enfermos en la región oriental de Cuba. No existe, al menos oficialmente, el riesgo de una epidemia de ese tipo en Cuba.

Más allá de la utilización del complicado eufemismo utilizado para denominar una enfermedad que todos conocemos como cólera, relativamente controlada, algunas fuentes no oficiales aseguran que persisten pequeños brotes en otras regiones de la Isla, incluyendo la propia capital.

La prensa gubernamental, por su parte, declara que los casos reportados en otras provincias son solo algunos individuos que se contaminaron por viajar a las áreas donde existía el brote de la enfermedad, fundamentalmente en Manzanillo, Granma. Esta información cabe dentro de lo posible, a pesar de que la mayoría de la población cubana no tiene acceso a otras fuentes ni a datos estadísticos con los cuales contrastar y verificar los hechos.

También en este caso, como es usual en los medios oficiales, se "informó" sobre el proceso con posterioridad. Las noticias en Cuba deben ser asumidas por la población, más que con espíritu analítico, como un acto de pura fe.

No obstante el triunfalismo de los medios, la nota del MINSAP destaca más por las omisiones que por las informaciones que brinda. En realidad la epidemia que sí está golpeando con fuerza en la Isla es el dengue, ya con carácter endémico, reforzado por una temporada lluviosa en que se han producido las mayores precipitaciones de los últimos años.

Fuentes no oficiales que permanecen movilizados en la llamada Campaña Anti-vectorial —una estrategia dirigida directamente por las Fuerzas Armadas (FAR) para detener y eliminar los focos de proliferación del mosquito, transmisor de la enfermedad– afirman que, lejos de detenerse, la epidemia avanza. En estos momentos, solo en la capital del país, hay tres hospitales habilitados para el ingreso de los enfermos más delicados. Los pacientes que acusan síntomas de portar la enfermedad en su tipo clásico (el menos grave) reciben atención en su área de salud bajo la condición de "ingreso domiciliario", una modalidad que evita la sobrecarga hospitalaria, aunque aumenta el riesgo de contagio en las comunidades.

Una fuente confidencial afirma que, pese a que los medios oficiales no reconocen la existencia de la epidemia, a nivel del personal médico y de los auxiliares sí se maneja el término. De hecho, la movilización del personal empleado en la campaña tiene carácter militar. Los médicos trabajan los siete días de la semana, con horarios extendidos y constantes reuniones y reportes de la marcha de la epidemia, sin que se aprecien avances significativos en su control.

Una doctora se quejaba de que la población no tiene una percepción clara de los riesgos y no hay una vigilancia adecuada de los focos. Sin embargo, más del 60% de los focos de contaminación en los que se reportan larvas de mosquitos corresponden al sector estatal. En muchos centros laborales no se aplican adecuadamente las orientaciones del MINSAP en cuanto a la eliminación de focos. Más aún: durante los meses de verano se produce el cierre de los centros de estudio y también de numerosos centros de trabajo, favoreciéndose así la proliferación de mosquitos en locales cerrados en los cuales no se realizan siquiera los ciclos de fumigación.

Como botón de muestra, solo en el área de atención de salud correspondiente al policlínico Nguyen Van Troi (Avenida Carlos III esquina a Hospital, en Centro Habana), se reportan diariamente entre cuatro y cinco nuevos casos de dengue. En la misma área está circulando una cepa de dengue hemorrágico, sin que la población haya sido alertada para extremar las precauciones y las medidas higiénico-sanitarias.

Mientras tanto, sigue lloviendo en La Habana. Y llueve sobre mojado: por doquier crecen rozagantes los herbazales, se mantienen los vertederos de basuras, los solares yermos con depósitos de aguas estancadas, las roturas de las añejas redes hidráulicas y de albañales, las mala calidad de las reparaciones y remiendos de esas redes y la indolencia general.

A estas condiciones se suma el hecho de que la irregularidad del abasto de agua corriente durante décadas ha generado en la población la necesidad de almacenar agua en tanques y otros recipientes, no siempre con las mejores condiciones ni debidamente tapados, multiplicando exponencialmente el crecimiento de focos. De manera que la que pudiera ser una campaña efectiva se estrella contra la irresponsabilidad y la abulia habitual.

En medio de este cuadro, las autoridades sanitarias estarían en la obligación ética de informar a la población sobre la existencia de una severa epidemia de dengue. Algunos galenos, plegados a la política de los gobernantes, justifican la desinformación porque consideran que "no debe cundir el pánico en la población", una hipocresía que protege los intereses económicos del Estado y de la casta gobernante que se niega a declarar la epidemia para no ver afectada la arribazón de turistas extranjeros a la Isla, intereses que pretenden sostener a riesgo de la salud de la población.

Así, pues, aunque fuera cierto que el cólera permanece controlado, no hay motivos para el triunfalismo en Cuba. Los cubanos deberían conocer sin tapujos que están seriamente amenazados por una nueva epidemia de dengue y que esta enfermedad puede resultar mortal, o no se tomará conciencia de la dimensión del riesgo.

Los medios, en lugar de difundir los mensajes subliminales que recomiendan tomar medidas, como quien se refiere a evitar lo que ya está ocurriendo, tienen la misión de divulgar claramente una alarma sanitaria e informar sobre la marcha de la campaña. Solo así estaríamos en el inicio de revertir la epidemia. El silencio de los medios y de las autoridades del MINSAP es otro de los crímenes de este sistema que habrá que juzgar algún día… Si es que alguna vez se ha de celebrar un juicio en una Isla arrasada.

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