Sábado, 1 de Octubre de 2016
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Economía

La corrupción y la moral del sobreviviente

La corrupción —acción de corromper— es resultado de múltiples causas, que van desde las conductas personales hasta el sistema político-económico de cada país; es un fenómeno social antiquísimo que en mayor o menor medida se manifiesta en todas las sociedades y ha estado presente a lo largo de la historia de Cuba.

En la Colonia, el obsequio por la clases criollas de un ingenio al Gobernador Don Luis de las Casas, el desvío de los fondos para la construcción de La Cabaña, el garito y la valla de gallos que el gobernador Francisco Dionisio Vives tenía en el Castillo de la Fuerza para su esparcimiento. En la primera mitad del siglo XX, la conducta de la élite político-económico-militar, emergida de las guerras de independencia, que hizo uso de las posiciones públicas para fines individuales, un cuadro que reflejó Carlos Loveira en su novela Generales y Doctores. Luego, entre 1940 y 1958, políticos y funcionarios convirtieron  la corrupción en uno de los peores males, hasta el punto que  Eduardo Chibás asumió el ataque a este flagelo durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales que debían celebrarse en 1952. Y en la segunda mitad del siglo XX, la corrupción, que había estado circunscrita a la esfera político-administrativa, devino un fenómeno social generalizado.

Por tanto, la corrupción no es nueva ni surgió con la Revolución de 1959, lo nuevo es su presencia en todos los estratos y esferas de la sociedad y el surgimiento de una moral negativa y predominante que amenaza con convertirse en cultura. La razón de esta transformación está en el deslizamiento hacia el totalitarismo que debilitó la responsabilidad ciudadana. Lo cual, unido a la implantación de un sistema económico incapaz de establecer una relación adecuada entre salario y costo de la vida, generó la frustración y la desesperanza.

¿Cuál fue el dilema de la familia cubana en esas condiciones? Pues sobrevivir. Si además esa conducta se fue aceptando socialmente y cada familia de una u otra forma se vio obligada a emplearla, entonces tenía que predominar. Ante el fenómeno, la  respuesta gubernamental se limitó a reprimir, vigilar e inspeccionar. Es decir, se limitó a acciones sobre los efectos sin atacar las causas, como está reflejado en la prensa oficial durante la primera década del presente siglo.

Ejemplos de corrupción reconocidos por la prensa oficial

Del Juventud Rebelde, del 22 de mayo de 2001, en "El cazador de engaños": un inspector popular encargado de detectar las violaciones en el comercio explicaba que, al detectar el delito, los infractores le decían: "Hay que vivir, hay que luchar". Y narra que cuando él trataba de reivindicar el derecho de los ciudadanos, "éstos defienden a su propio victimario".

El mismo diario, los  días 1 y 15 de octubre de 2006, en "La vieja gran estafa", informó que de 222.656 inspecciones realizadas entre enero y agosto de 2005 por inspectores integrales, se encontraron violaciones de precios y alteraciones en las normas de los productos en el 52% de los centros examinados y en el caso de los mercados agropecuarios en el 68%.

El diario Granma, 28 de noviembre de 2003, en "Violaciones de precios y la batalla de nunca acabar", dice que en los primeros ocho meses de ese año, en el 36% de los establecimientos inspeccionados encontraron irregularidades. Que en los mercados, ferias, placitas y puntos de venta agropecuarios el índice estuvo por encima del 47%, y en gastronomía el 50%.

Ese mismo diario, el 20 de febrero de 2004, en "Enfrentar eficazmente irregularidades y delitos económicos": la ministra de Auditoría y Control, Lina Pedraza, expresó: "están bien identificadas las causas y condiciones propiciadoras del delito y otras violaciones", entre las que mencionó un conjunto que va desde "la insuficiente confirmación del origen o destino final de los productos" hasta "la insuficiente supervisión al sistema de auditorias".

Al año siguiente, el 24 de diciembre, Granma informó que en la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Pedro Ross, entonces Secretario General de la CTC, "comentó y dijo que hay trabajadores que reaccionan, pero otros no y siguen justificando el robo y otras conductas indebidas".

El 16 de febrero de 2007, en "Caníbales en las torres", se abordó el robo de los angulares que sostienen las redes de transmisión eléctrica de alta tensión y se reconoció  que las "medidas técnicas, administrativas y legales aplicadas hasta el momento no han frenado el bandidaje".

En "El precio de la indolencia",  publicado el 26 de octubre de 2010, se informó que en el municipio de Corralillo, en Villa Clara, se edificaron más de 300 viviendas con materiales y recursos sustraídos, para lo cual se desarticularon 25 kilómetros de líneas férreas y se emplearon 59 angulares de las mencionadas  torres de alta tensión.

Por informaciones oficiales, medios de prensa alternativos y rumores que circulan, se mencionan a organismos y empresas del Estado y a altos funcionarios relacionados con casos de corrupción entre los años 2010 y 1011. Entre ellos, la Industria del Azúcar, la Industria Básica, la Industria Alimentaria, Turismo, la Aeronáutica y el transporte aéreo, el Comercio Interno, la Industria Tabacalera, la Biotecnología e Industria Farmacéutica, el Deporte, y la Informática y Telecomunicaciones. En muchos de esos casos están implicados altos funcionarios y miembros del Partido Comunista.

Corrupción y propiedad

En una entrevista realizada por la periodista Patricia Grogg al politólogo Esteban Morales, este consideró la "corrupción como un peligro  extraordinario" por su "poder corrosivo", lo que la convierte en un  asunto de "seguridad nacional". Es decir que, a pesar del ejército de inspectores y de los inspectores de los inspectores, de los cientos de trabajadores y funcionarios condenados por sobornos, desvíos, hurtos y robos, y de las leyes y resoluciones, la corrupción continuó su marcha.

En una entrevista publicada en Juventud Rebelde los días 19 y 26 de febrero de 2012, Gladys Bejerano, Contralora de la República, planteó: "Por nuestra experiencia, las causas de la corrupción van desde el hecho de que no había control de los contratos, porque el que tenía que hacerlo no lo hizo, y el que tenía que revisarlo tampoco lo revisó, o si lo revisó no lo hizo con profundidad".

Es sabido que los contratos y sus revisiones conforman un mecanismo importante para la eficiencia, pero ese aspecto no agota las causas de la corrupción. Si este mal antes de 1959 se mantuvo esencialmente en el ámbito político-administrativo, habría que preguntarse qué factores causaron su generalización. Desde mi punto de vista, lo nuevo está en la desaparición de los miles de propietarios que velaban por la propiedad y su sustitución por el Jefe y por el concepto de propiedad de todo el pueblo, lo que unido a la insuficiencia salarial, condujo al robo, al hurto, al cohecho y a otras manifestaciones negativas.

En otro momento de la entrevista, la Contralora expresó: "Si para la Revolución es un problema de vida o muerte luchar contra la corrupción, velar por los recursos del Estado y, además, trabajar por una mayor eficiencia, si eso es así, y ¿quién hizo la Revolución?, el pueblo, pues con el pueblo hay que luchar, con el pueblo hay que defenderla".

El hecho es que si el pueblo hizo la Revolución, no la hizo para ser desposeído de la propiedad ni para que el salario fuera incapaz de satisfacer las necesidades más elementales, lo que explica que ese mismo pueblo haya tenido que asumir la moral del sobreviviente para subsistir, o en su lugar escapar hacia otras regiones del planeta.

Si de cambiar todo lo que sea necesario se trata, entonces no hay otro camino que entrar en materia de derechos y libertades para que los cubanos, como cualquier otro pueblo, además de recibir un salario que se corresponda con el costo de la vida, pueda participar en la economía de su país, no solo como obreros, sino también como propietarios e  inversores, para que realmente muchos cubanos, junto al Estado, velen por su propiedad y no "por la propiedad de todo el pueblo". Sin ello, la corrupción seguirá un camino indetenible.