Viernes, 30 de Septiembre de 2016
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60 años sin democracia

Batista en México y con México

El triunfo de la revolución cubana de 1959 significó la reescritura de la historia a través de la creación de la Escuela de Historia y diversos institutos de investigación, que se encargarían de nutrir una historiografía como arma de la revolución, más que a su estudio científico y académico. Desde 1959 a la fecha, se ha hecho un discurso de la historia  en el que la continuidad en las luchas por la liberación parece estar presente. Se trata básicamente una versión lineal de la historia que hace hincapié en la "tradición histórica revolucionaria" que explica la génesis del Estado-Nación. De acuerdo a esta tradición histórica, se hace una selección del pasado que le da forma, dejando en blanco aquellos hechos y personajes  que no se ajusten a esa determinada versión. Es así, que la historiografía sobre la República y sus personajes es, con sus grandes excepciones, una versión maniqueísta del pasado inmediato a la revolución, ya que es un periodo que no ha sido investigado en extenso y desde otros paradigmas, como es el caso de la figura de Fulgencio Batista.

A través de documentos del Archivo de Relaciones Exteriores y de revistas y periódicos cubanos y mexicanos de la época, la investigadora mexicana Felícitas López Portillo, en su Cuba en la mirada diplomática mexicana: de Fulgencio Batista a Carlos Prío Socarrás (1933 – 1952)[1] no solo rescata la importancia de la embajada de México en La Habana durante el período de 1933 a 1952, sino el papel que desempeñó la diplomacia mexicana allí. Esto le sirve para reelaborar una historia socio-político-económica de Cuba, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con los desafíos propios de la situación cubana, como las luchas políticas internas, el monocultivo y la cuota azucarera a Estados Unidos.

Del relato que plantea Felicitas López Portillo se resume que la república cubana era muchas más compleja y rica, que la que por años ha asumido la historiografía cubana del período revolucionario, que pretende una visión negra y radical del pasado anterior a 1959.

La importancia de la diplomacia mexicana en La Habana fue tal que, en septiembre de 1933, a raíz del cuartelazo, México fue durante todo un mes el único país con el que Cuba mantuvo relaciones. Lo que propició que las nuevas autoridades cubanas prodigaran atenciones especiales a los representantes mexicanos. 

"La representación mexicana, sin haberlo buscado ni deseado, pasó a ocupar internacionalmente el primer lugar para el gobierno cubano, así como para el pueblo en simpatía, cariño y admiración; efecto contrario sufrimos en el aprecio y opinión de los sectores oposicionistas. El 16 de septiembre fue declarado día de fiesta nacional pero sin paro de labores, con enarbolamiento de las banderas de ambos países en fortalezas y edificios públicos, como un acto de agradecimiento a México. Pero tal acto, tenía su raíz en la Doctrina Estrada de no intervención, la misma que fue criticada por los cubanos, como Cosme de la Torriente en 1931, a propósito de la situación de caos y tiranía del gobierno de Gerardo Machado." [2]

Las relaciones entre México y Cuba en el transcurso de 1933 y 1944 se distinguieron por el entendimiento y el apoyo a los esfuerzos que se hacían en la Isla de institucionalización política, modernización económica y negociación de los vínculos de dependencia.  Como informaba el poeta José Gorostiza a la cancillería: en Cuba se estaban haciendo esfuerzos que resultaban similares a los realizados en el México post revolucionario. "De acuerdo con la expresión de un prominente político, Cuba está en un momento en que por sí sola habrá que decidir si se resigna a no ser en lo futuro sino una pequeña república como Haití y Santo Domingo, o si siguiendo los pasos de México, acomete la empresa de superación". [3]

Otra prueba de las intensas relaciones entre México y Cuba ocurrió  en el verano de 1941, cuando el famoso actor Tito Guizar visitó La Habana, gran acontecimiento que pasó de la nota rosa a ser un asunto diplomático. El influyente diario mexicano Excélsior difundía un nota que decía: "Guapísimas muchachas han perdido el recato más elemental, y en cuanto ven a Tito se le abalanzan para quitarle los botones del saco, de la camisa… Le prometen amor a voz de cuello, lo apretujan, lo besan en el rostro y hasta quisieran raptárselo". Ante tantas muestras de amor y pasión que recibió el actor, éste exclamó abiertamente: "¿Qué no hay hombres en Cuba?", a lo que el diario habanero El Mundo respondió con esta nota: "¿Paga Cuba una legación en México, para que no se haya enterado —ni haya actuado con la energía debida— de una difamación tan grave contra nuestro país?" [4]

El incidente hizo que intervinieran los cancilleres mexicanos en La Habana, el Senado mexicano y la Secretaría de Relaciones Exteriores, afirmando que no eran responsables de lo que se publicara o declarara, en tanto había libertad de prensa en México.

Batista en México

Batista visito México en tres ocasiones, una en febrero de 1939 y dos en 1945, en las que fue recibido como huésped distinguido del Gobierno mexicano y aunque no vino como Jefe de Estado en todas esas ocasiones, se le dio trato como tal. En su primera visita, expone López Portillo en su libro, Batista fue recibido en el puerto de Veracruz por 7.000 personas que lo vitorearon, y declaró a su llegada que México era un ejemplo para toda América por su democracia y su revolución.[5]

Antes de arribar a Veracruz, un entusiasta Batista declaraba al diario Excélsior: "Cuando iniciamos la revolución en Cuba, creí que jamás podría realizar mi deseo de visitar a México. Entonces no sabía a dónde iría a parar y pensé que si algún día visitaba a México, sería demasiado tarde para inspirarme en los ideales de este pueblo; pero veo ahora que nunca es demasiado tarde y me alegro mucho de estar en este grandioso país por el cual siento un profundo cariño".[6]

Fulgencio Batista fue invitado en calidad de huésped de honor de la Secretaría de la Defensa Nacional y del Presidente Lázaro Cárdenas, acompañado de otros altos funcionarios del Gobierno cubano, con el fin de estudiar la economía y la obra social de la revolución mexicana. "[Batista] fue recibido en todas partes con honores de general de división con mando de fuerzas; recibió homenajes, paradas militares, mítines obrero-burocráticos, el Congreso celebró una sesión solemne en su honor, se dio el consabido intercambio de condecoraciones y recibió grandes y entusiastas atenciones por parte de los gobernadores de los estados por donde pasó…" [7]

Se le rindió un homenaje en el Zócalo capitalino a donde acudieron unas 20.000 personas, y allí el presidente del Partido de la Revolución Mexicana, (más tarde PRI) Luis I. Rodríguez, indicó, por parte de los trabajadores mexicanos, que dicho homenaje se debía a que "Fulgencio Batista es más que el jefe del Ejercito Constitucional de Cuba; es el símbolo de las aspiraciones del proletariado cubano; por eso, al estrecharlo en nuestros brazos, exclamamos: continúe usted por ese derrotero; siga usted esa línea de conducta… En el pasado Cuba y México tuvieron como representantes a Martí y a Juárez; en el presente tienen como representantes y se sienten unidos por Cárdenas y Batista". [8]

El Batista de 1939 era visto en México como una promesa de democracia para Cuba, incluso por la dirigencia del sector obrero mexicano.[9] El dirigente cubano supo retribuir a sus anfitriones: las lecciones del México revolucionario y postrevolucionario, su historia como ejemplo para Cuba, servían a Batista para adoptar el modelo reformista, por medios pacíficos, con el objetivo de "conseguir con un trato equitativo, una razonable justicia social por la educación, por el trabajo, por la libertad y por el derecho".[10]

Felicitas López Portillo desempolva cuidadosamente los pasos de Fulgencio Batista, de una historia poco conocida. En el mismo 1939, cuando Batista no era presidente de Cuba, Lázaro Cárdenas, presidente de México, lo recibió en una comida en el Castillo de Chapultepec, a lo que el cubano se resistió a que rindieran honores como jefe de Estado, pero Cárdenas le respondió: "Ahora mando yo, y es a Cuba a quien usted representa". Años después, Batista recordaría esa visita a México como una de las "experiencias más felices de mi vida. El pueblo mexicano me hizo justicia".  [11]

Cuando Fulgencio Batista volvió a México en 1945 fueron a recibirlo el actor Jorge Negrete y el cineasta René Cardona, ambos protagonistas de la llamada "época de oro del cine nacional". Batista se asumía como amigo cercano del general Lázaro Cárdenas, entonces titular de la Secretaría de Defensa Nacional. Éste acompañó a Batista en gran parte de su recorrido por la república mexicana y en las anotaciones de sus diarios quedó constancia de la gran impresión que Batista le había causado: "El general Batista se distinguió durante su administración ayudando a las clases populares y trae una aureola de gobernante demócrata, que reafirmó al entregar el gobierno de Cuba al doctor Grau San Martín…" [12]

El triunfo de Batista en 1940

El propio Batista se encargó de notificar al entonces embajador de México en La Habana, José Rubén Romero, su triunfo en los comicios presidenciales, con el pedido de informar  al Gobierno mexicano que había "triunfado como presidente de Cuba un gran amigo de México". México envió una delegación de diplomáticos y políticos, un contingente de artistas, cadetes del Colegio Militar, de la Escuela Naval, motociclistas del Departamento de Tránsito del D.F., además de la Orquesta Típica Lerdo de Tejada, que tocó en varios lugares de La Habana, lo que dio "mayor lustre a nuestra presencia y conmovieron a las multitudes, haciendo nacer la certeza de que en Cuba se siente por México y los mexicanos un auténtico afecto". [13]

Durante la primera presidencia de Batista, las relaciones entre ambas naciones se vieron marcadas por la Segunda Guerra Mundial y la presencia aplastante de Estados Unidos. Aun así, hubo un interés por incrementar el comercio mutuo y se procuró establecer nuevas comunicaciones a través de la península de Yucatán por medio de ferries, ya que los transportes se hallaban entorpecidos por la presencia de submarinos alemanes en el área del Caribe. 

Las elecciones de 1944 y la opinión pública mexicana

En octubre de 1944 tomó posesión de la presidencia en elecciones libres y democráticas el doctor Ramón Grau San Martín. Estos comicios fueron considerados por los medios de comunicación mexicanos como ejemplo de democracia y de respeto al voto ciudadano. Haciendo una comparación con lo que sucedía en México, un editorial de Excélsior decía: "¿Que pensarán los directores del Partido Revolucionario Mexicano del resultado de las elecciones cubanas? Mientras en la hermosa isla... progresan en su vida cívica institucional, nosotros continuamos con aplanadoras, fraudes e imposiciones, no siendo posible que los mexicanos elijamos al más modesto de los alcaldes de un pueblo cualquiera". [14]

Por su parte, en el Memorándum para Acuerdo presidencial del 6 de junio de 1944, en el que se le informó al presidente Manuel Ávila Camacho sobre lo acontecido en Cuba, se concluye que el verdadero triunfador de las elecciones ha sido el presidente Batista, "al impartir plenas garantías para un sufragio popular irreprochable… por su actitud ecuánime y ostensiblemente desinteresada en esta importantísima oportunidad, lo exonera de cualquier cargo que pudiera dirigírsele por la suma de poderes efectivos que ha retenido en la vida política de su país, o por cualesquieras ambiciones personales". No obstante, se advierte que no deben descartarse las aspiraciones personales de Batista para el futuro. [15]   

En una nota del periódico El Nacional, fechada el 17 de abril de 1945, se publicaron unas declaraciones de un Batista democrático y mesurado: "El que yo vuelva a ser candidato a la presidencia, depende por entero de los sucesos que ocurran y de los sentimientos del pueblo cubano. Lo que no haré jamás será atentar contra la Constitución".[16]

Luego se encargaría de contradecirse.

El cuartelazo: de demócrata a tiranuelo

Durante los gobiernos de los Auténticos, las relaciones entre ambos países fluyeron con normalidad, incluso Ramón Grau San Martín visitó México en 1944 y fue alojado como huésped de honor en el Castillo de Chapultepec, donde recibió la visita del general Lázaro Cárdenas. Por otra parte, los despachos de los diplomáticos mexicanos acreditados en La Habana, hablaban de la alarmante degeneración política y administrativa en el partido de los Auténticos. 

El ambiente de discordia en el seno del Partido Revolucionario Cubano (A), no pasó desapercibido para los diplomáticos: "El señor presidente Grau San Martin, de indiscutible honestidad personal, sin darse cuenta realiza con frecuencia acción demagógica al sentirse inspirado por el Apóstol Martí, y en cierta forma su sacerdote y aun su sucesor. Se entrega fácilmente al aplauso, que muchas veces ya en estos momentos es un aplauso oficial organizado y no es espontaneo de las masas, como era inicialmente". [17]

De acuerdo a Felícitas López Portillo, quien hizo una revisión exhaustiva de los archivos históricos en la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, no está disponible el informe confidencial del representante diplomático mexicano acreditado en La Habana, al momento del golpe de Estado protagonizado por Batista. No se conoce con precisión, por tanto, la postura de México al respecto. La autora, que consultó otros documentos de la época, apunta que México "otorgó el beneficio de la duda al nuevo gobierno" y, si no se mostró crítico sobre la nueva situación de Cuba, se debió al respeto a la Doctrina Estrada, principio de las relaciones exteriores de México. [18] Precisamente gracias a la Doctrina Estrada y el derecho al asilo, Carlos Prío Socarrás se exilió primeramente en México y después en Miami con su familia.

En un informe diplomático proveniente de La Habana, fechado en diciembre de 1952, se advierte, lo que la autora llama el beneficio de la duda, que el Gobierno mexicano otorgó a Batista: "A pesar de numerosas circunstancias desfavorables, el general Batista ha sabido conservar una limitada libertad de prensa y de palabra que mucho le honra, y gracias a la cual la oposición ha podido mantenerse en contacto con el pueblo y hacerle llegar sus puntos de vista sobre la situación actual". [19]

Los informes diplomáticos provenientes de La Habana eran escépticos, nos dice López Portillo; sin embargo, se puede encontrar algunas opiniones sobre Batista y su gobierno. En un informe de 1952, Benito Coquet, acreditado en La Habana, se expresaba acerca de  la buena preparación y las capacidades políticas de Batista, a su juicio, uno de los más competentes para ejercer el gobierno a quien, sin embargo, le faltaba ganarse a la ciudadanía: "El pueblo ha alcanzado un alto grado de desarrollo ciudadano y posee indiscutibles virtudes cívicas, lo que crea una situación espacial en la que el gobierno —que aspira a convertirse en el líder de la opinión mayoritaria— lucha por conquistar los más grandes sectores de la población en los que se encuentra fuertes tendencias a vencer".[20]

La prensa mexicana, sin embargo, fue más crítica con Batista. El periódico Excélsior condenó el golpe de Estado, sobre todo porque atentaba contra un gobierno emanado del voto libre. En la revista Hoy se leía que el golpe era injustificable: "El general Fulgencio Batista había conquistado un sitio envidiable en la historia de Cuba —más aún, en la historia de América— y lo ha perdido en un momento de fatal ofuscación… De cualquier modo es triste, tristísimo, que quien le entregó el poder a un adversario político en 1944 (y con ello una cátedra de civismo a toda la América) contradiga ahora su actitud gallarda de ayer". [21] La dictadura podía resultar "pegajosa" en caso de no apresurarse a restaurar un gobierno constitucional, decía García Naranjo en Hoy.

El libro Cuba en la mirada diplomática mexicana culmina con el golpe de Estado de Batista. La autora cita un informe fechado en 1952, que denota el cambio de actitud del Gobierno mexicano hacia el cubano. Batista, que antes fue para México y sus representantes en La Habana uno de los que esgrimía los postulados de la Revolución mexicana y al que le demostraron su simpatía por muchas de las medidas gubernamentales que tomaba, es calificado de modo bien distinto en marzo de 1952. Un informe de Don Gilberto Bosques señala que, cuando partía para La Habana en misión diplomática, el presidente Adolfo Ruiz Cortines lo despidió con estas palabras: "Vea usted cómo tratar a ese tiranuelo".  


[1] Felícitas López Portillo, Cuba en la mirada diplomática mexicana: de Fulgencio Batista a Carlos Prío Socarrás (1933 – 1952) (Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe/UNAM, México, 2008)

[2] Informe de la Secretaría de Relaciones Exteriores, 1933-1934, citado por Felícitas López Portillo, p. 45.

[3] José Gorostiza, Archivo Histórico Genaro Estrada/Secretaria de Relaciones Exteriores, México, 1943, ibid, p. 133.

[4] Excélsior y El Mundo, 1941, citados por Felícitas López Portillo, pp. 118-119.

[5] Ibid, p.73

[6] Batista en entrevista hecha por José F. Rojas para Excélsior, México 3 de febrero, 1939, citado por Felícitas López Portillo, op. cit., p. 73.

[7] ibid, p. 74.

[8] López Portillo, op. cit.,  p. 74.

[9] Declaraciones de Vicente Lombardo Toledano, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México, citado por López Portillo, pp. 74-75.

[10] Fulgencio Batista en Excélsior, febrero, 1939, citado por López Portillo, p. 75.

[11] Ibid, p. 75.

[12] Lázaro Cárdenas citado por López Portillo, p. 129.

[13] Memoria de la Secretaría de Relaciones Exteriores,  citada por López Portillo, p. 85.

[14] Excélsior, citado por López Portillo, p. 128.

[15] Archivo Histórico Genaro Estrada / Secretaria de Relaciones Exteriores, México, 1945, citado por López Portillo, p. 127.

[16] Declaraciones de Fulgencio Batista a El Nacional, ibid, p. 127.

[17] Archivo Histórico Genaro Estrada/Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1947, citado por López Portillo, p. 142.

[18] Creada en 1930 por Genaro Estrada, la Doctrina Estada promulgaba el principio de no intervención, el respeto a la soberanía de otras naciones y su derecho a la autodeterminación.

[19] Archivo Histórico Genaro Estrada/Secretaria de Relaciones Exteriores, México, diciembre 1952, López Portillo, op. cit., p. 185.

[20] Oficio confidencial de Benito Coquet, agosto, 1952, ibid, p. 196.

[21] Nemesio García Naranjo, "La crisis política de Cuba", Hoy, 1952, citado por López Portillo, pp. 180-181.