Sábado, 1 de Octubre de 2016
23:57 CEST.
Opinión

Emigración e inmigración

Un evento convocado por la revista católica Palabra Nueva mueve el enunciado de este artículo. Porque no solo se trata de lo que sale, sino también de lo que entra en Cuba. ¿O no?

¿Permitirá el gobierno que entre al país libremente el acceso a Internet, sin decomisos en el aeropuerto a equipos de última generación, sin candados electrónicos a sitios de la disidencia pacífica, sin represiones a los blogueros que denuncian —desde dentro, como Generación Y— un cobarde golpe con una camilla de la Cruz Roja a un hombre aguantado por dos fornidos agentes del Ministerio del Interior?

Quizás en el antiguo convento de los Dominicos (19 entre J e I, en El Vedado), tras el discurso de apertura del cardenal Ortega, ponentes e invitados admitan —uso el presente histórico— el escandaloso eufemismo de "emigración", que oculta la tragedia del exilio. Quizás alguno declare lo obvio: una nueva ley ya más que anunciada, hasta refrita en la grasa turbia de una palabrería malamente demodé

Sospecho que algún conferencista argumente acerca de que cada cubano tiene los mismos derechos que cualquier cubano, que la cultura cubana es una sola, que La Isla Entera es "de todos y para el bien de todos"…; con lo que de pronto quedará en la historia como el cuento del gallego que se arrastra en un almacén para buscar los precios más bajos.

Y así… La transparencia insondable, menos enunciar la crisis de credibilidad que tiene al gobierno en bancarrota. Porque volvamos al prefijo caliente: ¿A quién se le puede ocurrir inmigrar ahora, volver a vivir, en la Cuba del castrismo tardío, donde la intransigencia real, cotidiana, no la oculta ni la visita pastoral del Papa, ni los cambios cosméticos para mantenerse en el Poder hasta que la muerte los separe?

No dudo de la buena fe de los ponentes, incluyendo a los académicos cubanoamericanos que para viajar a la Conferencia han tenido que sufrir la humillación de solicitar un permiso de entrada. Y vaya usted a saber qué otra exigencia —implícita o ligeramente insinuada— de moderación, mesura, respetuosidad…

No dudo de que los análisis de algunos autores puedan ser útiles si las circunstancias cambian… Pero dudo de que todos se den cuenta del llamado "autoengaño consciente", siempre con su fuerte dosis de "pensamiento desiderativo" o "bovarismo". Dudo de que cada uno de ellos —desde mi respeto a la opinión diferente—, interiorice la posibilidad de que son manipulados, usados como vitrina de una permisibilidad que desmienten los datos sobre las represiones y encarcelamientos sin juicio a la oposición pacífica, en el primer trimestre del 2012, mucho más altos que en años anteriores.

El problema es con el prefijo que revolotea como un aura tiñosa sobre las cabezas de los temblorosos guerrilleros aferrados al Poder. Les da miedo, y de ahí la tardanza en abrir cualquier fisura, en aprobar leyes que desmonten el entramado leninista-caudillista. Da risa leer las últimas Reflexiones (sic) de Castro alrededor —pataleando— de la cumbre de Cartagena. Ni una sola vez alude a sus cambios. El enemigo es el único que debe cambiar.

¿Entonces? ¿De qué emigración e inmigración se puede hablar cuando la obstinación —la terquedad usual en los vejestorios— sigue viéndola la cúpula del Poder castrista como su única arma, ayudada por la amoralidad pragmática de muchos gobiernos latinoamericanos, incluyendo en sitio privilegiado a los caciques del patrioterismo prediluviano?

¿Acaso el embargo no es tan obsoleto como los Castro y su conducción de Cuba al desastre, sobre la evidencia de que el setenta por ciento de los cubanos nació después de que ambos se instaurarán?

Con un gobierno dentro de la Alianza para Gobiernos Abiertos —como Brasil y 54 países más— el tema cubano de la apertura a emigrantes e inmigrantes —personas e ideas, mercancías y noticias— será cosa del pasado, a no olvidar para que nunca se repita.

La Conferencia sobre Emigración —con los dos prefijos— quizás sea, sin embargo, un grano de arena a favor del sueño que no deseamos se convierta en pesadilla. Pero el único cambio —a juzgar por la lentitud y la casi nula eficacia de las "aperturas"— parece estar en la biología o en un mágico avión que conduzca a los Castro y su gente "de arriba" a Managua o Caracas o Quito. Tal vez a Marbella, donde murió Batista.