Jueves, 29 de Septiembre de 2016
13:58 CEST.
Detrás del papamóvil II

México: El Papa con las víctimas

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Como era de esperar, el "México siempre fiel" que tanto cariño entregó al papa Juan Pablo II se ha volcado para recibir a Benedicto XVI.

Las calles abarrotadas de gente, que de manera libre ha acudido con pancartas, pañuelos y banderas a expresar su admiración por el Papa, a veces con la sencilla y a la vez gran esperanza de poder mirarle a su fugaz paso en el papamóvil.

El sábado el Santo Padre, de manera "sorpresiva", y saliéndose de su agenda, ha conversado por unos minutos con representantes de las víctimas de la violencia provocada por la delincuencia organizada.

A todos les ha dirigido sus palabras de aliento y les ha impartido su bendición.

El encuentro del Papa con las víctimas de la violencia es una expresión de su amor pastoral por aquellos que sufren por el injusto actuar de otros.

El clima de violencia por el narcotráfico que vive en país y que tanto sufrimiento y muerte está dejando, es una de las realidades presentes en el viaje apostólico a México. Realidad a la que el Papa está respondiendo.

Hace varios días, la prensa se hacía eco de una tregua declarada por uno de los principales cárteles que operan en la zona que visitaría el Papa, para así facilitar un clima de paz y con ello la participación, de quien lo desee, en las celebraciones.

Esta "tregua" respondía al llamado hecho en enero por el obispo de León a que no impidieran el desplazamiento de la gente que querían ver al Papa.

Como ha quedado patente, el Papa ha condenado la violencia y no ha dado la espalda a las víctimas. ¿Alguien se atreverá a reprochárselo? ¿Alguien le acusará de romper alguna "tregua"?

Hoy Benedicto XVI presidió una misa multitudinaria a la que entre otros asistieron las máximas autoridades del Gobierno y los líderes de la oposición.

Este lunes parte hacia Cuba, segunda y última parada de su peregrinación.

Según los medios internacionales y del exilio, allí sigue la represión. En La Habana no hay tregua. Esperemos que haya minutos y palabras de esperanza.