Sábado, 1 de Octubre de 2016
01:17 CEST.
Visita papal

El Papa y el marxismo

Benedicto XVI ha afirmado en su viaje a Mexico que el marxismo, tal y como se le ha entendido hasta ahora, ya no funciona. Confieso que experimenté sorpresa ante esta frase. ¿De cuál marxismo habla el pontífice? (Me perdonaran los lectores católicos que no lo llame Sumo Pontífice.) ¿Del marxismo-leninismo, que debería más bien llamarse marxismo-estalinismo pues fue Stalin el encargado de erigir en dogma varias de las ideas circunstanciales de Lenin? ¿Quizás del marxismo de la Escuela de Frankfurt, de un marxismo ecléctico, o acaso del marxismo kantiano de la socialdemocracia de comienzos del siglo XX? La lista sería agobiante, pues la multitud de doctrinas que toman para sí el nombre de marxistas no se puede despachar de un plumazo.

El Obispo de Roma probablemente tenía en cuenta al llamado marxismo-leninismo. Y si fuese así su frase implicaría que en algún tiempo funcionó. Esta es la afirmacion más revisionista que Papa alguno pudo haber dicho después del Concilio Vaticano II. No es que se viera un original error teológico en el materialismo histórico. Ya Engels aclaraba que equivalía a un agnosticismo histórico, confirmando la tesis que el llamado materialismo histórico era el materialismo menos beligerante de los que existen. Comparado con la reciente profesión de ateísmo de Stephen Hawking, ni siquiera tiene interés en fundamentarse racionalmente. Se trata de un empirismo radical que pudiera traducirse así: no es visible la Divina Providencia (lo que Leibniz llamaba Teodicea) en la historia, por tanto postulamos la existencia de leyes, de la misma manera que la ciencia las reconoce en la naturaleza. Se trata de un positivismo social, en la misma línea de Comte, cambiando una certeza por otra.

Es esto quizás lo que explica las palabras de Benedicto XVI tan halagadoras al marxismo a primera vista (pues lo que funcionó alguna vez, posee un valor aunque sea inactual). Quizás el Papa entiende que tuvo sentido alguna vez que el hombre creyera que su historia está dirigida por leyes, que es un decursar independiente de su voluntad. Sin embargo, Benedicto XVI teólogo posmoderno nos dice que ese esquema ya no funciona. Y todavía se dice que la Iglesia Católica no ha entrado en la posmodernidad por su insistencia en el rechazo al relativismo.

Ante tal embrollo filosófico la única persona que en Cuba que aventuró una respuesta fue Bruno Rodríguez, el canciller. Su respuesta fue puramente política. Era de esperar que la prensa nacional y extranjera hubiera entrevistado a Thalia Fung o a Raul Valdes Vivó o al presidente del Instituto de Filosofia de la Academia de Ciencias (¿alguien conoce su nombre?) o, al menos, al jefe del Departamento Ideológico del Partido marxista-leninista y martiano. Por lo menos no hubiese estado mal una entrevista al director del Centro de Estudios Martianos  acerca de la crítica papal. Una respuesta filosófica debería haber correspondido a una entidad encargada de tales menesteres, no al MINREX. Pero en Cuba, hasta para responder a cuestiones filosóficas, se acude a los funcionarios gubernamentales.

Por último, en la homilia pronunciada en la misa en Santiago de Cuba, Benedicto XVI ha recordado que "resulta conmovedor ver cómo Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla". Con esto, Joseph Ratzinger clarifica la doctrina de la Providencia arriba anotada, y supone que hay un espacio en la teología católica para la decisión humana por encima de cualquiera de las presuntas leyes de la historia, sean "materialistas" o no.