Sábado, 1 de Octubre de 2016
20:32 CEST.
Opinión

Lamigueiro y la desinformación

The Washington Post hizo un favor al diplomático Juan Lamigueiro León al no publicar su réplica a editorial de fin de año sobre Cuba.

El segundo jefe de la oficina de intereses de Cuba en Washington, Juan Lamigueiro León, lleva toda la razón al aseverar por carta al WP que se "desinforma" a los lectores describiendo a "Los Cinco" como "espías (…) que infiltraban instalaciones militares en el sur de la Florida". Tal misión se encomendó a la Red Avispa, como consta en sus comunicaciones con el "Centro" en La Habana, pero solo uno de "Los Cinco", Antonio Guerrero (Lorient), logró colarse en la base aérea de Boca Chica (Cayo Hueso).

Además de emplearse allí, Lorient buscaba trabajo en el cuartel general de las Fuerzas Especiales del ejército estadounidense (Fort Benning, Georgia). Otro de "Los Cinco", el oficial Ramón Labañino (Allan), montó un centro de escucha cerca de la base aérea de MacDill (Tampa), pero no procuró trabajo allí: mandó a que lo hiciera el agente George Garí (Luis), quien falló en el intento. Allan mandó también a los esposos Amarylis Silverio (Julia) y Joseph Santos (Mario) a solicitar empleo en la sede del Comando Sur (Florida).

Joseph Santos confesó en juicio haber sido entrenado especialmente para vigilar instalaciones militares. Su misión iba a ser en Puerto Rico, pero cambió al trasladarse (1995) el Comando Sur de Panamá a Florida. Aquí ni él ni su esposa consiguieron trabajo: se contentaron con tomar unas 130 fotos del cuartel y sus alrededores. Entretanto, la pareja de "avispas" Linda (Judith) y Nilo (Manolo) Hernández, informaba sobre el movimiento de aviones en la base aérea de Homestead (Florida).

No son 5, sino 25, los agentes y oficiales identificados de la Red Avispa, pero Lamigueiro no tiene por qué dar esa información. Menos aún si es precisa otra vuelta al monigote del mensajero culpable: "Estados Unidos pagó de forma secreta a periodistas para que escribieran artículos acusadores durante el periodo en que transcurrió el juicio, afectando de esta manera el derecho de los acusados a un juicio justo".

Los pagos de la entidad gubernamental Radio y TV Martí a periodistas de medios privados de Miami nunca tuvieron nada de secreto: todo el mundo sabía quiénes colaboraban con y —por supuesto— cobraran en Radio y TV Martí. Tampoco Lamigueiro tiene que informar que, en la época (1998-2001) del proceso contra "Los Cinco", ni Radio Martí se escuchaba en Florida ni TV Martí se veía (como en ninguna otra parte). Habría que demostrar que Radio y TV Martí pagaba a ciertos periodistas miamenses no por sus colaboraciones, sino por los trabajos que hacían sobre "Los Cinco" en virtud de las obligaciones laborales como plantilla de sus respectivos medios hispanos, desde El Nuevo Herald, pasando por televisoras y radioemisoras, hasta el Diario de las Américas. Ni qué decir de la influencia que podrían haber ejercido estos periodistas en el jurado de tres afroamericanos, cinco latinos, tres anglos y un norteamericano de origen filipino, quienes por unanimidad declararon culpables a "Los Cinco". Lamigueiro no sabe siquiera quiénes de esos 12 jurados no entendían español.

Para abogar por la libertad de "Los Cinco" no hace falta sostener el absurdo de que, siendo agentes de inteligencia cubanos, se infiltraron en el imperio, pero no son espías. Ya se urdió hasta la desvergüenza de que Paul McKenna, el hábil abogado defensor de  Gerardo Hernández (Giro), fue su "peor enemigo en juicio". Lamigueiro debiera agradecer que WP no publicara su carta, porque mucha más gente se habría dado cuenta de que sigue la rima. Y muchas más gente se habría preguntado entonces si esos "artículos acusadores" fueron pura invención de periodistas a sueldo o simple derivación de informaciones servidas en bandeja de plata por las demás "avispas" que no son "Los Cinco". Antes que enzarzarse con el WP y periodistas de Miami, Lamigueiro debía más bien desmentir a esas "avispas" que soltaron la lengua y, sobre todo, acreditar que más de 300 discos copiados por el FBI de la computadora de Giro "desinforman".