Lunes, 20 de Noviembre de 2017
10:01 CET.
Drogas

En el corredor de la droga

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"Trae café", dijo el vendedor a la mujer.

Desandando algún recoveco, al poco rato ella regresó con un paquete, situándolo a la vista de los dos compradores.

La autenticidad de la marihuana colombiana era irrebatible, y uno de los compradores sacó una pistola.

Creyéndose víctima de narcotraficantes tramposos, sin percatarse aún de encontrarse en manos de policías encubiertos, el vendedor trató de hacer resistencia hasta que sonó un disparo.

La escena que acabamos de narrar ocurrió en la ciudad de Las Tunas a finales de la década del sesenta del pasado siglo. Recién el doctor Castro Ruz había declarado que Cuba era una sociedad sin drogas. Pero aquellos policías desconocidos, llegados de Camagüey y haciéndose pasar por narcotraficantes, ponían punto final a una red delictiva que llevaría a la cárcel no solo a delincuentes comunes, sino también a agentes secretos dedicados a vender marihuana, a un instructor de policía, a un oficial operativo de investigaciones criminales y hasta al mismísimo jefe municipal de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en Las Tunas.

En el verano de 1989, el general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio de la Guardia y demás oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior implicados en la Causa 1 serían acusados y sentenciados. Pero a mediados de esa década, cierta noche, un avión tripulado por dos colombianos aterrizaba también en Las Tunas.

Las ruedas del avión, manchadas por estiércol de vaca, sugerían el sitio de despegue y a qué estaba dedicado aquel aparato aunque se encontrara vacío. Los colombianos fueron capturados mientras hacían autostop, pretendiendo viajar hacia La Habana, a donde se les envió detenidos.

Jamás se habló ni publicó noticia alguna de aquel incidente.

¿Quién no sabe que Cuba está en el centro del corredor de las drogas hacia EE UU?

Cierto, en Cuba se cosecha marihuana. He visto con mis ojos los cultivos y tocado las plantas con mis manos. Pero Cuba tiene también un larguísimo litoral al que llegan corrientes marinas con la puntualidad de un buen mensajero. Y los narcotraficantes caribeños se ven obligados a arrojar miles de toneladas de droga al mar, que llegan a nuestras costas.

Luego, ¿por qué afanarse en sembrar si la droga llega de regalo?

La droga se vende como oro y se consume en Cuba y en todo el mundo. Narcotraficantes rusos han comprado drogas en Matanzas recientemente, según fuentes bien confiables.

Últimamente, medios oficiales y extranjeros —por cierto, uno de ellos ruso— han publicado reportajes mostrando la "efectividad" del patrullaje antidrogas en las costas cubanas.

Nimiedades. Cualquier entendido lo sabe. Es algo puramente psicológico: los policías están en la costa o en sus lanchas porque tienen que estar allí. Incluso, admitamos motivos altruistas, pero eso no basta.

Los buscadores de droga de recalos están allí para hacerse de miles de dólares. Están conscientes de que pueden pasar una temporada en la cárcel y perder una parte de su fortuna, pero la otra no.

Les decomisarán casas, automóviles y otros bienes, pero ni el mejor interrogador hará confesar a un narco dónde tiene el grueso de su fortuna. Incluso, en prisión continuarán haciendo negocios, eso se sabe.

Por otra parte, ¿quiénes conocen las corrientes marinas como ellos? ¿Quiénes han trillado los senderos del monte como los buscadores de droga?

Eso, tratándose de gente del bajo mundo, porque sabido es que por el negocio de las drogas también transita gente de charreteras estrelladas y de cuello y corbata.

Quienes pretenden afirmar que en Cuba el negocio de las drogas es asunto controlado, está mirando a otra parte. Es algo así como cuando el doctor Castro Ruz afirmaba que en Cuba no había drogas, mientras gente de la policía traficaba con marihuana en Las Tunas.

Hoy las drogas son más potentes, más caras, más peligrosas y se consumen como nunca antes, en Cuba y en el mundo. Negar eso sería confabularnos con el narcotráfico y hacernos cómplices del vicio, y nuestros hijos están ahí.

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