Domingo, 25 de Septiembre de 2016
00:15 CEST.
Opinión

La gente quiere movilizarse

Hace ya algún tiempo se respira en la calle un aire diferente. Cada vez más personas, jóvenes en su mayoría, ni siquiera disimulan en su lenguaje cotidiano los deseos de movilizarse para lograr lo que necesitamos: "¡Chama!, ¿Cuándo hacemos algo serio?", me dicen algunos con rostros muy firmes…

Creo que entienden por algo "serio" alguna acción en concreto que nos ponga en pie de lucha contra el sistema. Asumo en casi todos los casos que no se refieren a una lucha armada, sino a las acciones de reclamo popular que las masas han empleado desde siempre: manifestaciones, huelgas, paros laborales, mítines y, más recientemente, toda la gama de oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para librar, a través de la red, estas "batallas".

Todas estas intenciones responden a que una buena parte de los cubanos ya ha superado la etapa en la que se hace conciencia de la necesidad de cambios urgentes y profundos en nuestra sociedad y ha alcanzado una madurez superior en la que se asume que la velocidad en la toma de decisiones, así como la implementación de las medidas gubernamentales, no se ajustan a lo que el pueblo quiere y necesita. Por tanto, es indispensable presionar con más fuerza y determinación desde una vanguardia civil.

En este contexto es razonable hacerse un grupo de preguntas: ¿Cuál es la mejor manera de comenzar un proceso mediante el cual el pueblo le exija al gobierno franca y directamente los cambios que desea? ¿Quién o quiénes deben organizar y liderar este proceso? ¿De qué forma y utilizando qué medios de comunicación? ¿Qué actitud asumiría el gobierno si comenzara en Cuba una ola de manifestaciones populares?

Para analizar estas cuestiones pudiéramos empezar por el final. Yo creo que es seguro que el gobierno tiene previsto desde siempre y de muchas maneras un posible escenario en el que ocurran levantamientos populares, ya sea en la capital o en cualquier oscuro rincón del país.

Ya alguna vez en la historia de estos más de 50 años personas de manera individual, pequeños o grandes grupos intentaron manifestarse y la respuesta siempre fue la misma. Las tácticas empleadas por el gobierno para sofocar de inmediato el desarrollo de estos eventos han sido la utilización de sus fuerzas oficiales directamente o, más comúnmente, a través de grupos organizados por ellos mismos para estos fines. O sea, para hacerles su trabajo. Pero llama la atención la magnitud de la fuerza que se emplea para enfrentar manifestaciones casi insignificantes, (exceptuando tal vez los hechos de 1994 en los alrededores del Malecón de La Habana).

Reitero entonces la pregunta: ¿Qué actitud asumiría el gobierno si comenzara en Cuba una ola de manifestaciones populares?

Muchos creen que se acabaría el teatro y la verdadera cara del gobierno militar quedaría al descubierto. Se actuaría de la misma forma que han actuado todos los regímenes totalitarios cuando han visto amenazado su poder. Los experimentos comunistas sobre todo tienen una historia común en ese sentido. Tiene que ver con el hecho de que, al estar prohibidas las manifestaciones para reclamar cualquier cosa (medida, ley, etc…), cuando se manifiestan los pueblos que viven bajo estos regímenes es porque ya el objetivo de esas manifestaciones es acabar con el sistema y dar un giro total a la situación del país.

El gobierno cubano sabe esto perfectamente. Y, aunque como es lógico se mantienen en secreto los detalles de los planes de contingencia, hay cosas que ya están claras: primeramente que el país cuenta con todo el equipamiento necesario para la lucha antimotines y ya ha hecho algunos "despliegues ensayo" donde se ha podido apreciar que la intención es prepararse para hechos de envergadura.

Hace poco pude conocer de una fuente confiable que en Puerto Padre se organizó una fuerza llamada Brigada de Infantería Terrestre. Este grupo de personas (unas trescientas, no precisamente gente culta ni preparada en su mayoría) fue movilizado por las FAR para recibir un curso teórico-práctico relacionado con la defensa; pero a la altura de la conferencia número 4, los sorprendió la presencia de un oficial del MININT que vino a impartir una clase magistral acerca de cómo reprimir manifestaciones.

La primera frase de aquel oficial entendido en la materia fue: "Ustedes han podido ver que en el mundo hay países que se están haciendo ingobernables, ¿no? Pues bien, ¡¡¡hay que gobernarlos!!!"

Seguramente se refería a los recientes hechos revolucionarios en países árabes. El oficial continuó: "aquí también puede pasar que los yanquis paguen a un grupo de gente para que salgan a la calle, y en ese momento hay que ser mas rápidos y efectivos que ellos para que no logren sus propósitos".

Es sumamente importante notar en este discurso que no se deja espacio ni opción alguna al hecho de que los cubanos, producto de la situación económica, política o social del país, se manifiesten por voluntad propia.

Según sus palabras debemos entender que no existe la posibilidad ni remota de que alguien salga a la calle a reclamar absolutamente nada, excepto, que sea pagado por los yanquis. Ese es el único caso posible.

A partir de ese punto, el maestro enseñó a los expectantes alumnos, técnicas de golpe, bloqueo, control, defensa en cordones, etc…

Esta brigada formada y entrenada en Puerto Padre actuaría en el vecino municipio de Manatí. Siguiendo este principio, si hay "líos" en Puerto Padre, vendrán de algún lugar personas entrenadas a golpearnos acá. Así se evita que la gente se conozca y el factor piedad se reduce al mínimo.