Jueves, 14 de Diciembre de 2017
14:04 CET.
Economía

¿Cuánto cuesta el dinero?

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En su reciente intervención en la Asamblea del Poder Popular, el presidente de la Banca Central mencionó la imposibilidad de aumentar el número de cajeros automáticos, al igual que el número de tarjetas de débito, con la posposición consecuente de masificar el uso de tarjetas de crédito en el país. Limitación económica fue la razón ofrecida.

Casi todo el dinero que circula en Cuba es de papel, salvo la moneda fraccionaria cuyo uso está en el pago del transporte, en la adquisición de los productos de la canasta familiar mediante la libreta de racionamiento o al ir a la farmacia. El manoseo constante para cualquier transacción hace que los billetes se deterioren con rapidez, por lo que deben ser retirados y deben entrar a circular nuevas series, lo que evidencia la necesidad constante de imprimir papel moneda.

Solo una minoría de jubilados y los trabajadores cubanos contratados por entidades extranjeras cobran sus mensualidades a través de tarjetas. Por otra parte, la intervención de dinero físico en casi todas las transacciones civiles y hasta de entidades estatales es potencial fuente de delito que decrecería al introducir el dinero plástico. Eso sin mencionar la maquinaria burocrática que podría desmontarse.

Una consecuencia nefasta de la dualidad monetaria es que el valor real de los productos importantes se establece en otra moneda que, aunque no tiene vigencia fuera de Cuba, internamente funciona como divisa (CUC). La disparidad entre esta divisa y la moneda nacional (CUP) es de 24 CUP por CUC, aun así, nadie duda que miles de pesos cubanos constituyan dinero.

No parecen sin embargo tener la misma seriedad ambas monedas porque he visto llegar el carro de transportación de valores de la empresa SEPSA a la agencia bancaria aledaña al Ministerio de la Agricultura. Es una rutina poco discreta que se repite en las tiendas y centros gastronómicos recaudadores de divisas: del carro blindado baja un fornido uniformado con intimidante escopeta y Magnum al cinto, y se sitúa con cara de malo impidiendo el paso y deteniendo la actividad del lugar mientras otro, sin escopeta pero también armado, entra y retira un pequeño saco que lanza a través de una trampilla ubicada en el lateral trasero del carro. Se van los de SEPSA y minutos después entra en el banco una señora de mediana edad, recoge en una jaba de polietileno la paga de los trabajadores de su empresa, se monta en una cancaneante reliquia de la era soviética, sin escolta con accesorios, solamente un chofer tan medio tiempo como ella.

No tengo la menor idea de cuánto han costado la flotilla de camionetas y camiones blindados de la empresa SEPSA y su pavoroso armamento, pero imagino que es mucho. No tengo la menor idea de cuánto cuesta imprimir papel moneda, pero barato no es, sumen además todas las actividades periféricas con que se complementan; estoy casi segura de que es mucho menos de lo que costaría introducir nuevos cajeros y dinero plástico.

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