Domingo, 25 de Septiembre de 2016
00:15 CEST.
Sociedad

El país de los carteles

Todo el que vive en Cuba o la ha visitado alguna vez sabe que de extremo a extremo del país, a donde quiera que vayas, te acompañará un ejército de peculiares carteles. Son inútiles en sentido práctico, pues no ofrecen ninguna información. Tienen un carácter netamente ideológico, y lo que en ellos se lee muchas veces resulta mediocre y absurdo.

Existen de todos los tamaños y formas posibles. Y están confeccionados con materiales diversos, que van desde un pedazo de caja de cartón o una bandeja de comer hasta una enorme estructura metálica o de concreto. Se encuentran lo mismo en la puerta de una casa, en cualquier institución, en la carretera o en la pared de una loma visible escritos en piedras de colores. Lo cierto es que son omnipresentes.

¿Quién los pone?

La mayoría de estos carteles son obra de la Dirección de Propaganda del PCC a todos los niveles. Para eso cuentan con recursos materiales, brigadas de hombres, asignación de combustible, presupuestos, etc…

Otra buena parte los confeccionan las organizaciones políticas y de masas que trabajan al servicio del propio partido, así como los núcleos del PCC y de la UJC que están presentes en cada centro laboral del país.

Por tanto, puede afirmarse que, de una u otra forma, el Partido Comunista está detrás de cada cartel.

¿Qué dicen los carteles?

Generalmente lo mismo en todas partes. Se trata de una arenga básica y recurrente que se repite hasta el cansancio. Frases de Fidel, Raúl, el Che, y otra colección de viejos y nuevos eslóganes que se le ocurren al Nivel Central y se generalizan como virus llegando a cada rincón: "SÍ SE PUEDE", "UNIDOS VENCEREMOS", "DE VICTORIA EN VICTORIA", "EL PRINCIPAL DEBER: PERFECCIONAR EL SOCIALISMO", etc…

¿Qué pretenden los responsables de esta cartelería?

Parece que creen en la influencia que a nivel psíquico puede tener esta forma de propaganda en la gente. También quieren dar la impresión a los cubanos y a los visitantes de que en cada lugar se respira el mismo "fervor revolucionario". Aparentemente "el pueblo habla" a través de esas pancartas, pero todo el mundo sabe que ningún cubano tiene recursos, tiempo ni deseo de andar confeccionándolas.

Otro propósito claro es que las instancias de base de las organizaciones políticas queden bien con sus superiores: suele ser más importante tener bastantes carteles pintorescos que producir bienes y servicios de calidad. Mientras más vallas escritas, papeles impresos y muros convertidos en periódicos encuentren las "visitas importantes" a su paso, mejor criterio tendrán de los responsables de las "tareas orientadas".

¿Eso funciona?

Es difícil de determinar. Pero está claro que crea determinados reflejos que son acentuados y complementados usando el mismo discurso en los medios de comunicación. Millones de cubanos que no cuentan con la posibilidad de informarse bien, tienen ante sus ojos día a día una lluvia de carteles que le transmiten a trozos la versión del gobierno sobre el mundo y sobre lo que "tenemos" en Cuba. Algún efecto debe tener eso, y no creo que a favor del individuo. Lo que sí es perceptible es que estos mensajes usados durante tanto tiempo causan saturación, estrés, aburrimiento y rechazo.

¿Puede alguien más, fuera del PCC, poner algún cartel?

No. Ni en su propia casa. Solo el Partido Comunista, en el cual militan aproximadamente el 7% de los cubanos, puede poner esta abrumante cantidad de propaganda. Ningún ciudadano del otro 93% puede poner un cartel con sus propias ideas, planteamientos o quejas sin que sea víctima del aparato más importante del sistema, el que garantiza su perpetuidad: la Seguridad del Estado.

¿Cuánto se emplea en llenar a Cuba de carteles políticos?

Téngase en cuenta que este es el país de no hacer estudios ni publicar estadísticas que clarifiquen sobre todo los gastos en cualquier materia política. Pero está claro que se gastan millones.  Hágase un viaje de La Habana a Guantánamo y cuéntense uno por uno los carteles más grandes y podremos darnos cuenta de las cientos de toneladas de acero, materiales constructivos de todo tipo, pinturas, capital humano, salarios y tiempo que se ha empleado en más de 50 años con esta práctica.

En una ocasión pude presenciar, personalmente, la entrada de una granja que sería visitada en pocos días por un miembro del Buró Político. Habían construido unas 30 estructuras de concreto y paneles de hormigón para escribir casi en sílabas el "concepto de revolución" de Fidel Castro, para que la delegación lo fuera leyendo según avanzaba en sus carros camino al lugar. Estas iniciativas tienen incontables copias parecidas en todos los municipios.

Todos estos recursos hacen una falta enorme dada la crítica situación del país para la construcción y reparación de viviendas, viales y otras infraestructuras de utilidad concreta y racional, para las cuales casi nunca hay "posibilidades" de solución.

No caben dudas, cuando se analizan esta y muchas otras cosas, de que como dice Manolito Simonet en una canción popular: "en la habana hay una pila de locos".