Domingo, 25 de Septiembre de 2016
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Encuesta

Lo mejor de tu año (XIII)

María Elena Hernández Caballero: En tierras bajas (Siruela, 2009) de Herta Müller

Una amiga de paso por Buenos Aires me dejó de regalo el primer libro de la ganadora del premio Nobel de Literatura Herta Müller. Tardé cerca de dos meses en decidirme por él. Cuando finalmente lo tomé, todavía tenía cierto recelo, no porque desconfiara de la elección de mi amiga, sino tal vez porque recordé mis últimas lecturas de algún que otro Nobel. Ya en la primera página, con el relato "La oración fúnebre", mi absurda resistencia cayó rendida ante la indignación poética de su prosa atrapante, perturbadora.

Una niña nos quita el velo, alucinada. Ante nosotros: la vida de una aldea alemana perdida en la Rumanía de Nicolae Ceaucescu. Allí nunca es de día ni de noche. Nada les pertenece, salvo una arrogancia ancestral. "El tren iba a la guerra", dice la niña. "Apagué el televisor. Papá yacía en su ataúd en medio de la habitación". Y más adelante: "Tu padre tiene muchos muertos en la conciencia, dijo uno de los hombrecillos borrachos. Yo le dije: estuvo en la guerra. Por cada veinte muertos le daban una condecoración. Violó a una mujer en un campo de nabos, dijo el hombrecillo. Junto con cuatro soldados más. Tu padre le puso un nabo entre las piernas".

Hay algo de Pedro Páramo en la obra Herta Müller, algo desolado que te envuelve como una maraña. Como si acercándonos  la aldea, nos acercaran el mundo. Como si aquello fuera una vida. Y el esfuerzo que cuesta esa vida.

Heriberto Hernández Medina: Cántico para la luz de otro siglo (Universal, 2011) de Roberto Méndez Martínez

Paso la mayor parte del año buscando un buen libro de poemas de un autor cubano. Este año especialmente pobre, la sorpresa fue otra de las usualmente feas ediciones de Universal. Adquirido en la mesa de "dos por diez dólares", durante la venida a menos Feria Internacional del Libro de Miami, nadie osaría comprarlo si no supiese de la usual excelencia del autor.

Cántico para la luz de otro siglo trasciende la etiqueta de "poesía mística", bajo la cual se hizo acreedor de una mención de honor en el XXX Premio Mundial Fernando Rielo. A lo largo de sus (once) poemarios anteriores hemos constatado las certezas de las que Roberto Méndez es usuario desde muy joven, o las que ha ido adquiriendo en el ejercicio consciente del oficio: sus doctas especulaciones estéticas, filosóficas y éticas, su maestría en el uso de los más variados recursos expresivos y su personal visión de lo cubano a través del lente de las más variadas tradiciones culturales.

En este libro el protagonismo de su instrumental y sus obsesiones personales es apenas perceptible. El poeta se libera de atavismos y hace el recorrido inverso, desciende el "monte Carmelo" de la excelencia literaria para buscar la perfección en la paz espiritual. "Soy más de ayer pero no más sabio", afirma, al tiempo que ruega "…déjame estar (…), en el mismo núcleo de la noche, / entre tus manos, sin preguntas ya, Señor…"; y uno siente que el poeta nos ha puesto en el lugar de Dios, que podemos, lectores y jueces supremos, decidir su suerte.

Mirta Ojito: Lost in Translation: A Life in a New Language (Penguin, 1989) de Eva Hoffman

El libro que me cautivó este año se publico hace casi 22 . Eva Hoffman es una exiliada polaca, hija de sobrevivientes del Holocausto, que vivió en Canadá y Estados Unidos, y ahora reside en Londres. Su libro me gustó porque es lírico, relevante y analítico. Pero también porque me encontré en sus páginas: como yo, Hoffman emigró de adolescente y en barco, dominó el idioma y llegó a trabajar en el New York Times. Como yo, existía en dos planos: ella y ella en inglés.

Huelga decir que me identifiqué totalmente con su lucha por dominar los imposibles verbos irregulares y las preposiciones del inglés, por entender íntima y profundamente el significado de cada palabra, de cada giro, por disfrutar el sabor de una frase bien armada en un idioma que, no importa cuántos años pasen y no importa cuántas veces use, no es mío.

El idioma es el hogar, concluye Hoffman utilizando la palabra "home". Y he aquí una de las diferencias entre mis dos idiomas: ni hogar ni casa le hacen justicia a "home", una palabra sutil cargada de emoción. Para Hoffman, la palabra imposible de traducir del polaco es "tesknota", que, dice, no es lo mismo que nostalgia. Yo tengo la suerte de que en español y en inglés nostalgia se escribe igual.

Antonio G. Rodiles: The Composer (Columbia Jazz Masterpieces, 1990) de Thelonious Monk

Hace unas semanas disfrutábamos con un grupo de amigos, entre ellos el poeta Juan Carlos Flores, de este disco  del gran Thelonious Monk. Monk ha acompañado muchas de mis noches en los últimos tiempos. Su música se mueve en un espacio atemporal donde, dentro del martilleo del piano, se deslizan pasajes suaves y continuos que cargan con un peculiar grupo de ideas. Estas ideas obligan a gravitar en ese mundo lleno de recovecos y cortes que él suele proponernos de forma tan recurrente.

Monk me deja ver con una increíble claridad que, aunque ese centro se deje bordear de todo tipo de irregularidades y matices, su simplicidad lo hace deslizarse de la manera más increíble en el tiempo, un tiempo que se le antoja maleable para terminar cubriéndonos.

Me fascina su magia, esa magia y ese misterio que tanto nos hace falta a todos.

Roberto González Echevarría: Contrabando (Letras Cubanas, 2007) de Enrique Serpa

Me había leído esta novela hace treinta años, cuando me dedicaba, al margen de mis actividades docentes —Siglo de Oro, Literatura Colonial, Teoría— a leer literatura cubana del pasado. Tenía un recuerdo borroso de la novela. Pero hace dos semanas me entero, no sé cómo, que mi colega jubilado, el hispanista Claude Fell, había publicado una traducción al francés de la obra de Serpa que estaba teniendo mucho éxito. Decidí releerla, lo que quiere decir (a estas alturas de la vida, cuando la memoria mengua) prácticamente leerla por primera vez. Cuál no sería mi agradable sorpresa al descubrir que se trata de una novela estupenda, que voy a recomendar se traduzca al inglés. Creo que es digna de una película y que ésta sería muy taquillera.

Serpa ganó con Contrabando en 1938 el Premio Nacional de Novela, y es fácil ver por qué. Es una obra que narra, con argumento tenso y bien articulado, la aventuras y desventuras de un dueño de "viveros", embarcaciones con depósitos para mantener vivo y fresco el pescado, que, impelido por la circunstancias, decide dedicarse al contrabando de ron a Estados Unidos. Son los años de la Ley Seca, y Cuba no solo era destino preferido de americanos ávidos de placeres vedados en su país, sino en fuente de suministro ilegal de alcoholes a los Estados Unidos.  El protagonista, Pablo Alonso, y su secuaz "Cornúa", que le sirve de capitán de sus veleros y que lo anima a involucrarse en el contrabando, están atrapados en conflictos laborales y económicos debidos a la pobreza imperante entre marineros y pescadores del puerto de La Habana, algunos de los cuales viven prácticamente en la indigencia.

Serpa pinta con maestría e imparcialidad las rivalidades entre comunistas y anarcosindicalistas que intervienen en la propicia situación y la angustia de hombres asediados por las necesidades de sus familias. Hay algo de Zola en todo esto, pero con una veta vanguardista que se nota en algunos juegos del lenguaje más propios de Joyce. Pero Serpa tiene su propia voz, sobre todo en los pasajes en que cuenta las lances eróticos y etílicos de Alonso, que despilfarra su fortuna en putas y tragos, y en las escenas marítimas. En éstas Serpa hace alarde de un auténtico vocabulario marino para describir el manejo de velas, sogas, y aparatos primitivos de navegación. Aquí el protagonista es Cornúa, personaje que tiene algo "hemingüeyano".

Alonso y su tripulación tienen que burlar a las autoridades cubanas y norteamericanas, que patrullan las costas de la Florida hacia las que navegan. La intriga se tensa, inclusive la de episodios que parecen tangenciales pero que Serpa integra habilidosamente al argumento, que arrastra al lector hacia un final que no voy a revelar.

 

 


 

Otras selecciones:

(I) Daína Chaviano, Jorge Camacho, Armando López, Dolan Mor y Joaquín Badajoz

(II) Francisco Morán, Lourdes Gil, Camilo Venegas, Lolita Bosch y Fausto Canel

(III) José Kozer, Enrique Collazo, Reinaldo García Ramos, Odette Casamayor y Miñuca Villaverde

(IV) Magali Alabau, Luis Alberto de Cuenca, Isis Wirth, Pablo de Cuba Soria y Yoss

(V) Regina Coyula, Abilio Estévez, Ladislao Aguado, Olvido García Valdés y Jesús Rosado

(VI) Isel Rivero, Jorge Enrique Lage, Alejandro Ríos, Irma Alfonso Rubio y Ernesto Gutiérrez Tamargo

(VII) Jorge Ignacio Pérez, José Prats Sariol, Alicia Mariño, Manuel Santayana y Alberto Lauro

(VIII) Fernando Villaverde, Andrés Reynaldo, Juan Villoro, Teresa Dovalpage y Orlando Jiménez Leal

(IX) Manuel Zayas, Reina María Rodríguez, Gerardo Muñoz, Juan Antonio García Borrero y Jorge Luis Arcos

(X) Tanya Huntington, Carlos Pintado, Amir Valle, Enrico Mario Santí y Orlando Luis Pardo Lazo

(XI) Juana Rosa Pita, Carlos Alberto Montaner, Octavio Armand, Idalia Morejón Arnaiz y Radamés Molina

(XII) Javier Cercas, Ernesto Menéndez-Conde, Edgardo Dobry, Romy Sánchez y Lorenzo García Vega