Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
00:21 CEST.
Sociedad

Presente y futuro de la criminalidad

Un robo con violencia fue cometido en las inmediaciones de la jefatura provincial del Ministerio del Interior en Las Tunas a mediados del pasado mes de mayo. Cuando transitaban por el lugar poco antes del amanecer, las víctimas, un hombre y una mujer, fueron agredidos a porrazos y despojados de sus pertenencias.

Poco antes, no bien entrada la noche, dos hombres y una mujer habían agredido a un joven que se defendió y, a pesar de no resultar robado, salió herido del percance.

Más allá, un policía enamorado y rechazado por un muchacho gay le disparó a los pies. Una periodista de la prensa oficial presenció el suceso.

En Santiago de Cuba, investigadores policiales dijeron a este reportero que el hurto y sacrificio de ganado vacuno venía afectando al territorio y que para contrarrestar la acción de los cuatreros habían desplegado la "Operación Tauros".

Al respecto, un ganadero nos dijo: "Mientras los ladrones andan sueltos, el ganado permanece encerrado toda la noche. Así no hay ganadería que avance".

En una cooperativa cebaban un cerdo en una jaula. La cooperativa permanecía custodiada; a pesar de ello, el cerdo fue sacrificado dentro de la jaula, descuartizado y sustraído en pedazos por entre los barrotes. Dentro del enrejado, los ladrones solo dejaron la cabeza del animal, destinado por los cooperativistas para proveerse de manteca. La cabeza no cabía entre los barrotes.

En Puerto Padre, la sucursal de la Western Union fue asaltada hace varios años, el cajero atado y amordazado, los asaltantes fugándose con algunos miles de dólares. La investigación del robo con violencia e intimidación a las personas la dirigió personalmente el coronel jefe del Ministerio del Interior en la provincia. La semana pasada, el cajero nos confirmó la impunidad del delito.

También la pasada semana, directivos de transporte en La Habana mostraron a reporteros del Noticiero Nacional de la televisión cómo los pasajeros burlan el pago del pasaje echando en las alcancías de los ómnibus de la capital cuanto objeto inservible tengan a mano.

En la terminal de ómnibus de La Tunas ha operado durante años un grupo de carteristas autodenominado "la brigada". A este reportero lo despojaron de su cámara. Una de sus fuentes le informó de cómo llegar a los rateros. La cámara fue devuelta intacta. Uno de los carteristas resultó ser un instructor de la Escuela de Automovilismo y, el otro, un inspector de Higiene y Epidemiología.

A pesar de lo anterior, de los delitos donde los peces gordos son los involucrados, apenas se habla. Un periodista oficial fue requerido por no utilizar eufemismos y llamar "robo" a lo ocurrido en cierta industria.

"El Partido revisa nuestros escritos y cuando tienen dudas llama a la Seguridad del Estado", nos dijo.

"Hoy Cuba tienen más jueces, fiscales, policías y cárceles de los que jamás ha tenido en su historia y, sin embargo, la concurrencia delictiva es como nunca antes. Incluso, hoy se comenten delitos que antes de 1959 raramente ocurrían. ¿Usted conoce mayor inseguridad ciudadana que la que hoy se ve en el campo cubano?", dijo un experimentado jurista, ya octogenario.

"Mire, antes de 1959 en Cuba había gente extremadamente rica y otros simplemente ricos. Teníamos una clase media en expansión, pero también gente extremadamente pobre. Aún así, ¿sabe cuál era el crédito de los pobres? Pues la honradez. Venían por cualquier mercancía a crédito y te decían, 'pobres pero honrados', esa era su garantía", argumentó un comerciante; por cierto, condiscípulo de Raúl Castro en la adolescencia.

"Antes los animales andaban sueltos por el campo. Las vacas, los caballos, todos. Y no se perdía ni un pollo. Pero ahora, quítele la vista al caballo que no encontrará ni las herraduras", dijo a este corresponsal un campesino de 86 años a quien hace una década un jovenzuelo robó su caballo con carretón y todo, diciéndole al custodio del hospital, a quien el anciano había confiado el animal mientras el médico lo consultaba: "Dígale al viejo que ahorita vuelvo".

¿Qué falla en la sociedad cubana? Preguntamos a alguien versado en antropología criminal.

"Las restricciones a la patria potestad. Concretamente la castración de la autoridad de la familia", respondió el especialista.

Reiteramos la pregunta a un sociólogo. "La moral", contestó de forma lapidaria.

¿Usted cree que es correcta la concepción de doble moral tan llevada y traída en Cuba?, preguntamos en una cafetería al mayor cargo del Partido Comunista en la delegación del Ministerio del Interior en Puerto Padre.

"Se es moral o amoral", respondió el oficial, graduado en Ciencias Sociales en la ex Unión Soviética.

La respuesta más acertada a esta encuesta, sin embargo, pareció darla un cubano cosmopolita, en otro tiempo residente en Nueva York y luego traductor de inglés para el otrora Ministerio de la Industria Azucarera. "Más que la honradez del pasado y la inmoralidad del presente, preocupa el civismo del cubano en el futuro", dijo.

Cierto. Comparada con la de otros países de la región, la criminalidad en Cuba sería asunto de poca monta si no minara a toda la sociedad, socavando los valores imprescindibles de la nación para ejercitarse como tal.

Como ya ocurrió en otros sistemas a través de la historia de la humanidad, es la corrupción la que está desmontando el totalitarismo en Cuba, pero esta es una semilla genéticamente impura para el nacimiento de una sociedad nueva.

También es verdad: con carne en las carnicerías, concluiría el robo de ganado en Cuba.

Pero, cuidado, no sea que en una Cuba nueva subsista en demasiados cubanos el alma del cuatrero.

Así retornaríamos a un país de la riqueza desbordada a la pobreza extrema, de la esclavitud del comunismo totalitario a establecernos en la anarquía con un antifaz de democracia y, por supuesto, esa no es la Cuba que queremos.