Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
00:58 CEST.
Detrás del papamóvil III

Palabras dignas de un Pastor

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El Papa ya está en Cuba. En su primer discurso ha recordado que viaja a la Isla como Peregrino de la Caridad, título que hace referencia a la patrona de Cuba: la Virgen de la Caridad del Cobre, pero que también evoca esa virtud cristiana que se funda en el amor a Dios y al prójimo. Es ese amor a las personas el que le hace llevar en su corazón "las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos, dondequiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles, y de modo especial de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y los niños, de los enfermos y los trabajadores, de los presos y sus familiares, así como de los pobres y necesitados".

El mismo amor que le hará postrarse "a los pies de la Madre de Dios, para agradecerle sus desvelos por todos sus hijos cubanos y pedirle su intercesión para que guíe los destinos de esta amada Nación por los caminos de la justicia, la paz, la libertad y la reconciliación".

Las primeras palabras del Papa en Cuba son dignas de lo que es: un Pastor. Eso es lo que importa. Han sido como "un baño de luz" después del derroche de anacronismos y catastrofismo del orador que le antecedió.

Atrás quedarán, las risitas, las palmaditas en las espaldas y las complicidades triunfalistas de algunos asistentes a la celebración de bienvenida que vimos por la televisión, y que de ninguna manera representan el ánimo comedido y prudente del Papa. Esa escenografía, o mejor dicho, esa coreografía, no debe atormentar o hacer perder la perspectiva a nadie y menos a quienes tanto sufren.  "Sic transit gloria mundi", que se traduce: "así pasa la gloria del mundo", es una expresión que la propia Iglesia utiliza para recordar a los humanos lo efímeros que pueden ser los triunfos.