Martes, 27 de Septiembre de 2016
11:12 CEST.
Opinión

Camila y Yoani, vidas no tan paralelas

En un artículo titulado "Mis razones para viajar a Cuba", la joven chilena Camila Vallejo, que ganó fama mundial por encabezar las protestas contra el costo de la educación en su país, informó con quiénes se reuniría en su visita de cinco  días —todas asociaciones oficiales controladas por el partido único de Cuba, el comunista— y respondió por anticipado a las críticas, comparándose con Benedicto XVI: "Los mismos sectores que no han criticado al Papa por su viaje a la Isla, juntarse con Fidel y declinar reunirse con la disidencia, rasgan vestiduras por la visita que jóvenes comunistas haremos a la Isla".

Vallejo señala a quienes critican "con tanta rabia" a Cuba y no hacen lo mismo respecto a "las guerras, el hambre, la explotación, la violación a los derechos humanos y un sin fin de concecuencias [sic] de la deshumanización que ha producido y sigue produciendo el sistema capitalista y determinados agentes del imperialismo estadounidense".

Estas afirmaciones están impregnadas del supuesto de que cualquiera que critique a la dictadura cubana es un defensor de la injusticia social, el colonialismo y la dependencia; y que todas éstas son lacras exclusivas del capitalismo. Evidentemente Vallejo ignora que el régimen que defiende fue servil a un imperialismo (el soviético) mientras denostaba a otro (el norteamericano) y que las condiciones que Moscú le impuso a la Isla, sumadas a una planificación estatal omnipresente y probadamente ineficaz son las verdaderas causas del atraso y la pobreza cubanos.

La dirigente estudiantil chilena aseguró también que quienes protestan o disienten la pasan peor en Chile que en Cuba: "Se habla mucho de la represión que sufre el pueblo cubano, y yo quedé muy impresionada de lo contradictorio que es ese discurso si comparamos la práctica policial cubana con la chilena. No vi en ningún momento [...] gases lacrimógenos, vi a la policía circulando por las ciudades sólo con su uniforme, sin cascos ni armas de ningún tipo. Ese nivel de cultura cívica, tanto del Estado como del conjunto de la sociedad, está a años luz de la represión que vivió el movimiento estudiantil el año pasado".

Llamativa es también su conclusión: "Ese tipo de prácticas simplemente serían inaceptables en la Isla, ya que sin lugar a dudas, un pueblo que ha hecho gala frente al mundo de rebeldía e insubordinación a la injusticia difícilmente se dejaría acallar con instrumentos represivos".

Por motivos generacionales, quizá Vallejo no conoce la variedad de instrumentos de una represión dictatorial. La Revolución Cubana tuvo en sus inicios un amplio consenso que se fue diluyendo, primero, por el rumbo ideológico que tomó y, más adelante, porque el fracaso del régimen diluyó los logros sociales inciales. En la misma medida en que iba perdiendo adhesiones, el castrismo aumentaba el control político y social para prevenir toda insubordinación. Pero desde el comienzo no tuvo pruritos para encarcelar a disidentes ni "purgar" a los que querían cambiar algo, aunque más no fuese por equivocarse en los tiempos. Ya que muchas de las propuestas de algunos infelices que cayeron en desgracia son hoy aplicadas por Raúl y Fidel Castro, como la autorización a cierta iniciativa privada en el marco de una tibia apertura económica.

Los comentarios de Vallejo sobre la represión provocaron la reacción de Yoani Sánchez, quien dijo que le gustaría hablar personalmente con ella, algo que será muy difícil, si no imposible, por el cerco que han tendido las autoridades cubanas en torno a la joven chilena. Una práctica habitual en la Isla. Al visitante al que se quiere reclutar como propagandista, se lo entorna, se lo atiende, se lo adula, se lo lleva de acá para allá; todo, menos permitirle circular libremente y ver a quién se le dé la gana.

Si Vallejo hablara con otros interlocutores que los que las autoridades ponen en su camino, sabría que, a diferencia de Chile, en Cuba "no hay derecho a la huelga y las manifestaciones se permiten sólo si son organizadas por el propio Estado o sus organizaciones de masas", como lo denuncia otra bloguera cubana, la abogada Laritza Diversent.

Es cierto que en Cuba casi no vuela una mosca. Pero eso tiene una explicación. La represión allí no es solo a lo que se hace, sino a lo que se piensa hacer.

El código penal cubano, además de ser uno de los más duros del mundo —aplica el doble de pena a cualquier reincidente e incluye la sentencia capital—, castiga la peligrosidad social predelictiva, copiada de la franquista Ley de Peligrosidad Social. En concreto, para el "derecho" cubano, la presunción no es de inocencia, sino de culpabilidad. "Se considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista", reza el código penal cubano.

Cualquiera puede percibir de inmediato que la única "peligrosidad" visible es la que reside en esta ley, que permite condenar sin pruebas y habilita a las autoridades a encarcelar por anticipado a los disidentes, como lo hicieron en vísperas de la visita de Benedicto XVI

Camila Vallejo viaja, escribe y opina porque su país le garantiza el goce de derechos que a los cubanos —como si fuesen menores de edad que deben ser tutelados— les son negados desde hace más de medio siglo.

En una entrevista con CubaDebate, posterior a la reunión con Fidel, la joven chilena persistió en la apología al sistema cubano y las críticas a su país: "Nuestra organización convive en un modelo absolutamente neoliberal y todo es un mercado con intereses privados y no hay nada en el ámbito social, económico o político que esté respondiendo a los intereses de la gran mayoría. En Cuba, a pesar de las dificultades, todo está pensado [...] para beneficiar al pueblo".

"En Cuba hay errores que tenemos derecho a criticar (pero) cuando uno lo hace se siente solitario", dijo hace un tiempo el exjuglar de la Revolución Pablo Milanés, quien parece no creer, como Vallejo, que algunos logros sociales de su país ameriten el sacrificio de la libertad de los cubanos. "Hay miedo y tensión y es absurdo, porque no se puede seguir siendo revolucionario y teniendo ideas estalinistas de presiones sobre el pensamiento y la libertad. A Fidel le critico la falta de libertad de expresión, porque hay tantas cosas bonitas aseguradas por la revolución que, cuando ves que es capaz de encarcelar a una gente durante 20 años porque habló dos o tres mierdas, no lo concibes", dijo también Milanés.

En la entrevista antes citada, CubaDebate le pregunta con cinismo a Camila Vallejo por la importancia de las redes sociales, que los cubanos casi no pueden usar: está prohibido Internet en las casas, salvo expresa autorización del Estado, y en los pocos sitios donde se puede acceder a la red, hay que empeñar el sueldo por una hora de conexión. Aun así, Camila responde: "Usamos muchísimo las redes sociales". Habla de Chile, claro. "A pesar de que es una herramienta del capitalismo [sic], nos hemos apropiado de esos espacios", agrega. "Los grandes medios de comunicación de nuestro país responden a un 'duo-polio': son dos grandes familias, golpistas, que responden a los intereses de la derecha y del gran empresariado", dice la joven, olvidando que esos medios chilenos que denuncia son los que la lanzaron al estrellato y que está en Cuba, donde los medios responden a un monopolio. En este caso, estatal.

Muchos opositores o simplemente críticos al régimen castrista no tienen acceso a los pocos medios oficiales y tienen muchas dificultades para acceder a las redes sociales. Además, lo que divulgan a través de éstas no les llega a sus compatriotas, sino que se difunde en el exterior. Los disidentes cubanos no pueden tomar un megafóno como hace Camila Vallejo para arengar a las masas, dirigir una marcha, presidir una asamblea estudiantil o denostar al modelo "absolutamente liberal" en el cual vive y que le permite expresarse libremente.

 


Este artículo apareció originalmente en Infobae.com. Se reproduce con autorización de la autora.