Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
12:11 CEST.
Economía

La 'actualización', atrapada y sin salida

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En las últimas semanas se ha podido percibir más claramente que la "actualización del modelo socialista" cubano parece estar atrapada en un callejón sin salida.

Mientras el Ministerio del Trabajo informaba recientemente que ya no serán despedidos 1.8 millones de trabajadores estatales, sino 500.000, el Ministerio de Agricultura anunciaba que los rendimientos en la cosecha de papas siguen cayendo y la producción en 2012 ha sido la más baja de los últimos 12 años.

Lo curioso es que la trampa que paraliza la "actualización" fue colocada por los propios hermanos Castro. Esta solo funcionaría si se liberan las fuerzas productivas de la nación, a lo cual ambos dictadores se niegan. Insisten en que el socialismo real tiene salvación y se puede perfeccionar.

Antes que Fidel y Raúl Castro, Mijail Gorbachov pensó igualmente que a la dictadura del proletariado inventada por Carlos Marx se le podía transformar en racional, productiva, y darle un "rostro humano". Muy optimista, el líder ruso lanzó una restructuración (perestroika) del sistema comunista acompañada de una inédita transparencia informativa (glasnot) en los medios de comunicación.

Pero la combinación de racionalidad con transparencia en el socialismo trae resultados letales y el tiro salió por la culata. Al quedar al desnudo el carácter inútil y represivo del modelo, éste sucumbió en menos de cinco años. Lejos de salvarlo, la perestroika lo mató. El cadáver fue sepultado en las murallas del Kremlin cerca de la momia del hombre que siete décadas atrás había iniciado ese experimento social. En tanto, en China y Vietnam decidieron desmontarlo poco a poco a golpes de libertad económica y un tsunami de capitales burgueses provenientes de todo el planeta.

Los Castro aprendieron la lección soviética, y asustados ya desde antes con el socialismo de mercado chino-vietnamita, decidieron elaborar su propia receta, no para salvar el comunismo tropical, sino para mantenerse en el poder.

Así, emprendieron una versión light de restructuración económica y burocrática, sin  transparencia mediática o tolerancia política —que fue lo que destapó la Caja de Pandora en la Unión Soviética—, y sin liberar las fuerza productivas ni permitir la inversión en grande de capitales y tecnología de Occidente.

Para que no quedasen dudas, el VI Congreso del Partido Comunista precisó en sus Lineamientos: "No se permitirá  la concentración de la propiedad en personas jurídicas (negocios privados) o naturales" (individuos). Es decir, que se prohíbe crear capital nacional.

Ese inmovilismo estalinista es el que frena la "actualización", y la asfixiará si no hay un enfoque más pragmático de la realidad por parte de la cúpula castrista. El problema es  simple: solo se puede aliviar el grado de irracionalidad del socialismo si se reducen los astronómicos costos de producción estatales, pero para ello tiene que haber un sector privado que dé empleo al 43% de los 4.2 millones de empleados del Estado, unos 1.8 millones de trabajadores innecesarios, según un estudio del propio gobierno.

Incapaz de crear riquezas

O sea, la economía socialista castrista es incapaz de emplear productivamente al 37% de la fuerza laboral total de 4.9 millones de trabajadores de la Isla. Resulta catastrófico para cualquier país que más de un tercio de su fuerza de trabajo activa no tenga posibilidad real de desplegar su capacidad creadora y sus energías para producir riquezas. 

En una economía de mercado, suponiendo que cada uno de esos 1.8 millones de trabajadores que en Cuba son innecesarios produjesen valores por $20.000 anuales, eso equivaldría a unos $36.000 millones de dólares en bienes y servicios de los que hoy carece la población cubana.

Esos casi dos millones de trabajadores sobrantes no pueden ser cesanteados si no se cuenta con miles de empresas y negocios privados que los empleen. Y los Castro se oponen. Por eso acaban de bajar a 500.000 el número de trabajadores que quedarán desempleados en los próximos tres años, incluyendo 110.000 en 2012. Es decir, en 2015 seguirán sobrando 1.3 millones de trabajadores estatales, los costos de producción seguirán por las nubes y la crisis del sistema habrá empeorado.

Sin un fuerte sector privado no se pueden aplicar principios y categorías económicas  capitalistas en las empresas estatales, algo que se hace en las empresas militares desde 1987. Y ese es precisamente el instrumento clave para intentar convertir en eficientes y dotar de autonomía a las 3.700 empresas del Estado, de las cuales 2.800 —el 75% del total— dejan pérdidas.

Autogestión y autoengaño

En eso consistía, con más o menos matices, el modelo socialista autogestionario de la Yugoslavia del mariscal Josip Broz Tito, quien además permitía la propiedad privada en los servicios y ciertos sectores económico controlados por el gobierno. Recuerdo que esta autogestión era fuertemente rechazada por Fidel Castro, el Che Guevara y toda la cúpula castrista. Siendo el Che el "asesor" principal de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), la calificaba de traición al socialismo.

Hoy, en las empresas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias el salario de cada obrero depende del resultado concreto de su trabajo. Al ser variable su ingreso, funciona como acicate para aumentar la productividad, que es una de las más bajas del planeta. También las empresas son estimuladas, o penalizadas, según los resultados financieros de su gestión.

Esta táctica del salario basado en el rendimiento individual se aplicó en la URSS y en Europa Oriental en los años 70 y 80, incluso con versiones mucho más atrevidas en Hungría, Polonia y Rumanía. Y no lograron evitar que sus economías se quedaran muy a la zaga de las de Europa Occidental y que finalmente fallecieran.

Lo grave de todo esto es que a Raúl y Fidel Castro no les preocupa la lentitud o los obstáculos que torpedean la "actualización". Ellos no la concibieron para mejorar la vida de los cubanos, sino para evitar el colapso económico total del país mientras disfrutan sus últimos años en el poder a la espera de que se encuentre petróleo en las aguas cercanas a la Isla, o de que Washington levante el embargo y el país sea invadido por millones de turistas estadounidenses.

La moraleja, de todas formas, es ineludible: no se puede actualizar o mejorar lo que no sirve, hay que desecharlo como hicieron 33 de los 35 países que "construyeron" el socialismo marxista-leninista en el siglo pasado.