Viernes, 30 de Septiembre de 2016
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Sociedad

El albergue de 11 y 24

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Hace tres décadas, tal vez más, la posada o motel para parejas en 11 y 24, en la barriada del Vedado, estaba entre las mejores de La Habana.

Joel, de 57 años, recuerda las habitaciones con aire acondicionado y neveras cargadas de cerveza. Fue en esa posada donde por primera vez hizo el amor con su esposa.

Ha llovido bastante. Y la vida, con sus giros enigmáticos, los ha traído de vuelta a 11 y 24. Ahora, sin embargo, en condición de albergados. En Cuba, ser albergado es habitar en el último escalón de la pobreza.

Cuando se pierde el domicilio debido a un derrumbe o por haber sido declarado inhabitable por los funcionarios del Instituto de la Vivienda, la opción es residir hacinado en un albergue estatal.

"Es lo más cercano a una prisión. La gente llega engañada a los albergues. Las autoridades te dicen que en 5 años, a lo sumo, te darán una casa nueva. Hay familias aquí que llevan 20 años. Vivimos crispados y frustrados. Ya nos cansamos de reclamar una vivienda", cuenta Joel en su estrecha habitación de paredes enmohecidas.

En esta exposada del Vedado residen actualmente más de veinte familias. El que menos tiempo lleva, ya cumple diez años.

Josefina también reside en el antiguo motel. Desde hace 12 años habita en un cuarto mínimo, donde cinco personas duermen en dos camas junto a un baño muy pequeño con fuerte olor a orina y una sábana sucia, repleta de parches, que hace las veces de puerta.

La cocina y el refrigerador junto a las camas sirven de división.

El patio común, donde tienden sus ropas, está inundado de aguas albañales. En las noches calurosas, los albergados se sientan en pedazos de ladrillos o descoloridas sillas plegables a conversar después de la comida.

Josefina nos cuenta que ella fue a parar al albergue por el derrumbe de su casa, en la calle H entre 9 y 11, Vedado, frente al Hospital Maternidad de Línea. Le prometieron que sería albergada provisionalmente, a la espera de que se le otorgara una vivienda en mejores condiciones. Hasta el sol de hoy.

"A todos los que vivimos aquí les han dicho lo mismo. Ya nadie cree la historia de que el gobierno resolverá nuestros problemas. De esto hace 12 años. Si todavía no lo ha resuelto, no lo hará en el futuro", dice Josefina.

Y las noticias no son buenas. Según el Instituto de la Vivienda, el fondo habitacional es escaso.

Las lluvias y el mal tiempo provocan cada año el derrumbe de cientos de casas en la ciudad. El gobierno de Raúl Castro no tiene solución para estas familias sin techo. Solamente en La Habana, hay dos docenas de albergues. Todos en precario estado constructivo.

Algunas noches, los albergados se sientan a beber ron barato en el patio del antiguo motel. Y a soñar con el día que puedan tener un hogar digno. Pero como marchan las cosas, entre crisis económica, despidos laborales, abolición de subsidios y piñatas corporativas de los empresarios militares, Joel piensa que la otrora posada de 11 y 24 será su residencia de por vida.

"Saldré de aquí hacia el Cementerio de Colón, cuando Dios pase a recogerme", comenta en voz baja y sin esperanza. Por cierto, entre el albergue y la necrópolis la distancia es corta.