Jueves, 29 de Septiembre de 2016
01:28 CEST.
Opinión

La 'violencia doméstica' de las dictaduras

La elite gobernante en Cuba ha intentado ser novedosa en la argumentación que ofrece sobre la muerte del opositor Wilman Villar, el último de trece presos políticos que, desde 1959, decidieron llevar una huelga de hambre hasta el martirologio.

Los usuales argumentos de que estas personas incómodas son en realidad terroristas y mercenarios fueron esta vez suplantados por la acusación de que Wilman era un redomado machista que ejercía la violencia doméstica contra su esposa.

Quizás consideraron que de ese modo le hacen la defensa del crimen más fácil a aquellas extranjeras que siguen creyendo en la bondad del sistema cubano desde sus cómodas residencias a miles de kilómetros de distancia.

Puede que hayan pensado que de ese modo apaciguarían a la Presidenta de Brasil —ya próxima a visitar la Isla— que ha hecho explícito su rechazo a las políticas de lapidar mujeres "infieles" en Irán sin importarle los devaneos de su predecesor con el régimen de los Ayatolas. Imaginen al canciller cubano explicándole a Dilma Rousseff: "Pues sí, querida compañera Presidenta, estos elementos no solo son mercenarios y terroristas del imperialismo, sino además machistas violentos".

Resulta interesante el súbito interés sobre el tema de la violencia doméstica de un gobierno que se ha negado a debatirlo con transparencia o revelar estadísticas al respecto. El poner el dedo en esa llaga fue uno de los asuntos que más dolores de cabeza les trajo a un honesto grupo no gubernamental de comunicadoras —casi todas comunistas— llamado MAGIN, al que le ordenaron disolverse disciplinadamente. No sabemos si la acusación por violencia doméstica interpuesta en una ocasión contra Wilman Villar por su suegra —que luego retiró— tenía base real (la suegra tiene de pareja a un oficial del Ministerio del Interior y la esposa de Wilman niega que haya sucedido) o si la llevó a cabo siguiendo instrucciones gubernamentales (o ambas cosas).

Pero si el gobierno cubano entiende que ha llegado la hora de analizar el tema quizás se abra finalmente una causa legal contra un famoso boxeador, devenido representante político, que atentó fallidamente contra su esposa colocando un explosivo en el carro. O contra un alto dirigente y oficial de las fuerzas del "orden" que disparó contra la suya. ¿Por qué un infeliz obrero de Contramaestre tiene que ser tomado como paradigma de un problema nacional hasta ahora barrido bajo la piadosa alfombra del paraíso socialista y sus "solidarios" simpatizantes extranjeros? Demasiado injusto.

Pero si de "violencia doméstica" se trata, ¿qué pudiera decirse de un régimen que afirma sin pudor que los abusos contra sus ciudadanos son un tema de soberanía doméstica en el que todo comentario es una injerencia exterior? ¿No es acaso curioso que todos los gobiernos "abusadores" —de Franco a Pinochet; de Sadat al régimen cubano— practican la violencia como política doméstica y se encolerizan cuando alguien se "entromete" en lo que consideran un asunto "interno"? ¿Acaso no es legítimo desnudar y poner coto a la violencia doméstica de las dictaduras contra ciudadanos con vocación libertaria?