Martes, 27 de Septiembre de 2016
16:54 CEST.
Opinión

¿Son nuestros dirigentes menos geniales y respetuosos que Chávez?

Hace unos días, mientras escuchaba una reflexión del compañero Fidel que era leída en el noticiero estelar de la TV, sentí unas ganas enormes de poder llamarlo por teléfono para conversar sobre el asunto del cual escribió. De hecho hay una infinidad de temas de los cuales me encantaría saber exactamente cuál es su criterio, porque a menudo me asalta la duda de si los principales dirigentes cubanos tienen una visión para todo dependiendo de si el asunto en cuestión es dentro de Cuba o fuera de Cuba.

La reflexión, titulada "La genialidad de Chávez", exaltaba muchísimo el hecho de que Chávez hubiese logrado que en la asamblea nacional venezolana estuvieran representados todos los sectores y entes pensantes del país, incluyendo su más ferviente oposición, y que los representantes de ésta pudieran hablarle al duro y sin guantes durante un intercambio ocurrido en la rendición de cuentas de Chávez  ante este órgano de la nación.

Fidel dice que Chávez los escuchó a todos, incluido a una joven que, entre otras cosas, llegó a llamarlo ladrón. Y que Chávez respondió en cada caso con elegancia y educación, lo cual hizo evidente su madurez política y su genialidad.

A mi también me hubiera encantado tener la posibilidad de ver ese debate en mi televisor, y estoy seguro de que a miles o millones de cubanos también. Sobre todo a los que nos gusta formarnos criterios propios sobre los fenómenos de todo tipo que ocurren a nuestro alrededor y sobre las personas que tienen que ver con ellos. Pero me quedé con una curiosidad tremenda de saber qué dijeron esos representantes de una parte del pueblo de Venezuela, y qué les respondió en concreto su presidente.

Creo, sin embargo, que todos esos representantes en desacuerdo con la gestión de Chávez no están presentes allí porque a él en lo personal le parezca bien o se sienta cómodo al respecto. Creo que lo que se evidencia allí es que el pueblo de Venezuela, al igual que la mayoría de los pueblos del mundo, ya cuentan con experiencia y madurez democrática suficiente para entender y defender el hecho de que en el parlamento de la nación deben tener voz todos los ciudadanos. Pues saben que cuando una sola tendencia ideológica  se apodera de ese importante órgano, la vida política de un país desfallece.

Estoy convencido de que si Chávez  pudiera tener en Venezuela un parlamento a imagen de él mismo como el que existe en Cuba, lo tuviera. De hecho, creo que ya lo ha intentado, pero recuerdo (de cuando todavía podía consultar algo de internet)  que algunas etiquetas le decían "Chávez: ¿qué parte del NO, no entendiste?", y a me parece que algo entendió él.

Si Fidel cree que es legítimo (y hasta hermoso) ver cómo un presidente escucha y responde con respeto a  los ciudadanos que no piensan igual que él, ¿por qué entonces no aplica la misma lógica en Cuba?

Miles de ciudadanos cubanos de todos los municipios del país tenemos cosas diferentes que expresar en nuestro parlamento, tenemos propuestas diferentes que hacerle al pueblo de Cuba para que éste decida soberanamente si las implementa o no. ¿Permitirán alguna vez los comunistas que alguien más hable en el parlamento de este país?

Hoy en Cuba todo el que quiera opinar y participar en la política de la nación y no repita el canto del PCC tiene que inventarse las mil y una musarañas para emitir la información que a menudo solo puede salir al exterior y luego, algún día y de algún modo, venir de rebote a Cuba para que, con suerte algunos podrán leerla, verla u oírla. Y para impedir este proceso se gastan millones de dólares en personal y técnicas que impiden la comunicación. Todos esos millones y disgustos pudieran evitarse con el hecho de asumir una mínima democracia en la práctica política que permita que cada cual se exprese legalmente y pueda hacer uso de los medios que financia el pueblo del cual formamos parte.

En Cuba, a lo largo de estos cincuenta años, muchos han sido los que, en diferentes escenarios, han planteado cosas menos graves que el tildar de ladrón a algún alto dirigente del país, y es conocido que a corto, mediano o largo plazo, la suerte de quienes han emitido esas opiniones han sido muy diferentes a la de esa diputada venezolana. ¿Será que nuestros dirigentes no son tan geniales, elegantes y respetuosos como Chávez?

Posiblemente sea sí, pero creo que la responsabilidad es de mi pueblo, que, a veces confundido, a veces temeroso o apático, jamás ha dejado claro a los dirigentes del país hasta dónde pueden llegar, algo que ya, en parte, ha hecho el pueblo venezolano.