Martes, 21 de Noviembre de 2017
20:05 CET.
Opinión

Otro verano con las esquinas rotas

Lo único que cambia en la fotografía de familia de la sociedad cubana es la intensidad de la represión contra los opositores pacíficos y las cifras de los presos políticos, los exiliados y los emigrantes. Es cierto que el Gobierno sustituye también, de acuerdo a los márgenes del delirio, la categoría del milagro económico que deberá sacar al país de la pobreza y liberar los manteles de las mesas de la severidad de una cartilla de racionamiento que cumplió medio siglo.

Hasta hace unas semanas era una franja de petróleo submarino la fórmula mágica para derrotar la escasez y alimentar a los ciudadanos. Como no apareció el pozo de la riqueza instantánea, Fidel Castro propuso, en una de sus mini reflexiones sobre la vida, el mundo y el destino de los seres humanos, la siembra masiva de moringa oleífera y morera porque esas plantas, escribió, "son fuentes inagotables de carne, huevo y leche".

Así es que ya empezó la cosecha y concretamente en la región central de Sancti Espíritus, la demanda del árbol moringa es tanta que las autoridades se han visto obligadas a limitar la venta a dos kilogramos y medio por persona. Ese es el tema central de los medios oficiales que han salido del fondo del mar a buscar la abundancia del socialismo en la floresta.

Otra zona del retrato de la realidad en la Isla muestra que la policía mantiene un promedio mensual de 400 arrestos arbitrarios a opositores y que están en prisión con graves problemas de salud, desde marzo pasado, las Damas de Blanco Sonia Garro y Niurka Luque. Los periodistas independientes, los blogueros y los jóvenes empeñados en abrir espacios a las nuevas tecnologías son acusados ahora de propiciar una invasión militar extranjera.

Al fondo, se ve cómo aumenta el grupo de gente que huye. De octubre de 2011 hasta esta fecha, 8.420 cubanos han tratado escapar a Estados Unidos en balsas o a través de la frontera con México. Cada año 20.000 ciudadanos viajan a Norteamérica de manera legal.

Esa es la atmósfera de la foto fija que tiene presa a Cuba. Para el poder que maneja la cámara, la libertad no es fotogénica.

 

 


 

Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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