Lunes, 26 de Septiembre de 2016
20:49 CEST.
Reformas Económicas

No exagere, señor Esteban Lazo

Archivado en

Los gobernantes cubanos son conscientes de que la opinión pública espera cambios en la Isla. Ese deseo no solo invade a aquellos que siempre se han opuesto al castrismo, sino que también constituye ya un sentir —por supuesto, en una medida mucho menor— de quienes clasifican como amigos de la revolución cubana.

Comoquiera que persiste un inmovilismo total en el terreno político-ideológico, los dirigentes de la Isla apuestan por cambios en la esfera económica. Y da la impresión de que en ocasiones les interesa aparentar reformas más profundas que las que en verdad tienen lugar. En ese contexto habría que inscribir las declaraciones del vicepresidente Esteban Lazo, en el sentido de que en un futuro cercano el 50% del Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba corresponderá al sector no estatal.

Lo primero que salta a la vista es que semejante declaración fuera hecha por Lazo, que no atiende el sector económico en el Gobierno ni en el Partido —y no por Marino Murillo, el nuevo zar económico local—, y que además es el encargado de velar por la implementación de los Lineamientos del VI Congreso del Partido referidos a la economía. Lo anterior, lógicamente, refuerza el carácter informal de la aseveración.

De todas maneras, no resulta ocioso insistir en tres elementos que, a nuestro modo de ver, deben de recibir un impulso para que el sector no estatal de la economía adquiera realmente un peso importante.

En primer término, es preciso que avance el proceso de entrega de tierras ociosas a las personas que deseen trabajarlas. Mas, para que ello suceda, hay que eliminar trabas de índole subjetivas y objetivas. Entre las primeras sobresale la burocracia que complica y alarga todo el proceso, así como la mentalidad retardatoria de algunas entidades que se niegan a reconocer el carácter ocioso de algunas de sus tierras.

En cuanto a los factores objetivos, el propio Estado mantiene una legislación que desestimula a potenciales usufructuarios. Por ejemplo, se prohíbe que las personas construyan viviendas en las tierras que trabajan; y por otra parte, el tiempo limitado del arrendamiento —10 años— incentiva el temor de los posibles interesados. Es muy triste transformar en terreno fértil un campo infectado de marabú, y después derramar sudor y sacrificios para obtener la cosecha, para que al final, un buen día, el Estado dé por terminado el usufructo alegando "supremas" razones de gobierno.

Otro elemento sería la creación de cooperativas en sectores como los servicios y la pequeña empresa productiva. Hasta ahora las cooperativas solo funcionan en la agricultura, y muchas de ellas, como las denominadas Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), no han tenido un buen desempeño, afectadas en gran medida por la falta de autonomía. No obstante, la ampliación del movimiento cooperativo, además de aligerar el andamiaje estatal, sería beneficioso para productores y consumidores.

Y por último, claro está, se necesita un incremento del trabajo por cuenta propia. Pero un incremento cualitativo más que cuantitativo. Para que el PIB sea engrosado por el cuentapropismo, más que la proliferación de pequeños timbiriches, es menester que surjan negocios de mayor magnitud, tanto en la esfera de los servicios como en la productiva. Pero…, la actual ley tributaria lo obstaculiza.

Para nadie es un secreto que los negocios prosperan, entre otros factores, si pueden contar con más trabajadores. Y aquí en Cuba se penaliza a los negocios privados que empleen a más de cinco trabajadores. Es decir, por cada empleado adicional a esa cifra, el propietario debe pagar un impuesto que puede duplicar, triplicar o cuadruplicar el salario medio del municipio en cuestión. El Estado permite, libre de impuestos, un reducido número de trabajadores contratados en cada negocio para así mitigar la carencia de empleos que se vislumbra en la isla, pero le teme a la concentración de la propiedad que, dicen, originaría el fortalecimiento de los negocios y pequeñas empresas privadas.

Ah, pero tampoco podemos ignorar la sospecha de que las autoridades manipulan el PIB a su conveniencia. En años recientes, cuando los jerarcas informaban crecimientos anuales de más del 10%, varios observadores, entre ellos la CEPAL, pusieron en tela de juicio tales resultados, objetando la metodología empleada para el cálculo del indicador. Por eso, a pesar de todo, no es de extrañar que, en breve, se anuncie que el PIB cubano se conforme, en un 60%, del trabajo no estatal.