Viernes, 30 de Septiembre de 2016
01:27 CEST.
Día de los Trabajadores

¿Celebración o condena?

Ya se escucha el tam tam del proletario. A solo una jornada de los festejos mundiales por el Día de los Trabajadores, la maquinaria roja del Comité Central del Partico Comunista de Cuba (PCC) lleva ya varias semanas moviendo sus engranajes.

La confirmación vino esta vez en la voz y presencia de Salvador Valdés Mesa como zar del sindicato único y oficial. En sus andanzas por fábricas e instituciones, lo apoya el primer vicepresidente, Esteban Lazo. Pero, ¿quiénes y qué celebrarán?

La indicación de este año es que marchen "en cuadro apretado y uniforme" los contratados estatales y los que se han aventurado al trabajo privado. El apoyo que darán los últimos al modelo económico de la Isla, confirma que bien ha valido la ola de despidos masivos que a última hora el Estado ha decidido interrumpir. En los bloques se verán los disponibles, los que están a punto de serlo y aquellos que los miran como un espejo de lo que pueden llegar a ser sus vidas en unos meses, si finalmente se cumplen los sacrosantos lineamientos económicos.

Tanto la elite dirigente como las huestes que se encargan de llevar sobre sus hombros el país han recibido las reprimendas del alto nivel, acusadas de animar el reunionismo, la holgazanería y la corrupción administrativa como un mal peor incluso que el de la "contrarrevolución". A la vez que se les acusa por la ineficiencia económica que sufre Cuba, se les inculpa de no estar a la altura del pueblo trabajador. Y eso a todos: víctimas y victimarios. Ese deslizamiento de las fronteras entre los responsables ha sido y es el eje de la retórica revolucionaria, decir mucho sin decir nada.

Desde el lunes 23 de abril, cuando apareció la convocatoria, han desfilado por las pantallas de la TV cubana los mismos actores de siempre, a saber: secretarios de los núcleos del Partido único en las empresas nacionales, sindicalistas animosos, obreros ejemplares y público en general que indefectiblemente apoyan el desfile masivo trocado en apoyo irrestricto a los postulados marxistas-leninistas.

Lo que se echa de menos en este acto performático, pronunciamientos y promociones aparte, es a los autores de las miles de quejas que se envían cada semana a las publicaciones periódicas, estaciones de radio y otros espacios públicos. Es difícil creer, show al fin, que los trabajadores cubanos desfilen en "solidaridad con millones de trabajadores y ciudadanos de innumerables países que marchan hoy exigiendo sus derechos fundamentales a la vida y el trabajo con dignidad", sin pestañar siquiera por las faltas cometidas contra ellos.

Cierto es que nadie espera reacciones espontáneas contra el poder, pero el manejo del reordenamiento laboral, las expulsiones a quienes han sido declarados no idóneos y los cientos de obreros del sector turístico que han visto reducidos sus meses de trabajo debido a la crisis económica internacional, entre otros, sin duda conforman un buen caldo de cultivo.

La inconformidad popular con los altos impuestos al sector del cuentapropismo, el desconcierto de los clientes ante los elevados precios de productos agrarios y otros servicios fundamentales, así como la queja por el hormigueo incesante de inspectores y burócratas en busca de comisiones o con negativas absurdas ante cualquier trámites, son un medidor apreciable de que el 1º de Mayo será un acto sincero y cínico a partes aún desconocidas.

Si en realidad los miles de sindicados del sector no estatal, convocados ahora por el oficialismo, desfilan en apoyo a quienes les han cerrado las puertas durante medio siglo, se estarían asumiendo como una nueva elite a la par de la que sostiene la nomenclatura, y sería un acto más de apartheid contra los intentos del sindicalismo independiente, ese hueco negro en asuntos de participación ciudadana en la Cuba contemporánea.