Martes, 27 de Septiembre de 2016
19:54 CEST.
Opinión

La gente quiere movilizarse (II)

Todos los preparativos para aplastar cualquier manifestación popular que se produzca  de los que hablé en la primera parte de este artículo no servirían absolutamente de nada si las autoridades cubanas no contaran con su arma fundamental: la capacidad de confundir a la gente. De poner los unos contra los otros, en defensa de los intocables.

En Cuba, la mayoría de las personas  no tiene acceso a información fresca y coherente de diferentes fuentes sobre lo que sucede en el país. La mayoría vive en una agónica e infinita confusión mental, y eso no es producto de la casualidad. Así está pensado. Así está demostrado que las personas no actúan racionalmente, sino como los que las confunden quieren: eso funciona.

Por ejemplo, hace unos días pude escuchar en la televisión acerca de "los hechos de Tarará". Donde un grupo de "contrarrevolucionarios" asaltaron durante la noche un puesto fronterizo con el objetivo de robar un barco para llegar a EE UU y asesinaron a varios agentes del MININT. Los ladrones, y más aun los que están dispuestos a asesinar a seres humanos para lograr sus propósitos, son seres abominables y debe caer sobre ellos, estén del lado que estén, todo el peso de la ley. Pero sería ingenuo no notar el énfasis que al recordar el triste suceso se hace en la palabra "contrarrevolucionarios" y en ningún momento se menciona la palabra "delincuentes".

¿Será que cuando se usa la primera no es necesario usar la segunda? ¿Será que son equivalentes? No, no lo son, pero el gobierno quiere que lo sean. Porque es fundamental que cuando se hable de Yoani Sánchez o de cualquier persona que pacíficamente exprese sus ideas no acordes con la oficialidad, la gente al escuchar la palabra "contrarrevolucionario" recuerde de facto (como un acto reflejo) los hechos de Tarará y tantos otros. Y entonces, en consecuencia, grite, golpee, reprima, tire piedras… delinca.

Es por eso que todavía algunas personas se prestan para esos juegos diabólicos como son los actos de repudio; sin conocer a veces en lo más mínimo a la persona, al ser humano, que por órdenes de alguien, están repudiando. Aunque también hay que reconocer que en ocasiones puede encontrarse en esos grupos gente con antecedentes penales participando en un acto contra un ciudadano que no tiene ninguno. Pero al Estado eso no le importa, todo el que se sume a gritar es bienvenido y, a lo mejor si se exalta  sobremanera hasta quedarse ronco, puede ganar un diploma.

En Cuba hay cientos, tal vez miles de cuadros del PCC y altos funcionarios administrativos, a los que se les ha probado que han robado al pueblo miles de pesos y recursos de todo tipo para su enriquecimiento personal. Han cometido estafa, falsificación y "la madre de los tomates"… Y jamás he oído que alguien les hace un acto de repudio. ¿Es que "el sensible pueblo de Cuba" no se siente amenazado por esos individuos y solo odia a muerte a los que publican artículos como este?

¿Cuáles son los verdaderos enemigos del pueblo: los que salen a la calle a exigir que se respeten sus derechos (los de todos nosotros) o los que le roban todos los días amparados y escondidos detrás de un cargo oficial?

Este tema es infinito, podría llevar a la discusión de quién es un revolucionario: el que reprime las ideas o el que las tiene y las defiende… Pero prefiero concentrarme en las preguntas que dejé sin responder en la primera parte de este artículo.  

¿Cuál es la mejor manera de comenzar un proceso mediante el cual el pueblo exija al gobierno, franca y directamente, los cambios que desea? ¿Quién o quienes deben organizar y liderar este proceso?

Las dos preguntas tienen mucho que ver, por eso pienso que pueden abordarse juntas. En primer lugar, creo que todos los que de forma independiente, u organizados de alguna manera, intentan ganar un espacio (al cual siempre han tenido derecho) para poder participar de la vida pública y hacer valer sus demandas ciudadanas, son admirables y merecen respeto.

Y no dudo que los que vienen jugando un papel en este sentido desde hace años tengan un peso en los acontecimientos contemporáneos que vivimos en el país. Es más, estoy seguro de que esa influencia existe. Pero quiero llamar la atención sobre un aspecto que tal vez muchos subestiman, y que podríamos llamar "espacios cerrados".

Los espacios cerrados son aquellos escenarios donde los funcionarios del gobierno y del partido reinan a su antojo. Son felices allí, sin oposición, sin contestones, sin problemas de ninguna índole, para extenderse a su antojo hablando de cuánta cosa se les ocurra. Algunos de estos espacios vedados son las reuniones, concejos, asambleas, congresos, etc.

Un hombre del PCC, al cual respeto mucho y admiro, buen padre y amigo, que vio el video de SATS donde participé (el hijo se lo puso y lo conminó a verlo), me dijo: "Eliécer, tengo en el pecho una punzada que anoche no me dejó dormir, ¡tú me has desgraciado la vida coño! Hasta ayer yo nunca me había cuestionado lo que habíamos hecho. Tú me has hecho pensar y darme cuenta de lo mucho que nos hemos equivocado; no en una cosa ni dos, sino en casi todo. Ya yo estoy viejo y "cansao", espero que Raúl, que está más joven y saludable, se dé cuenta y haga algo. Ustedes se parecen a nosotros cuando éramos jóvenes". 

¿Cómo es posible que un simple video pueda transformar una mentalidad creada con 50 años de férrea y científica propaganda? Yo creo al respecto en lo que plantea mi amigo Antonio Rodiles: "la gente tiene un raciocinio, nosotros tenemos que ser muy maduros, responsables y trabajar duro por crear verdaderas propuestas sólidas en lo económico esencialmente, pero también en lo político y lo social. Para dejarle claro a todos que existe un camino inteligente y próspero que podemos transitar, y que no es la muerte lo que obligatoriamente nos toca después del 'socialismo', como nos han hecho creer siempre".

De eso se trata. Nuestra sociedad está llena de personas inteligentes, científicos, profesores, artistas… Hombres honrados, en general, que están despertando y están dentro del sistema. Y desde ahí también se puede hacer insostenible la mentira.

Si un campesino no se deja "meter el pie" en su asamblea y reclama su derecho a producir lo que entienda conveniente para su economía familiar, exige comercializar libremente sus productos en cualquier parte del país, o del mundo y no quiere que el Estado continúe apropiándose de su trabajo, de su riqueza, a cambio de "regalarle" miserias…

Si un profesor "se planta" en su reunión y no está dispuesto a seguir trabajando como un mulo por 20 CUC al mes, pues necesita ropa, comida para su familia, medios para cultivarse, etc…

Si un deportista decide que tomar las riendas de su vida y ejercer su derecho natural de jugar o competir en los eventos que quiera, donde él quiera o tenga la posibilidad, y asume que nadie puede encarcelarlo en Cuba…

Si un periodista se para en su consejo de redacción y deja claro que nadie lo va a apartar jamás de lo que es en verdad ser un periodista. Nadie lo obligará a alabar al régimen cada día como una forma de publicar sus trabajos…

Si un estudiante no está dispuesto a que se le deforme su conciencia a base de leer "clásicos" de dos o tres personas desactualizadas. Y exige como único modelo de formación la cultura universal y los elementos que de todo el mundo se han dado sobre todas las cosas…

Si en cada "lugar cerrado" hay al menos una persona informada que no le permite a nadie ponerse a inflar globos y seguir jugando con la paciencia y burlándose de la inteligencia de la gente, retrasando y obstruyendo las soluciones definitivas de las cosas….

Si todas esas posibilidades se cumplen, los burócratas no encontrarían tan allanado su camino, quedaría destruido su medio ambiente y su especie no tendría otra opción que extinguirse... o adaptarse.

Aun cuando estamos privados en nuestro país del acceso a los medios de comunicación, aun cuando organizarse aquí sea una odisea, aun cuando el Estado gaste millones en propaganda, salarios y medios de todo tipo para evitar que la gente vea la luz, es imprescindible seguir innovando y creando soluciones de la nada para hacer lo que en definitiva importa: decirle cosas al pueblo.

Conversar con el pueblo, de frente, y siempre que sea posible sin odio en el corazón, porque el resentimiento se ve, se nota, asusta a unos cuantos y, además, quita brillo a los argumentos, que por sí mismos bastan para convencer a todo el que no esté demasiado enfermo o incapacitado para razonar.

Y a los que cada día me preguntan qué pueden hacer para ayudar, les digo que busquen incesantemente la información, que si les llega un video o un artículo, o lo que sea, lo pasen a todos los que puedan.

Que hagan grupos de amigos en los que se sienten a conversar sobre todos los temas importantes de nuestra actualidad y analicen a fondo las ideas que surgen de los jóvenes revolucionarios de hoy y los no tan jóvenes, y las comparen con las que propone el Estado, sacando por ustedes mismos sus conclusiones. Y, sobre todo, que no tengan miedo a expresar lo que sienten y piensan en ningún escenario, por muy complicado que este sea.

Les parecerá una locura o una contradicción a muchos, pero la verdad es que: lo que Cuba necesita hoy es un montón de verdaderos revolucionarios.

Termino aclarando que no se renuncia a la organización política, tan necesaria para llevar adelante las luchas cívicas en cualquier lugar y contexto. Las circunstancias dirán cuando apelar a ella.