Lunes, 26 de Septiembre de 2016
01:47 CEST.
Sociedad

Primero en las páginas amarillas

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Las Páginas Amarillas de la Guía Telefónica de ETECSA reportan este año el primer síntoma post-socialista oficial. Un síntoma más bien literario, digamos, casi una cuestión de estilo: con cordura, sin estridentismos de vanguardia ni vanaglorias de nueva clase, los cuentapropistas cubanos por fin pueden anunciarse en ese panfleto de tirada millonaria.

Tímidamente, como quien no confía del todo en el imprimátur estatal, como quien teme que le tiendan una trampa de impuestos por exceso de ostentación, un número muy limitado de los ciudadanitos más emprendedores de la Isla ya aparece en la Lista de ETECSA: especie de cartelera del éxito emergente pero acaso también presunta ruleta revolucionaria, donde los ciento y tantos oficios santificados por la reforma raulista ahora pueden pagar por publicitarse sin violar la disciplina aperturista.

Se trata, según el slogan, de "la mejor respuesta de ETECSA a la exigencia de quienes necesitan estar siempre informados". Con una llamada al 118 y unos pocos papeles de presentación, cualquier micro-empresario puede quedar inmortalizado por escrito para la historia económica (y, de pronto, ecuménica) de este país.

La mayoría de los clientes aventura solo el nombre de su negocito más un número de teléfono y la dirección. La minoría de élite, con más visión plástica y resolución numismática, contrata media cuartilla o hasta la página amarilla entera, con fotos e infografía de lujo (lo que no excluye a nuestro consuetudinario kitsch latinoamericano con metástasis en Miami).

Paladares y peluquerías. Mascotas y masajes. Relojeros y repasadores de esta o aquella asignatura escolar. Fotos y cafeterías chic. Encuadernación y servicios de móviles (el iPhone como medida de todas las cosas). Diseñadores de webs y de cumpleaños. Libros y lavanderías. Modistas y mudanzas. Poncheros y plomería. Alquileres y artesanos. Carbón de marabú y agentes de seguros. Zapateros y cerraduras. En principio, ni rastros de la censura o el apartheid ideológico. Show me the money, compatriota! En fin, el paraíso del proletariado en persona…

Cuba cambia, compañeros: por favor, no se aferren con las violaciones de derechos humanos y otras exquisiteces estalinistas. Ni tampoco le pidan perversamente peras a Dios.

Sin embargo, hay dos opiniones en Cuba que sí me gustaría confrontar respecto a nuestro naciente amarillismo promocional: alguna diatriba teórica de ese neocalvinismo anticapitalista llamado Observatorio Crítico (donde confunden solvencia con explotación) y, por concomitancia, una reflexión inflexible de Fidel (que asumo aún no se entera de esta osadía de autogestión empresarial o acaso complot cuentapropista).

En una y otra esquina estéril del ring, sirva esta columna como delación.