Sábado, 18 de Noviembre de 2017
16:27 CET.
Opinión

Blindaje a prueba de cañones

En voz baja, entre dos o tres personas de confianza, el poeta José Lezama Lima, fundador del grupo Orígenes y de la fiesta innombrable que es la novela Paradiso, se permitía, en la década de los 70, anunciar, casi sin resuello por su obesidad mórbida y su asma, que si los americanos atacaban La Habana, a él tendrían que cazarlo de "azotea en azotea con una forifai en la mano".

Su imagen de francotirador en un tejado del Paseo del Prado, armado con una pistola del calibre 45, era la manera que tenía el autor de Enemigo rumor de banalizar la obsesión del Gobierno por asustar al país con la llegada inminente de un ataque extranjero.

Esas tropas, siempre a punto de hollar el territorio nacional, servían de pretexto para mantener a millones de hombres y mujeres entretenidos y disciplinados en permanentes movilizaciones militares y rebosantes de admiración por los lideres que salvarían al país de los bárbaros.

La broma del poeta de la calle Trocadero ha tenido ahora una rara resonancia cuando, entre los temas destacados que trató el general Raúl Castro durante una visita esta semana a Rusia, la prensa especializada reconoció el interés del huésped por alcanzar acuerdos militares para renovar los tanques, los submarinos y otros aparatos de guerra que han envejecido bajo el sol y el sereno del Caribe.

Para los expertos, el objetivo original del viaje, que se inició a principios del mes con visitas a China y Vietnam, era la mano extendida ante sus viejos camaradas porque Hugo Chávez, el donante de turno, entra y sale de la muerte como Pedro por su casa. Otros sabios se fueron por la vertiente de que el mandatario salía a buscar, además de un poco de agua y carbón, la experiencia de su amigos asiáticos para imponer en Cuba el socialismo de Estado.

Ningún cubanólogo pudo prever ese afán de modernización de los cañones rusos para revivir la cantaleta bélica en un país arruinado y preso en el totalitarismo al que solo pretenden invadir los inversionistas extranjeros. Y una cuadrilla de cubanos ricos que se preparan para entrar con el blindaje de sus chequeras inmunes a las balas rusas y al plomo de la forifai de Pepe Lezama.

 


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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