Jueves, 29 de Septiembre de 2016
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Economía

Los números del gigante

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A las 3:20 de la madrugada del pasado miércoles, el Central Antonio Guiteras ratificó su condición de mayor productor de azúcar de Cuba.

Fundado el 15 de marzo de 1912, el otrora Central Delicias se convirtió en el mayor productor de azúcar de caña de Cuba y del mundo en 1922, cuando produjo 1.046.493 sacos de 325 libras, esto es poco más de 157.000 toneladas métricas.

En 1952 la industria volvió a ser noticia cuando implantó un nuevo record mundial: 1.383.653 sacos de 325 libras.

Más reciente, el 26 de mayo de 2009, tras 141 días de cosecha, el Central Antonio Guiteras produjo 140.000 toneladas de azúcar parda a un costo de 295,52 pesos la tonelada, manteniendo así su condición de mayor productor nacional.

Pero ya no se trata de no poder alcanzar la producción de hace 100 años, ni siquiera la de medio siglo atrás. El mal es mucho peor. Se trata de que ya no somos capaces de producir ni lo que conseguíamos solo hace tres años. ¿A dónde vamos?

Para que se tenga una idea de la velocidad del retroceso de la producción azucarera en Cuba, obsérvense estas cifras: el plan de producción del Central Guiteras para esta cosecha es de unas 80.000 toneladas. A duras penas quizás produzca 70.000 y, cuando la madrugada del miércoles revalidó su título de campeón azucarero de Cuba, solo había producido unas 60.000 toneladas.

Según fuentes oficiales, los centrales azucareros de Las Tunas producen alrededor del 10% del azúcar producido en Cuba.

Pero el pasado 30 de abril los tres centrales que permanecían moliendo en esta provincia solo acumulaban 123.000 toneladas, esto es el 76% del plan provincial.

17.000 toneladas menos de lo que solamente el Antonio Guiteras molió en 2009, es decir que poco más de 34.000 toneladas menos de las producidas por esta industria en 1922.

La industria azucarera en Cuba no puede verse como mera fabricación de azúcar. Mieles, alcoholes, ceras, fibras, alimentos para el ganado e incluso generación de electricidad hacen de la agroindustria azucarera un placer bondadoso cuando se opera con eficiencia, lo que la ha hecho transcender en la cultura de lo cubano.

"Podemos disponer de los recursos materiales, pero el hombre es el factor determinante, hay que atenderlo, organizarlos, para que todos estén conscientes del papel que les corresponde", dijo Salvador Valdés Mesa, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba e integrante del Buró Político del Partido Comunista, cuando en enero pasado estuvo en Las Tunas.

¿Es esto cierto?

"Esta situación la conocen el sindicato, el partido, la administración y hasta la Seguridad del Estado", dijo uno de los guardagujas encargado de dar paso a los trenes que transportan la caña al Central Guiteras.

En esa posición clave de la industria, los obreros ferroviarios permanecen en una garita completamente a oscuras. Los cables eléctricos cuelgan del techo sin una bombilla y entre las noches y las madrugadas los ferrocarrileros no cuentan con faroles ni linternas con las que hacer señales a los maquinistas de las locomotoras. ¿Es este el país que ya en 1837 era el primero en Iberoamérica, el segundo en América y el centro del mundo en introducir el ferrocarril?

Aunque el Artículo. 46 de la Constitución de la República especifica el derecho de los trabajadores al descanso garantizado por la jornada laboral de 8 horas —beneficio logrado para los obreros cubanos precisamente por Antonio Guiteras en 1933—, 73 años después, el 21 de agosto de 2006, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dictó su Resolución Nº 187 y esa zafra ya los trabajadores azucareros están laborando nada menos que 12 horas continuas en los que la supradicha Resolución denomina "jornada adecuada".

Incuestionablemente, múltiples causas originan la baja producción agrícola industrial en Cuba, las que pueden conducir a la nación a un marasmo de impredecibles consecuencias.

De todas formas, cualquier respuesta al estancamiento productivo en el que cada día más se sumerge Cuba y del que la agroindustria azucarera solo es un ejemplo, tendríamos que buscarla en su historia. Decía Moreno Fraginals en El Ingenio: "Por mucho que la violencia del látigo procurase apresurar el ritmo productivo, las dotaciones impusieron su lentitud esclava y manufacturera. Y nunca fue posible un proceso de intensificación del trabajo acorde con las posibilidades de las máquinas".

Sin comentarios. Cualquier semejanza de esa realidad histórica con nuestra actualidad no es pura coincidencia.