Lunes, 26 de Septiembre de 2016
02:28 CEST.
Visita papal

Los retos de una visita

Mirando el panorama actual cubano, podemos concluir que el escenario social donde deben moverse el Gobierno, la oposición pacífica y la Iglesia Católica se ha enrarecido sobremanera.

Por una parte, el aparato de gobernación del General-Presidente Raúl Castro ha difundido un spot televisivo en alusión a la visita de Benedicto XVI a la Isla, pero los fieles dicen que aún es poco, que "no hay pancartas públicas y ni por asomo se parece a aquella euforia social que movió Juan Pablo II", ha dicho a DIARIO DE CUBA un laico responsable de comunicación en el Arzobispado santiaguero.

En las provincias de Las Tunas, Granma y Holguín, feligreses han asegurado que las listas confeccionadas para asistir a la visita papal serán controladas directamente por personal del Gobierno o el Partido Comunista de Cuba (PCC), así como que "un miembro de los comités municipales del PCC irá en cada ómnibus acompañando a los peregrinos", lo que ha producido cierto malestar entre quienes no se explican los porqués de tal indicación, si observamos que no es una visita con fines políticos, como han recalcado las autoridades eclesiales y estatales y, por otro lado, es casi imposible que un militante comunista "acompañe" espiritualmente a un cristiano.

Fuentes de comunidades católicas consultadas en Guantánamo y Banes aseguraron que, junto a sus nombres, debieron entregar para los listados sus números de carné de identidad, información que deberán confirmar al instante de abordar los ómnibus.

El hecho ocurrido hace apenas una semana en la Iglesia de La Caridad, en La Habana, ha ayudado a enrarecer el ambiente en torno a cómo se miran ahora la Iglesia y la oposición pacífica.

Lo cierto es que en los últimos años ha habido un decaimiento en la promoción de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), lo que la convierte en asignatura pendiente para la Iglesia. El afianzamiento del verticalismo de la estructura católica en todos los ámbitos, lejos de acercar a la comunidad al pueblo ha devenido en una elite emergente, pues hoy ya se habla de los "hombres y mujeres de Iglesia", término con el que se refieren a los laicos con alguna responsabilidad y muchas horas de vuelo cercanos a obispados, sacristías, pastorales, consejos parroquiales y diocesanos.

El llamado de Juan Pablo II para que "la Iglesia se abra al mundo", recordémoslo hoy, era en el sentido más literal posible, sin hermenéutica de intermedio. Abrirse al mundo, pero también a la comunidad más cercana.

Los opositores en la Isla, y las Damas de Blanco en sus respectivas parroquias, luego de las nuevas tácticas de las marchas locales semanales, han sido acogidas con amor por sacerdotes valientes y algunos feligreses comprometidos, pero también han sido vistas con recelo por los practicantes que se escudan tras la idea de que la Iglesia no es para asuntos políticos. En ella se nota una falta total de compromiso con el mundo del dolor, comentó Rubén, quien llevó por varios años la Pastoral de la salud en su comunidad.

La carta Gaudium et spes del Concilio Vaticano II expresaba: "Hay que superar, como contraria al plan de Dios, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión".

La ojeriza actual contra los opositores que buscan la Iglesia como asidero en su vida de marginados y perseguidos no se ve contra los militantes comunistas que desde el inicio de los años noventa, autorizados por el Buró Político del PCC, comenzaron a poblar centros católicos, evangélicos o espiritistas.

La demonización de la disidencia interna llevada a cabo por la policía política ha calado a tal extremo en la sociedad, que cierta zona del laicado y de la comunidad católica en general la ven como una amenaza a su paz y tranquilidad.

Hoy las opiniones varían entre quienes quedaron fuera de los listados de la peregrinación. Muchos quisieran haber visto una mejor gestión por parte de la jerarquía católica en cuanto al aseguramiento del transporte, a fin de cuentas añade Rubén, "el encuentro de la Virgen de la Caridad del Cobre es con el pueblo de Cuba y no exclusivamente con la feligresía católica en particular".

El escenario está servido, pero poco gana la Iglesia Universal si los cubanos, ensimismados con la visita papal, olvidan que en el centro de todo está la celebración por el aniversario 400 de la aparición de la Virgen de la Caridad del Cobre, a quien confesiones y militancias aparte, muchos tienen por "la Madre de todos los cubanos".