Lunes, 26 de Septiembre de 2016
02:28 CEST.
Opinión

Los caminos del General

Los derroteros del gobierno cubano son unas líneas de tránsito que se bifurcan, si tenemos en cuenta que el año acaba de comenzar. Con más deseos de llamar a filas a los descarriados que de implementar política económica alguna, el 28 de enero se estará celebrando la Primera Conferencia Nacional del PCC.

A finales de marzo, sonaja y rosario en mano, el General-Presidente recibirá la venia de las autoridades vaticanas, y a mediados de año estará una vez más en la picota pública, con o sin las promesas cumplidas. Cuba mirará entonces cómo se desvanecen nuevamente los sueños y las demandas.

En un giro que se venía venir, la dirigencia castrista la ha emprendido contra sí misma. Contra las plantillas infladas, la corrupción administrativa y la ineficiencia económica. Los tres flagelos capitales de la sociedad cubana han sido expuestos en sendas reuniones públicas: el congreso de los comunistas y la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional.

Habría que ver si los tecnócratas cubanos están dispuestos a cambiar la mentalidad y desterrar sus furias contra los emprendedores de siempre. Mientras la dirección histórica se aferra a las viejas artes de ordeno y mando, miles de cubanos intentan salir adelante vendiendo lo cosechado por ellos mismos, ofreciéndose como trabajadores de servicio o poniendo su talento a favor de las nuevas tecnologías.

Sin embargo, entusiasmos aparte, todavía pesa sobre la mayoría de los cubanos la penalización de la diferencia, un rastrillo contra la libre asociación y sindicalización, y leyes como la de la Peligrosidad Social, que tal parece datan del Medioevo.

Aún sin poder defender sus más elementales derechos, la ciudadanía cubana de inicios de milenio está entrampada en las golosinas del capitalismo y la civilización que les han puesto delante. Producen divisas de las que no pueden gozar libremente. Sustituyen importaciones por servicios médicos de los que escasamente pueden disfrutar y, encima, cargan con el peso de la culpa de los errores de una dirigencia senil.

Las fuerzas más moderadas entre esa dirigencia (no siempre visibles) apuestan por un cambio de tácticas y por una estrategia razonable que apunte al bienestar ciudadano. Un consenso mayoritario de los trabajadores ha demostrado el cansancio producido por las consignas y la ineficacia de los compromisos.

Las críticas de Raúl Castro y de los opositores del gobierno van a chocar contra la tendencia acomodaticia de los burócratas. Intentando impregnar de un sello de solidarios sempiternos a los cubanos, la máxima dirigencia los priva de servicios de salud que se ven obligados a servir a sus pares tercermundistas.

A estas alturas muchos se preguntan por la relación entre la estadística brindada en Cuba de 4,9 niños fallecidos por cada mil nacidos vivos y el hecho de no hacer públicas las cifras en el recorte del presupuesto de la salud pública. ¿Podrá mantenerse esa estadística pese a los recortes? A la conocida argucia de "botar la casa por la ventana" se imponen las necesidades, debido a un depauperado sistema de atención primaria.

A la pregunta de si era militante (claro, del PCC), un conocido profesor de la Universidad de Oriente respondió: "¡No, soy culpable!". El chiste ha trascendido los predios universitarios e ilustra la desilusón de esa "minoría" (a decir de Rafael Rojas) que, de fuerza política de vanguardia, ha transmutado en achaque de la sociedad.