Martes, 27 de Septiembre de 2016
01:21 CEST.
Crónica: I Conferencia del PCC

Temores hechos realidad

Los últimos acontecimientos políticos en mi país me han dejado sin aliento.

Muchos creyeron que Raúl Castro aprovecharía el marco de aparente reflexión y análisis creado por él mismo para emprender un camino que lenta o rápidamente conduciría a una apertura de la sociedad, una vía que, a su vez, serviría de base para la democracia y el bienestar del futuro.

Yo sospechaba algo terrible: que Raúl Castro no estaba autorizado a llevar a cabo cambios sustanciales. Y que en algún momento, cuando las condiciones fueran propicias, recogería los escasos metros de cordel que le había dado al pueblo para reafirmar sin lugar a dudas que, en lo político (que es al final lo que decide todo lo demás) no habrá cambios (mejoras) mientras el mismo grupo que gobierna desde hace más de 50 años esté en el poder.

Hace varios días me percaté de lo muy en serio que se habían tomado los medios de transmisión de propaganda masiva la cuestión de "crear un clima de máxima confianza". Cada vez más se transmitían materiales de los miles que se han creado para revolver los sentimientos de la gente, mostrando hasta el cansancio "la maravillosa obra de la revolución con Fidel joven al frente haciendo gala de un carisma conquistador". Ya a nadie le quedan lágrimas después de ver durante años los mismos videos y grabaciones recombinados y editados en formas infinitas.

El caso es que noté que algo se estaba cocinando. No era tampoco casualidad que se mejorara un tilín la estafa estatal que representa la telefonía móvil en nuestro país. Un par de resoluciones que disminuyeron el precio de los mensajes y eximieron de pago al que recibe la llamada a partir de febrero próximo se hicieron públicas hace unos días. Todo con el fin de disminuir el impacto que produciría saber que la esperadísima conferencia del PCC no tenía nada que ofrecer en un contexto en que la situación económica y social en todos los sentidos va de mal en peor.

Es difícil saber qué conejo le quedará por sacar del sombrero a este gobierno. Los negocios por cuenta propia —al menos para la gran mayoría al menos en mi radio de visión—, no le han funcionado a casi nadie. Cada vez es menor el poder adquisitivo de la gente común, de los trabajadores, y más complicada aún es la situación de los cientos de miles desempleados, quienes atraviesan necesidades similares o peores a las del periodo especial.

Ya se ha perdido toda esperanza en la capacidad de cambio que podía tener este sistema. El discurso de Raúl, para muchos suicida, ha sepultado la ilusión de una cantidad de cubanos difícil de imaginar.

Luego de escuchar su extensa y vacía alocución, salí por el barrio para conversar acerca del tema. Quería confrontar ideas, saber si yo era el único que no había escuchado nada en concreto que diera algo de luz a nuestro porvenir. Para mi sorpresa, al preguntar en varias casas "¿Qué te pareció el discurso?", me respondían coincidentemente: "¿Qué discurso?". El de Raúl en la Conferencia del PCC, les decía, y las respuestas eran las mismas: "Ah no, ni idea, yo no veo esa mierda, estoy viendo El barco —una serie española—. ¿Quieres que te la copie?".

¿Cómo es posible que tanta gente sea ya indiferente a lo que diga o deje de decir el presidente del país? Parece que de tanto esperar, confiar, soñar y no ver nada distinto, novedoso, real, creíble, la gente, sencillamente, se desconecta, se rinde mentalmente, y hasta en algunos casos muestra de dientes hacia afuera una felicidad fingida, basada en la conformidad total, en la anulación de toda expectativa de progreso.

Perdido a cientos de kilómetros de donde se toman las decisiones, trato de fortalecer mi psiquis, de no desconectarme, de estar despierto mientras muchos duermen, de estar sobrio mientras tantos se emborrachan para enajenarse de la realidad.

Quizás hoy no, pero mañana o algún día, luego de tanto vigilar y pensar, encontraré la manera de acabar con esta somnolencia, esta borrachera, esta conducta zombi que nos mata a todos antes de morir.