Sábado, 24 de Septiembre de 2016
22:18 CEST.
Opinión

La maquinaria de la información

Nadie niega que los grandes medios de información, sobre todo los que tienen alcance mundial, reflejen a menudo influencias de los círculos de poder económico-político que lideran, planifican y provocan los principales acontecimientos internacionales. Pero también es verdad que nadie puede controlar toda la información global. Y los ciudadanos que están hoy de cara a internet y a los medios de todo tipo cuentan con una gama infinita de contrastes, posiciones, puntos de vista y opciones que permiten tener una visión de los hechos maravillosamente rica.

Los cubanos, que vivimos bajo un gobierno de ideología cerrada que controla todos los medios internos (prensa, radio, televisión y hasta etc…), nos perdemos la posibilidad de ver todo el espectro de ideas de la actualidad y no alcanzamos a disfrutar de la sensación de ser ciudadanos del mundo. Aquí la información es otra cosa: es ilegal, deshonrosa, inútil y banal para el hombre común; es peligrosa, subversiva y dañina para la salud de las mentes.

Sobre este tema en concreto un panel de jóvenes discutimos puntos de vista en uno de los ya imprescindibles Estados de Sats. Pero ni en años de análisis pudiera reflejarse todo lo complejo que es este tema en Cuba. Aquí se hacen malabares con la información y las noticias. Y se ha desarrollado toda una industria que involucra a todas las instituciones, organizaciones y personas que pueden emitir cualquier tipo de contenidos dirigidos al pueblo.

Nada sale por un micrófono, una pantalla o un papel impreso que no haya sido analizado y aprobado por verdaderos especialistas en doctrina que tienen muy claro (porque así se lo han hecho saber desde arriba) cuáles son los objetivos que se persiguen, cuáles son los estados de opinión que hace falta lograr respecto a determinados temas, e incluso cuál es el ánimo que hay que provocar en la población en días cercanos a tal fecha o en contextos especiales de la política del país.

En función de esto se mueve toda la maquinaria. Y cada periodista, comentarista, locutor e incluso los supuestos entrevistados que salen por los medios han sido meticulosamente escogidos de entre los que opinan para, con una opinión muy particular, hacer ver un estado "general" de aprobación o de condena según convenga para cada cosa.

Así por ejemplo si se va a "opinar" sobre alguna medida adoptada por el Estado, ya se sabe que todos los entrevistados hablarán maravillas al respecto pero, para que la regla no sea tan evidente, dentro de las intervenciones siempre alguien hará alguna leve crítica a la calidad o la disponibilidad de las cosas, y dirá: "bueno, hay que decir que no estamos conformes con lo que hemos logrado, porque sabemos que aún quedan insuficiencias, pero pensamos seguir trabajando para en un futuro tener los resultados que esperamos y a los que estamos convocados por la máxima dirección del país".

Sin embargo, esta metodología no queda reservada para el ambiente interno. Lo mejor es cuando se trata de personas en el exterior opinando sobre temas de Cuba. Las personas que normalmente emiten esas opiniones están condicionadas principalmente por la influencia y el impacto que tuvo el triunfo de la revolución cubana en el contexto de su momento y las medidas que se tomaron cuando aquí había revolución; así como por las acciones que Cuba se desvive por hacer para mantener la imagen exterior que conserva a los ojos de muchos románticos izquierdistas. Normalmente, cumplen el perfil para hablar con la prensa cubana las personas claramente izquierdistas, a veces dirigentes de partidos socialistas o comunistas que tienen veinte miembros en su país y a lo máximo algún diputado en el congreso. La TV cubana los mostrará hablando por todo el país elogiando a diestra y siniestra lo que se hace en Cuba. Y nos venderá a esas personas como "eminentes personalidades", que difícilmente se equivocan cuando opinan sobre un tema.

Ninguna de esas personas que idolatran al gobierno de Cuba vivirían un solo mes con un empleo y una libreta de racionamiento de las que tenemos nosotros. Ninguno subiría (ni amarrado) en un "transporte" de los nuestros. Ninguno viviría un solo día en una "casa" de yagua, piso de tierra y un hoyo en la tierra donde hacen sus necesidades a la intemperie muchos cubanos que conozco de los campos donde nací y otros a los que he visto en las periferias y hasta en el centro de cualquier ciudad. Ninguno de esos simpatizantes se comería la pasta rara y mal oliente que con el nombre de "picadillo", después de una brutal cola, puedes comprar en la bodega. Ninguno se resignaría a no poder viajar nunca porque ni en cientos de años podrían ahorrar con un salario cubano lo que vale un billete de avión y mucho menos faltándote tantas cosas para vivir, principalmente la comida. Ninguno podría llevar una vida ajena totalmente de internet y de todas las tecnologías y accesos que para ellos son normales.

La mayoría de los que alaban el sistema cubano se refieren aburrida y recurrentemente al tema de la salud y la educación que, amén del montón de problemas que ambas cosas presentan en Cuba, es cierto que el acceso de la población a estos servicios es mejor que en muchos otros países. Pero de lo que no se dan cuenta estos eternos aduladores es de que la mayoría de nosotros pasamos tal vez menos del uno porciento de nuestras vidas dentro del aula o de un hospital, y el otro más del noventa y nueve porciento del tiempo estamos careciendo de absolutamente todo lo que una persona puede necesitar para vivir, alimentos, ropa, zapatos, vivienda, equipos electrodomésticos para el hogar, transporte, infraestructuras, oportunidades, información, libertad.

La actualidad mundial en los medios cubanos

Los medios en Cuba reflejan los hechos de una forma totalmente distinta a como los refleja todo el mundo, y ocultan información que es vital para entender esos sucesos. Durante el conflicto en Libia, nuestros medios mostraban a Gadafi como un legítimo buen líder que era apoyado totalmente por su pueblo, y todos estaban en contra de los "mercenarios, traidores e insurgentes". Jamás tuvimos acceso a la información que cualquiera en el mundo conocía sobre el estado de derecho en Libia, ni sobre lo que hacía Gadafi y su familia con las riquezas del país, ni sobre sus exóticos estilos de vida (era la Lady Gaga de los jefes de estado). Tampoco supimos nunca lo que planteaban los sublevados.

Luego los hechos desmintieron con creces las afirmaciones de nuestros medios: ni el pueblo quería a nada a Gadafi ni los valerosos jóvenes rebeldes estaban tan equivocados. Hoy Cuba hace un silencio total sobre el estado de Libia y solo la menciona para hablar del método de EE UU para deponer gobiernos "establecidos por el pueblo".

Por otro lado, se califica el apoyo a los rebeldes como una intromisión en los asuntos internos. Entonces hay que recordar que Cuba se entrometió en los asuntos internos de unos cuantos países, haciendo exactamente lo mismo, entrenando guerrillas, financiando y armando ejércitos clandestinos y enviando tropas y armamento.

Ahora ocurre, en los medios cubanos, algo parecido con Siria, y el tema atómico de Irán. Y no estoy diciendo para nada que haya que repetir sin cuestionar lo que diga Occidente o lo que diga el gobierno de EE UU, ni creo que lo justo sea tomar parte absoluta en ningún sentido de los conflictos, porque en estos casos suele pasar que hay razones y puntos de vista en todas direcciones. Pero Cuba se empeña en ocultar la información, los debates, los argumentos, de todos los que considera enemigos y solo anuncia sin cesar lo que plantea el gobierno del país "amigo" en cuestión y lo que dice algún ciudadano que apoya a dicho gobierno (que siempre habrán en todas partes, como es lógico), pero esa no es toda la realidad y nuestro pueblo lo que necesita es tener la mayor cantidad y variedad de información para entender qué es lo que está pasando realmente.

Ante las resoluciones de la asamblea general de la ONU sobre Siria, los medios cubanos hablan de una confabulación internacional contra el gobierno de ese país, y muestra las opiniones rusas, chinas y venezolanas al respecto, como si estos tres países fueran los únicos que hablaran y argumentaran su posición al respecto. Pero, ¿por qué no ponen también los discursos de los países que votaron a favor de la resolución, que fueron la gran mayoría?

Este marco de desinformación o de "información sumamente selectiva", que es lo mismo, da la oportunidad a algunos "preclaros" de hacer análisis futuristas que no son más que combinación de informaciones que están disponibles en internet para cualquiera en buena parte del mundo, y esas "brillantes conclusiones" las podría sacar cualquier niño cubano que tuviera los accesos y privilegios de información que esos brillantes especialistas tienen.

Los dirigentes cubanos especulan con la información a la que acceden del mismo modo que especulan con casi todo lo que prohíben al pueblo. Evitan a toda costa que los cubanos accedan a la información porque quieren que la gente se concentre en trabajar "cada quien en lo que le corresponde", mientras que ellos se encargan de informarnos. Y para ello invierten millones en mecanismos, sistemas, personas y equipos de control de las ideas y de las mentes.

Todo esto responde a una dura realidad de la que urge darse cuenta: los que viven a sus anchas del poder, no lo sueltan hasta que la gente no se lo quite, y antes de irse definitivamente, acaban con unos cuantos, acaban con todo si es necesario.