Jueves, 29 de Septiembre de 2016
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Reformas Económicas

Observando el azúcar a través de la lluvia

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Al explorar la Isla, los internautas interesados en los asuntos cubanos se habrán percatado de un detalle: los iconos de anuncio de lluvia persisten en los pronósticos meteorológicos aunque diciembre ya está por terminar.

Y no solo son pronósticos, en realidad llueve. En Cuba, más que cuatro estaciones bien definidas, cuenta con dos períodos, uno de lluvia y otro de sequía, que determinan el clima, y fundamentalmente las labores agropecuarias y, dentro de éstas, con marcada incidencia, la agroindustria azucarera.

Las lluvias de mayo y junio son decisivas para las siembras de primavera de la caña de azúcar. Pero igual ocurre con el período seco de julio y agosto, empleado éste en la preparación de tierras destinadas a las plantaciones de septiembre y octubre, llamadas acá siembras de frío. E igual podría decirse con el tiempo seco y la frescura de diciembre, que es cuando la caña madura y arranca la cosecha azucarera.

En la agroindustria del azúcar, como dice el Eclesiastés, todo tiene su tiempo y todo tiene su hora, pero este año, con no pocos campos con mal drenaje, en más de un central en la Isla se presentan contratiempos a la hora de fabricar azúcar. Por citar solo un ejemplo, aguaceros torrenciales y lloviznas intempestivas mantienen saturados los cañaverales de suelos profundos del central Antonio Guiteras, el mayor productor del país, situado en Delicias, una aldea extraviada en el oriente cubano.

En vísperas de cosecha, el exceso de humedad en los cañaverales supone no pocas dificultades, no solo industriales a corto plazo sino también agrotécnicas a breve y mediano término. Campos exuberantes pero profusamente acuosos rendirán más toneladas de caña por hectáreas, pero con menos rendimientos de azúcar por tonelada molida. Esto implica más trabajo, más salarios, más gastos de combustibles y menos utilidades, aun contando con la bonanza de los precios del azúcar.

"Con el empleo de maduradores se puede apresurar la cosecha y mejorar el rendimiento industrial, pero ese apresuramiento conlleva una madurez artificial, indeseable, ahora cuando el mercado nos impone fabricar azúcar de calidad", dijo a DIARIO DE CUBA un ingeniero químico.

Y un ingeniero agrónomo consultado dijo: "Las tierras altas con buen drenaje interno y externo eran la salvación del inicio de las zafras en épocas de lluvia como éstas, pero esos suelos, generalmente pedregosos, no aptos para la cosecha mecanizada, fueron en los que primero se eliminaron los cañaverales con la tarea Álvaro Reinoso 1, durante el mandato de Ulises (General Ulises Rosales del Toro, exjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas, devenido ministro de la industria azucarera). Ahora hay que esperar para comenzar los cortes y eso a la larga puede poner en peligro la cosecha".

Según el agrónomo, la obligada demora de la cosecha azucarera implica el peligro de una zafra prolongada hasta la segunda mitad de mayo de 2012. Para esa fecha se presentarán de nuevo las lluvias, impidiendo otra vez el corte mecanizado y contribuyendo a que importantes áreas cañeras se queden sin cosechar.

"Comenzar la zafra con el terreno todavía húmedo, además de ser una tarea casi imposible para la cosecha mecanizada, en caso de acometerla, como se ha hecho en otras ocasiones, implicaría la compactación del terreno más allá de donde las labores de subsolación pueden regenerarlo, acortando la vida útil de las plantaciones, ya de por sí cortas por factores genéticos, de plagas, del clima y del mismo laboreo", aseguró el ingeniero.

Pero las lluvias de verano prolongadas hasta finales del otoño traerán a largo plazo mayores dificultades en la agroindustria azucarera que las señaladas por los especialistas. En el norte de Las Tunas, donde (como ya apuntamos) está asentado el mayor central productor de azúcar de Cuba, llovió poco en mayo y junio. Para ser exactos, las lluvias llegaron a fines de julio; esto hizo que en la primavera de 2011 no se sembrara tanta caña como habría sido deseable para la reposición de plantaciones de bajo rendimiento.

Si no llovió suficiente en primavera, llovió demasiado en julio y agosto, malogrando la preparación de tierras para las siembras de septiembre y octubre, las de mayor rendimiento agrícola e industrial, al completar, llegada la cosecha, su ciclo biológico que es de unos dieciocho meses, período vital no conseguido con las siembras primaverales.

Por consiguiente, aunque políticos, directivos de empresas azucareras y administradores de cooperativas hablan de cumplimiento de planes y recuperación cañera, quizás al arrancar una cosecha 2012-2013, en diciembre del año próximo, no exista tanta caña de primer corte, valga decir de mayor rendimiento azucarero. Y es que una cosa es hacer planes y otra producir azúcar mientras está lloviendo.

Recorriendo centrales que ya comenzaron la molienda 2011-2012 en Ciego de Ávila, el vicepresidente Machado Ventura pedía a los trabajadores azucareros producir con mayor eficiencia. Mejor le valdría invocar al dios de la lluvia para que pare de llover. Ya en Cuba no hay cortadores ni trasbordadores de caña manuales, y aunque el agua con azúcar sabe bien, muy mal sabe el exceso de agua en la caña de azúcar.