Sábado, 1 de Octubre de 2016
21:53 CEST.
Opinión

El Mincult a bolina

¿Qué explica la designación de Rafael Bernal como ministro de Cultura? ¿Cuáles cambios son inminentes para el sector? ¿Qué pueden esperar los artistas y escritores cubanos residentes en el país de la nueva política, derivada de la crisis económica y de las aperturas al trabajo privado y al capital extranjero? ¿Cuáles rumores llegan?

Armando Hart y Abel Prieto son dos intelectuales. Por supuesto: filotiránicos, con lo que implica de fanatismo y fronteras mentales. Rafael Bernal es un administrador, si se quiere un tecnócrata. Recuerdo cuando El Gallego Fernández lo promovió a viceministro de Enseñanza Tecnológica, antes de que se lo asignaran a Prieto para dirigir el sistema de escuelas de arte y demás tareas ejecutivas —no creativas— del Ministerio de Cultura.

Lo obvio: Abel Prieto, de estar enfermo, no lo está más que los octogenarios líderes cuajados de achaques y dolencias. La sustitución obedece a otra causa: la necesidad de minimizar el Ministerio de Cultura, integrarlo a un Ministerio de Educación que comprenda el de Enseñanza Superior y el INDER, con lo que se reduciría la burocracia, las asignaciones de recursos y demás gastos que el arruinado país no puede sostener.

La otra variante es que no se integre al Ministerio de Educación, como cuando Batista, que era la Dirección de Cultura, sino al de Turismo. Por lo menos habrá menos escasez de recursos para músicos del folclor y bailadores de rumba. Pero es poco probable, porque podría excluir las escuelas de arte y las instituciones emblemáticas a mantener con ayuda de la UNESCO y fundaciones internacionales: el Museo Nacional, la Biblioteca Nacional José Martí, el Ballet…

En cualquier caso, no se necesita, más bien molesta, tener al frente a un intelectual, sea un atorrante como Hart o un hipocondríaco como Prieto, un hermano de su hermano como Rojas o un amante de las élites intelectuales de los Estados Unidos, sobre todo newyorquinas, como Miguel Barnet.

Lo necesario es un Rafael Bernal, con el cual no se pueda discutir nada porque la cultura artística y literaria es ajena a su vocación, a sus estudios. Solo trata de cumplir lo "bajado", lo que el ministro Muriño exige que se ahorre. Y se acabó. Aunque me parece más inteligente —en su tipo de inteligencia— que Prieto, según los recuerdos y conversaciones que guardo de ambos.

Además, no creo que Prieto Jr. sea del agrado de Raúl Castro. Un lector de las Memorias de Adriano —leí una dedicatoria suya del preciado libro, regalado al entonces general Rogelio Acevedo— y tomador del mejor vodka helado del planeta como es Raúl Castro, amigo de Alfredo Guevara y de ironías sutiles, acostumbrado a las normas de urbanidad de la clase media santiaguera, que su difunta esposa supo enseñar, poco tiene que ver con un "asere literato" bebedor de guayabita del pinar o ron a granel, con la careta del "cheísmo" culterano, gozador del chiste machista; que se disfraza de "guapo" para ocultar su origen "bitongo"; muy para su suerte hijo de un pedagogo, por cierto humillado y defenestrado por El Gallego Fernández, que además odiaba y prohibía las melenas, los Beatles, lo que no fuera cuadrarse.

A lo que se añade —la sustitución era previsible desde que Machado Ventura asumió como segundo al mando— que Prieto se llevaba muy bien, demasiado bien, con Pérez Roque, Lage y el ingenuo grupito que aspiraba a gobernar. Más su cercanía al Castro mayor, hoy tolerada pero incómoda, porque rompe la estructura piramidal de poder, porque la subordinación es un asunto familiar, entre Fidel y el eterno hermano menor. Nadie más.

El Mincult estorba. Un ministro de Cultura del ramo o del giro, pues mucho más. De pronto desaparece la posibilidad para escritores y artistas, para profesores y animadores de la cultura, de tener un interlocutor gubernamental. A llorar a la UNEAC, a la Brigada Hermanos Saíz, a la calle que se pondrá más dura, entre timbiriches, corrupciones y violencia.

Apenas hay dinero para comprar arroz en Estados Unidos… ¿Con qué se sienta la jicotea de un Estado en bancarrota para mantener los estipendios en CUC a las "personalidades relevantes de la cultura", a los premios nacionales; para subvencionar grupos de teatro, coros, bibliotecas públicas, ediciones de libro, instituciones musicales, titiriteros, concursos?

La solución es diabólica, valga la redundancia con quien la ha tomado. Raúl Castro es diestro y muy siniestro en clausurar, cerrar, como hiciera —cito un solo ejemplo— con el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y su revista Pensamiento Crítico, cuando se impuso la sovietización. Lo que ha dejado de existir no puede ser conflictivo, disidente.

Él sabe, él dejará ese otro trabajo al Partido y sobre todo a la Contrainteligencia o G2. No hay con qué seguirle disparando a la barriga a los intelectuales, a artistas y escritores —como aconsejaba Porfirio Díaz—, porque no hay qué disparar. Tan abrumadoramente sencillo.

Pero hay un ángulo positivo dentro de todo esto, porque el cambio viene acompañado de ciertas autorizaciones… Aquí se cumple lo de "No hay mal que por bien no venga". Es parte del proceso de privatizaciones, de propiciar la pequeña empresa agrícola, industrial o de servicios. Un camino inevitable, pero arduo y de enormes desigualdades, que recuerda la república de los años 40 o 50, pero sin sociedad civil ni riqueza acumulada, sin una dinámica económica eficaz.

Un actor de visita en Miami me contó que se rumora la autorización a grupos de teatro no estatales, que de hecho existen en algunas iglesias. Hace años que muchos músicos imparten clases particulares de guitarra, piano, solfeo… Las galerías de arte sin dependencia estatal son un hecho, como los mercados de artesanías y baratijas para turistas. Faltarían las editoriales privadas, hoy facilitadas por las revistas y textos en soporte digital. Librerías de segunda mano hay bastantes, apenas haría falta incluir los escasos libros que se publican… En fin: privatizar los servicios culturales como política oficial.

¡Sálvese quien pueda! O mejor: quien venda su mercancía, llene carpas de gente, garantice el bailable, viaje y regrese cargado, pague impuestos… Pequeñas empresas culturales proliferarán desde Baracoa hasta Guane.

¿Qué exquisita poeta o genial pintor de poca suerte en los mercados internacionales, podrá decirle a Bernal que es mejor al ingeniero sembrador de boniato en su parcela arrendada, al médico que fumiga a domicilio, al militar jubilado que ahora tiene su paladar? Se burlará de ellos... Y lo peor: tendrán que seguir aplaudiendo y moviendo la banderita. Cuidadito con salirse del plato. Bien triste, aunque merecido para los oportunistas.

Porque lo demás lo hará el Partido, la Seguridad del Estado, las Brigadas de Respuesta Rápida, la policía antimotines. Para lo demás —piensa el Castro menor— siempre habrá recursos, ayudados por el miedo histórico, por la puta Historia.