Viernes, 30 de Septiembre de 2016
01:27 CEST.
Opinión

¿Por qué falta una silla en la Cumbre de las Américas?

El quebrantamiento de la Constitución de la República de Cuba en fecha tan temprana como febrero de 1959 —precisamente por quienes dijeron luchar por restaurarla, sustituyéndola por un cuerpo legal acomodadizo— cumple por estos días 53 años.

El término "acomodadizo" empleado para calificar a la Ley Fundamental que modificó a la Constitución de 1940, una de las más progresistas de su tiempo, para nada la tergiversa si nos atenemos a los hechos. Porque la susodicha Ley Fundamental, impresa en la Gaceta Oficial de la República de Cuba el 7 de febrero de 1959, a solo 30 días de la entrada de Fidel Castro a La Habana, apenas duró una semana.

"Me trasladé a la imprenta y allí dispuse que fueran destruidos todos los ejemplares y se iniciara una nueva edición", relató en sus memorias el doctor Luis M. Buch Rodríguez, secretario del Consejo de Ministros. Esto ocurría el 13 de febrero de 1959.

¿Qué condujo a las llamas a un texto supuestamente constitucional, todavía con la tinta fresca? Pues un concepto de fondo, determinante del poder político. El Artículo 154 de la Constitución de 1940 disponía: "El Consejo de Ministros será presidido por el presidente de la República. Cuando el presidente no asista a las sesiones del Consejo, lo presidirá el primer ministro. El primer ministro representará la política general del Gobierno y a éste ante el Congreso".

Tal enunciado estaba bien para una nación donde el presidente de la República no fuese una mera figura decorativa y ejerciera el poder ejecutivo como jefe de Estado. Pero no era el caso de la Cuba por venir: el 16 de febrero de 1959 Fidel Castro ocuparía el cargo de primer ministro y, para tal investidura, requeriría nada menos que el control directo de la política general de la República. Un requisito así fue lo que hizo que durara solamente 6 días, y sin salir de la imprenta, la Ley Fundamental modificativa de la Constitución de 1940.

Cumplido el requisito planteado por el nuevo primer ministro, el Artículo 146 de la segunda versión de la Ley Fundamental, cuyo carácter provisional se prolongaría 17 años, hasta el 24 de febrero de 1976, conceptuaba: "Corresponderá al primer ministro dirigir la política general del Gobierno, despachar con el presidente de la República los asuntos administrativos y, acompañado de los ministros, los propios de los respectivos departamentos".

Y alguien tan poco sospechoso de disidencia como el doctor Buch Rodríguez comentó el cambio de esta manera: "Como se puede apreciar, no es lo mismo representar que dirigir, en virtud de este cambio el primer ministro se convirtió en jefe político del Gobierno".

La historia constitucional de Cuba se remonta al 10 de abril de 1869, cuando la República en Armas adoptó en Guáimaro la primera Carta Magna. Dicho documento establecía limitaciones a la Cámara de Representantes para suprimir las libertades de culto, imprenta, reunión, enseñanza, petición o cualquier otro derecho ciudadano. Se iniciaba así el reconocimiento de los derechos civiles y de las garantías constitucionales para todos los cubanos. Cabe preguntarse entonces, a la vista de esos antecedentes nacionales, mediante cuáles procedimientos comenzó a cambiarse el articulado de la Constitución al concluir la lucha armada y retornar la nación al orden constitucional.

Dejemos que sea el entonces primer ministro quien responda a la pregunta. El 17 de diciembre de 1975, en el informe central al I Congreso del Partido Comunista, al referirse a la venidera Constitución de 1976 en sustitución de la vieja Ley Fundamental "con incontables modificaciones y remiendos", Fidel Castro expresó que "tales modificaciones se hacían por el simple expediente de un acuerdo del Consejo de Ministros, en virtud de una cláusula añadida a la misma por la Revolución victoriosa".

Sin comentarios. La Constitución vigente hoy por "simple expediente" tampoco prevé que el cargo de presidente de la República sea electo por sufragio universal igual, directo y secreto para un período de solo cuatro años, sin que pueda desempeñar la presidencia hasta pasados ocho años de haber cesado en la misma, tal como conceptuaba la Constitución de 1940.

Hoy, a 53 años del quebrantamiento constitucional perpetrado para asentar al régimen que desde entonces lleva las riendas de la Isla, el presidente ecuatoriano Rafael Correa ha llamado a boicotear a la Cumbre de las Américas si La Habana no está presente en esa cita continental. El presidente Correa conoce perfectamente los preceptos para la asistencia a esa convención, y cabe preguntarse cuán enterado está de la historia de Cuba o cuán honestas son sus intenciones, al punto de emplazar a un grupo de naciones como si invitara a un círculo de íntimos a una excursión dominical.

Bastaría preguntarse si, de haber nacido en Cuba, los señores Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega o Evo Morales habrían llegado a presidentes. Porque hay acá gente con mucho más talento que no ha llegado ni a ministros. Y por supuesto, si como oficial de las Fuerzas Armadas de Cuba el teniente coronel Hugo Chávez hubiera intentado dar un golpe de Estado al entonces presidente Fidel Castro, o al actual presidente del Consejo del Estado, general Raúl Castro, ya no viviría para contarlo.