Martes, 27 de Septiembre de 2016
18:25 CEST.
Economía

¿Qué se hizo de la Emulación Socialista?

El socialismo en Cuba ha querido borrar de manera rampante la esencia de su palanca movilizadora. Resulta que hoy, según la opinión de algunos expertos nacionales, la emulación entre los obreros e intelectuales contratados por el gobierno ha caído en desuso.

Ante la competencia en el sector capitalista, la emulación en el socialismo era el único móvil para acelerar y mantener la producción como vía de acción social. Después de los desplomes comunistas de los años 90, tales aseveraciones fueron en picada. Sin embargo, tiempo después volvió a airearse la idea de que emular en medio de falsos informes, donar horas voluntarias aunque se hubiese aportado poco en la jornada laboral y acumular méritos políticos, es una jugosa fuente de meritocracia.

La lista de los mejores trabajadores, el hecho de que los vanguardias nacionales y provinciales mantuvieran su condición por años y el falso sistema del palo y la zanahoria (reflejado en la donación o venta de artículos electrodomésticos, concesión de permisos para comprar automóviles o participación de viajes turísticos) hicieron de la cacareada Emulación Socialista una verdad a medias.

Desde el auge mayor de tales prácticas, allá por los años 80, llovieron los informes productivos plagados de falsedades. Las empresas socialistas que emulan entre sí lo hacen a partir de la imposición una fecha sangrienta como el 26 de Julio, cuando Fidel Castro atacara el Cuartel Moncada, por lo que durante años cada gota de sudor del pueblo estaba dedicada al martirologio antibatistiano.

Desde la última liberalización de la fuerza de trabajo para sembrar tierras o vender alimentos por mecanismos propios de los individuos, la mal llevada y traída Emulación Socialista ha devenido en algo más que una algazara a la que ya nadie atiende.

Los reportajes televisivos oficiales sobre hombres y mujeres que en cualquier apartado rincón del país se empinan sobre promontorios de malezas para mostrarnos fincas agropecuarias nunca vistas en el patrimonio estatal, son el acta de defunción del proceso emulativo impuesto por el gobierno.

Además de producir leche y carne vacuna, ¿qué interés puede tener un dueño de finca en sembrar banderitas de colores, pintar carteles alegóricos a las fechas patrias o informar un centenar de horas voluntarias en saludo al 1ro de Mayo?

Durante el Balance Anual del Programa de Agricultura Urbana y Suburbana, el vicepresidente cubano Esteban Lazo Hernández entregó diplomas, certificados y gratificó a los ganadores con un saludo, dizque traído desde la misma cama de convaleciente Fidel Castro. Contra los montes de marabú y los solares yermos a orillas de las ciudades, la dirigencia comunista solo indica más control de los recursos (¿…?), más compromiso y el convencimiento de que producir yucas y malangas es un asunto de seguridad nacional.

Es voz pública que los trabajadores cubanos prefieren reavivar sus descosidos bolsillos a ver sus rostros en un mural de la empresa, enmarcado en rojo y al lado de consignas huecas y rimbombantes. Los sindicatos oficialistas en Cuba estimularon por años la fórmula de acumular méritos, evadir deméritos y encarnar la adulonería y el voluntarismo como método de compromiso laboral.

Ahora miles de obreros cubanos se empeñan en hacer mejores las labores que por años hicieron de manera automática. ¿La razón? Todo cuanto hacen va a parar a sí mismos. ¿De qué sirve ofrecerle a un mesonero una reservación por un fin de semana en un alojamiento de octava categoría? ¿Cómo verá una manicure el hecho de que le ofrezcan comprar algunas mudas de ropa reciclada en una "tienda especializada"?

Ante el imperativo castrista de "apretarse los pantalones" (aludiendo a atenerse a las carencias por venir), los que tomaron el difícil sendero de la empresa privada se desentendieron de una vez y por todas de la tendencia suicida de esperarlo todo del Estado.

El hormiguero de hombres y mujeres que animan hoy a Cuba haciendo dulces, ofreciéndose como conductores de taxi o arrendando sus habitaciones a nacionales y extranjeros, nada esperan del gobierno, y sienten que nada le deben.