Lunes, 26 de Septiembre de 2016
19:11 CEST.
Opinión

Conga y aguas turbias

Si los dirigentes latinoamericanos que recibieron esta semana como un combatiente por la libertad a Mahmud Ahmadineyad querían ayudarlo a lavarse la cara lo más notorio que consiguieron fue ensuciar las aguas de las jofainas que pusieron a su disposición. Y, además, el viaje y la categoría del huésped les sirvió para enseñar otra vez el desprecio que sienten por los pueblos que deben representar y defender.

El paseo por Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador puede haber enviado a los iraníes el mensaje patético de que todavía, en algún sitio en el mundo, se recibe con banderas y canciones a un hombre que promueve el terrorismo y los atentados suicidas como métodos de lucha revolucionaria.

El gesto de abrir esos países para darle un enjuague es también un desafío a la comunidad de naciones que muestran todos los días su preocupación y sus temores ante la posibilidad de que el gobernante Ahmadineyad utilice el programa nuclear de Teherán para convertir a su país en un almacén de bombas atómicas.

En Venezuela, Nicaragua y Ecuador, con gobiernos bien encarrilados en el totalitarismo pero con espacios aún para la prensa, la ciudadanía se pudo actualizar sobre la trayectoria del visitante que regresa emocionado a los brazos de los viejos camaradas. Los partidos opositores, los empresarios, los medios independientes tuvieron la posibilidad de retocar el retrato del viajero, un señor que, en 2011, ejecutó a unos 600 ciudadanos y es, según Amnistía Internacional, un represor severo de las libertades fundamentales.

Como en Cuba nadie que no sea del aparato de gobierno tiene oportunidad de publicar en los panfletos estatales, quienes saben algo del iraní son los campeones de la onda corta, algunos de los que tienen antenas clandestinas y una parte del dos por ciento con acceso a Internet.

Con medio siglo de visitas como esta los cubanos asumieron el viaje aferrados a la filosofía de la indiferencia que les enseñó hace años un grupo de hombres y mujeres de Santiago de Cuba obligados a esperar durante horas en un aeropuerto al líder africano Julius Neyrere.

Los santiagueros le dieron la bienvenida al huésped con una conga sazonada con ron y hastío que marcaba el ritmo de los tambores con este estribillo: "Nyerere, Nyerere, benimo a berte sin saber quién ere."

 


Este artículo apareció originalmente en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.