Domingo, 25 de Septiembre de 2016
00:15 CEST.
Opinión

La perestroika silenciosa

Gracias a la previsora custodia de un vecino, quien los guardó celosamente durante años, he podido adquirir cuantiosos números de la revista soviética Tiempos Nuevos, proclamada en su momento como la publicación de la glasnost y la perestroika.

Revisando algunos artículos, queda claro que la revista tiene más que decirle a los cubanos hoy, que hace veintidós años, cuando fue publicada. Y es que en sus páginas hay textos de una agudeza crítica tal, que herirían la sensibilidad de no pocos periodistas "educados en el culto a la autoridad", al decir de un economista soviético en un artículo.

En los textos de Tiempos Nuevos no se intentan solucionar los problemas sociales con frases y clichés sacados de manuales de ideología marxista-leninista —como ocurre todavía en la más audaz de las páginas de crítica social del diario Granma, "Cartas a la dirección", donde se defiende una lógica puramente liberal utilizando argumentos que parecen tributar al socialismo utópico—, sino mostrar la pluralidad social y política con toda la franqueza y objetividad posibles.

El espíritu de democracia, el diálogo plurinacional, la apertura ideológica, el debate político y la expansión crítica son tan palpables en las páginas de esta revista soviética, que los periodistas parecen historiadores de un tiempo ya superado, como si ellos no estuvieran participando de él, sino que lo miraran en lontananza.

No se habla en el lenguaje arcaico de revolucionarios y contrarrevolucionarios, sino de comunistas, socialdemócratas, nacionalistas, reformadores, conservadores, feministas, en secciones vivamente interesantes, como "Punto de vista", "Discusión", "Polémica", "Criterio del jurista", "Movimientos sociales", "Derechos humanos", "Economía", "Ecología" y "Los manuscritos no arden", entre otras. Además, hay zonas de la revista dedicadas al análisis internacional y al de las relaciones bilaterales.

Para ilustrar ese lenguaje libertario y sin tapujos, reproduzco el programa de un movimiento denominado Acción Cívica que, dentro de la sección "Movimientos Sociales", expone su programa de reformas al país:

Acción Cívica se propone como medidas primordiales:

[…]

2. Atajar todo monopolio, ante todo del Estado, de los medios de producción y pasar a una economía de mercado moderna, basada en la emulación de distintas formas de propiedad y un sistema eficiente de protección social.

3. Entregar la tierra en posesión hereditaria o en propiedad a quienes la trabajan.

4. Separar del Estado y de la economía al PCUS y a la ideología partidaria, crear un sistema multipartidista e igualar en los derechos al PCUS con otras organizaciones políticas.

5. Asegurar la pluralidad de formas de vida espiritual y social.

6. Realizar una reforma democrática en el ejército.

7. Privar al KGB de sus funciones de policía política secreta.

Finalmente, firman la Declaración "diputados populares de la URSS, personalidades de la ciencia, la cultura y la religión", y aparecen debajo 26 nombres.

Aunque muchas de esas medidas no hayan pasado de la intención abstracta y humanitaria de un grupo de organizaciones y ciudadanos, lo importante es que se puso de manifiesto una intención política, que pretendía el uso de medios pacíficos para sanear una sociedad que colapsaba tras más de siete décadas de régimen comunista.

Bancarrota y desaparición del centralismo

Tras el eufemismo de "actualización del modelo económico" cubano se oculta la conciencia de una necesidad ineludible de tránsito hacia el capitalismo. Pero la pregunta es: ¿hacia cuál capitalismo? ¿Uno de élites corruptas y de hegemonía absoluta del partido comunista, al estilo chino, o uno de aperturas democráticas y libertades cívicas?

Como bien ha afirmado la blogera Yoani Sánchez, ya estamos en transición, solo que en una transición solapada, como demuestran las medidas reformistas que ha estado implementando Raúl Castro desde que asumió la presidencia en 2008, e incluso desde antes: la política de "perfeccionamiento empresarial" en cuantas empresas del Estado sea posible, la entrega en usufructo de tierras ociosas a los campesinos, la legalización extensiva de pequeños negocios vinculados a los servicios básicos (llamados trabajos por cuenta propia), la venta liberada de materiales de la construcción a la ciudadanía, el derecho de los campesinos a vender el excedente de la producción que fue pactado con el Estado a empresas que paguen en moneda fuerte (v.g. hoteles, paladares), la reinstauración de los preuniversitarios urbanos en septiembre de 2010 (luego de demostrarse con creces el fracaso del modelo guevariano de las escuelas al campo, aunque muchas aún subsisten), y las leyes de compraventa de carros y de casas.

Todas esas medidas apuntan hacia el perfil difuso de un nuevo modelo económico y político, y sobre todo —y esto es lo más importante— revelan dos situaciones insoslayables: la bancarrota de las arcas del Estado, y la tenue disipación del modelo económico centralizado, que ojalá se extienda paulatinamente hacia el reconocimiento de la diversidad política.

'Perestroika' quizás, 'glasnot' no

Mientras que en la Unión Soviética la transición se canalizó en dos vertientes, una socioeconómica llamada perestroika o reconstrucción, y otra política, que fue acuñada como glasnost o transparencia, la cual velaba por que se discutieran abiertamente los problemas sociales, sin que tuvieran que pasar por el tamiz estrecho de la estructuración ideológica de base comunista, en Cuba se están dando pasos (tímidos, es cierto) en la primera dirección, pero ninguno en la segunda, y en el mejor de los casos, se aplica una política de recelosa permisión, sujeta a vigilancia, o de una tolerancia amenazadora.

Se reitera que si no se permiten críticas abiertas al gobierno y sus dirigentes, es por una "cuestión de seguridad nacional"; cierto, aunque rectificaría la última palabra, y diría que es por una cuestión de seguridad personal, o familiar; o para decirlo en términos marxistas, para conservar la hegemonía de una clase.

Si —de acuerdo a Hegel— la fuerza primordial que guía al espíritu humano es la libertad, entonces a los cubanos nos espera un vasto horizonte que reclama el sendero de sus huellas, y, como dijera un personaje de Las mil y una noches, si le huyes al destino, éste te perseguirá. La transición hacia un capitalismo democrático se hará de todas formas, más tarde o más temprano, a pesar de los eufemismos y la desinformación, de la inconsciencia cívica y las clases demagógicas, de la represión y la desesperanza pasajera. Séneca lo plasmó en una frase maravillosa: Ducunt volentem fata, nolentem trahunt, "Los hados conducen a quien lo desea; al que no, lo llevan a rastras".