Domingo, 25 de Septiembre de 2016
09:56 CEST.
Opinión

¿Fidel, salvador del mundo?

Si hay  alguien que no debe presentarse como un filántropo amante del género humano que  lucha por evitar una posible guerra global atómica devastadora, ése  se llama Fidel Castro Ruz, el  hombre que  en octubre de 1962 propuso al primer ministro  Nikita Jruschov que la Unión Soviética  lanzara un primer golpe atómico  contra Estados Unidos, en un acto de irresponsabilidad inaudita como jefe de Estado.

Sin embargo, el aún activo comandante en materia política internacional  —recibe a presidentes en su residencia— en sus "reflexiones"  asume ese  papel de cancerbero de la paz mundial y advierte sobre los  peligros de  una conflagración atómica  provocada por Israel o Estados Unidos y no por Irán, cuyo presidente visitará la Habana próximamente.

En su reciente artículo  titulado La marcha hacia el abismo, luego de afirmar que Washington y sus "poderosos e incondicionales aliados" conducen al mundo a una catástrofe atómica, Castro destaca que "es deber elemental de todas las personas serias y cuerdas, que son millones, luchar para posponer y, tal vez impedir, ese dramático y cercano acontecimiento en el mundo actual".

Tan mala memoria no tiene la comunidad  mundial como para olvidar que fue Castro quien  autorizó a Moscú a emplazar en territorio cubano decenas  de  misiles  SS-4 y SS-5, estos últimos con alcance de hasta 5.000 kilómetros, y que  le sugirió  al  líder soviético que  lanzara sus cohetes intercontinentales nucleares contra el territorio estadounidense. Es el único humano que sugirió algo así jamás.

A cambio de aquella irresponsable decisión, Castro de hecho comprometió a la URSS  a que mantuviera económicamente su  régimen  marxista-leninista  de por vida,  lo "protegiera" de un posible ataque de EE.UU, pero  convirtió a Cuba en el único país de América Latina con armas nucleares, con lo cual colocó al pueblo cubano  —sin comerla ni beberla, como se dice en criollo— en el  centro de la confrontación  Este-Oeste.

Quienes en Cuba vivimos "en directo" la Crisis de Octubre,  como se le llamó en la Isla, recordamos que Castro  declaró en la TV que la nación cubana estaba dispuesta a inmolarse en un infierno atómico antes de ceder a las presiones "yanquis" para que fuesen retirados de Cuba  los cohetes nucleares soviéticos,  si antes EE.UU no se retiraba de la base naval de Guantánamo (uno de los llamados "Cinco Puntos de Fidel"). Y  al  acordar el presidente John F. Kennedy  y  Jruschov la retirada de los misiles se corrió la voz de que fue el propio Castro quien lanzó, o alentó,  una frase que se repetía de San Antonio a Maisí:  "Nikita, mariquita, lo que se da no se quita".

No somos  pocos los que al emigrar nos hemos quedados  asombrados  al  descubrir en artículos, documentos de archivos, películas  y  documentales,  cuán cerca estuvo  realmente  el mundo de una guerra atómica que pudo haber significado la desaparición del pueblo cubano y un holocausto para la civilización toda.

Al insinuar que son Israel  o Estados Unidos quienes pueden causar una guerra nuclear, incluso contra Rusia, Castro  intenta  aliviar las presiones  contra  su aliado Irán encaminadas a impedir que construya bombas  atómicas.   Con esas armas Teherán  sí sería un gran peligro planetario, pues  el presidente persa, Mahmaoud Ahmadinejad, insiste en que  hay que "borrar a Israel de la faz de la Tierra".  

Fidel manipula la realidad. En primer lugar, un ataque contra Irán, por parte de Israel o EE UU  para destruir sus instalaciones nucleares no sería atómico, sino convencional. El eventual ataque  tendría lugar antes de que Irán tuviese  armas nucleares.  Y no es lógico que a un ataque con armas convencionales  alguna  potencia nuclear  que saliese  en defensa del régimen de los ayatolas responda  con una agresión atómica  contra Israel  o EE UU, incluido Pakistán, la única nación musulmana  con bombas  atómicas.

En caso de un golpe  nuclear de Irán  contra Israel,  sí cabría esperar  una respuesta nuclear de Israel, si  conservase esa capacidad, o  incluso de EE UU,  aunque menos  probable.  Aun así es muy difícil suponer que entonces Moscú y Beijing  atacarían a EE UU o Europa en solidaridad con Irán.

Primer golpe atómico

Con respecto a  al  "altruismo" de Fidel para evitar la guerra, vale la pena repasar un poco la historia. En octubre de 1992 asistí como periodista  a una conferencia  en La Habana convocada  por  él al cumplirse 30 años de la Crisis de los Misiles. Entre los participantes estaban  Robert McNamara, secretario de Defensa de Estados Unidos en 1962;  Arthur Schlesinger  y  Richard Goodwin, asesores  del presidente  Kennedy;  el general  William Smith,  coordinador de las fuerzas  de EE UU declaradas en alerta nuclear;  dos altos jefes de la CIA;  los generales  Anatoly Gribkov, jefe de  las fuerzas soviéticas en Cuba,  y  Georgi  Voronkov,  jefe de las baterías de cohetes antiaéreos soviéticos SAM  en la Isla;   Serguei  Jruschov, hijo del  gobernante soviético e  historiador  que conservaba documentos muy reveladores de su padre;  y  varios generales cubanos.

En un momento de la conferencia, McNamara le pidió a Castro que comentara algo sobre la sugerencia que le hizo a Jruschov  de que Moscú debía dar el primer golpe atómico.

Castro, muy molesto,  y haciendo un esfuerzo para no dar puñetazos en la mesa,  respondió:  "Eso es falso". Dijo  que eso era  una  tergiversación de los hechos  por parte de los medios occidentales.  Pero seguidamente se contradijo al admitir que él  envió con el embajador soviético en Cuba, Alexei  Alexéiev,  una carta a Jruschov  en la que le dijo que si  EEUU invadía a Cuba  la guerra nuclear era inevitable y que, por lo tanto,  la URSS debía dar el primer golpe nuclear  antes de que lo hiciera EE UU.

McNamara  respondió  que  haber  lanzado  ojivas nucleares contra  EEUU  en respuesta a una invasión convencional  a Cuba  habría sido una respuesta   desproporcionada que desataría una guerra nuclear apocalíptica que habría acabado con los cubanos.

El dictador  ripostó que la "dirigencia cubana" (léase Castro) consideraba  que una invasión  a Cuba era el comienzo de la Tercer Guerra Mundial, que la URSS debía atacar primero, y que el pueblo cubano estaba dispuesto a desaparecer.

Tres días después de recibir la carta, el 30 de octubre de 1962,  en una reunión en el Kremlin con una delegación de Checoslovaquia, Jruschov  mostró su asombro acerca de que "seamos nosotros los primeros en iniciar una guerra atómica". Cuando el  líder soviético publicó sus memorias  luego de ser destituido en 1964, señaló:  "Solo una persona que no tiene idea de lo que significa una guerra nuclear , o  que está enceguecida por la pasión revolucionaria, como sucede con Fidel Castro, puede hablar de ese modo…"

En resumen, Fidel Castro no tiene mucha credibilidad que digamos como luchador por la paz.