Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
22:20 CEST.
Encierros en iglesias

¿Por qué en Cuba no?

La ocupación pacífica de iglesias no es un hecho extraño en América Latina, aunque casi siempre se produce con el apoyo de sacerdotes progresistas. Ha sido, fundamentalmente, un movimiento vinculado a los sectores de izquierda. En Europa, en cambio, los encierros han estado protagonizados por inmigrantes indocumentados que rechazan los procesos de expulsión. ¿Qué diferencias existen con Cuba? ¿Es legítimo en unos sitios y en otros no?

Manuel Cuesta Morúa:

Para empezar, no creo que sea sacrílego que un grupo de gente trate de llamar la atención sobre su situación específica. No es algo raro en el contexto latinoamericano, donde ha habido mucha insensibilidad de las élites políticas dominantes y, en un grito desesperado, las personas más necesitadas tratan de llamar la atención a través de esto.

No merece una condena, aun cuando no es mi opción política o cívica. En el caso de Cuba, hay un equilibrio precario entre la Iglesia Católica y las autoridades. No se deja notar bien el hecho de que se explote ese equilibrio precario, y pueda amenazar la apertura de un sector como el catolicismo dentro del país, o la labor que, independientemente de las críticas que se merece, pueda hacer la Iglesia Católica por mejorar la situación de todos los cubanos.

Desde ese punto de vista, creo que no fue acertada por parte de esos compatriotas de ocupar una iglesia. Entiendo que lo hacen, justamente, porque la Iglesia Católica, el Vaticano, se han mostrado ligeramente insensibles a las demandas de la oposición para que sea escuchada.

Martha Beatriz Roque:

La mayoría de los países donde esto se utiliza son democráticos, y la Iglesia tiene una postura totalmente diferente a la de Cuba.

Los periódicos de hoy traen una declaración de Orlando Márquez [portavoz de la Iglesia], y eso parece sencillamente un editorial del Granma. Parece escrito por el propio Partido Comunista. Esto implica que buscan un motivo para que el Gobierno actúe contra la oposición y que la Iglesia lo apoye. Porque si la Iglesia está diciendo desde ya que no va a permitir la utilización de los templos para fines políticos, esto implica que si el Gobierno decide hacer una recogida en masa de la oposición, la Iglesia se va a poner al lado del Gobierno. Porque ya, de hecho, se está poniendo.

Nosotros estamos tratando, por todos los medios, de evitar que esto se convierta en un problema netamente político. Más de lo que lo ha politizado la Iglesia, con las palabras del cardenal en televisión, con la posición tan fea que tuvo monseñor Emilio Aranguren en Holguín. Parecía que Emilio tenía puesta una sotana verde-olivo. Es inconcebible que esto suceda. Lo que no podemos es ayudar a que se encienda más el fuego de la Iglesia Católica contra los disidentes.

Oswaldo Payá:

La Iglesia es de todos y somos todos, dentro de la libertad de los hijos de Dios que incluye la diversidad política de sus miembros. Por eso no es prudente que en sus templos, en sus cultos, en sus publicaciones y en sus estructuras pastorales o de otro tipo, se busquen espacios para demandas políticas aunque estas sean legítimas; ni que nadie desde posiciones de ventaja, se apropie de la voz de la Iglesia en sus publicaciones y eventos para promover sus posiciones políticas a favor del Gobierno, ni para excluir en sus estructuras pastorales y actividades a los que luchan en la sociedad por los derechos y la libertad de los cubanos.

Deseamos y esperamos que esta situación, producida porque algunos ciudadanos, con el objetivo de demandar cambios políticos y derechos, se han instalado pacíficamente en templos o han intentado hacerlo, se solucione sin represalias, prontamente, pacíficamente y mediante el diálogo.

Antonio G. Rodiles:

La ocupación de la iglesia por parte de un grupo de opositores puede tener múltiples lecturas. No creo en una conspiración orquestada para crear un ambiente negativo ante la visita del Papa; particularmente tampoco haría una acción de este tipo, pero es comprensible que la situación de desespero y frustración de muchos cubanos los empuje a realizar acciones como esta.

La jerarquía eclesiástica ha prestado muy poca atención a los legítimos reclamos de muchos actores de la sociedad civil, y era de esperar que se manifestara de alguna manera el rechazo ante esta indiferencia. La iglesia católica debe escuchar el mensaje que hay más allá del propio hecho de la toma de este templo y debe entender que la legitimidad en Cuba está en el soberano y el soberano es el cubano, ese que cada día a día ve aplastados sus derechos más fundamentales por un gobierno totalitario que se muestra insaciable frente al poder.

Es hora que todos los actores muestren humildad y un verdadero interés en solucionar la profunda crisis cubana.