Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Sociedad

País de locos

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La muerte de 26 enfermos mentales ocurrida el año pasado en el Hospital Psiquiátrico de La Habana planea sobre los nuevos datos que acaban de salir a la luz: los enfermos psiquiátricos se multiplicarán en Cuba por tres en las próximas décadas.

Actualmente, unas 130.000 personas padecen demencia en la Isla. Y para 2040 la cifra podría triplicarse. Impedirlo pasa por el desarrollo de un programa que incluya la prevención, educación y tratamiento de estos enfermos y sus cuidadores, en el que además juegue un rol la unión de la familia, el desarrollo de buenos hábitos de vida y el sistema de salud, según trascendió en el V Congreso Iberoamericano sobre Enfermedad de Alzheimer que sesionó en La Habana entre el 20 y el 22 de octubre, informó el periódico oficialista Juventud Rebelde.

Por su parte, la doctora Daisy Acosta, presidenta de la Asociación Mundial de Alzheimer, señaló que, a pesar de ser de ser un gran reto, Cuba puede estar preparada para enfrentar la situación, ya que ha diseñado un programa nacional en el que se implican el sistema de salud y la población.

La afirmación de Acosta, si bien esperanzadora, es algo distante de la realidad: en Cuba no existe la cantidad de especialistas necesarios para atender a tan desproporcionada cifra de pacientes urgidos de cuidados tan prolongados e individualizados. Tampoco hay en la Isla la capacidad hospitalaria suficiente en cantidad y calidad para enfermos tan frágiles.

Ya en cualquier ciudad de la Isla, grande o pequeña, no es raro encontrarse con personas dementes de ambos sexos, ancianos algunos, otros no tanto.

Mientras en La Habana concluía el V Congreso Iberoamericano sobre Alzheimer, en el mercado agropecuario de Puerto Padre, un vendedor de ajo, sin mediar palabra, extendía la mano y le entregaba un puñado a una anciana, evidentemente enajenada. "Ya se los doy sin que me los pida. Cada sábado está por aquí", dijo el vendedor.

Menos sociable o incapaz de entendérselas con sus problemas y la demencia del padre, a pocas cuadras del mercado un joven, padre de dos niñas, administrador de una panadería, inmerso en la reconstrucción de la casa familiar, derribada por el huracán Ike en 2008, gritaba a la madre, exasperado por los desvaríos del viejo: "Déjalo que se muera de hambre a ver si ya salimos de él".

Más ecuánime que el panadero es Alberto, un anciano de 85 años, que con la voz más dulce se pone a cantar a Rosalía, su esposa desde hace más de 55 abriles. "Yo te quiero, yo te quiero, tú eres mi vida y nada puede separarnos".

La improvisación parece surtir un efecto mágico en la anciana de 81 años, que calla, ensimismada, cuando hasta ese instante no cesaba de repetir "y ahora de qué vamos a vivir, y ahora de qué vamos a vivir".

En noviembre de 2010, el gobierno le retiró a los ancianos la mensualidad de asistencia social equivalente a 158 pesos.

Justo, un farmacéutico de 72 años, tiene jubilación, pero no está mejor que Rosalía. "Qué cosas… fui a preguntar por el precio de unas cabillas y ahora no recuerdo".

Con todo, las escenas de demencia más rotundas, por las confusiones que arman entre desequilibrados y cuerdos, suelen darse en las colas de las carnicerías y bodegas, cuando algunos pillos se aprovechan de los dementes y se produce la más inusitada anarquía. Quizás el pobre enfermo acierte a decir que es el último en la fila, pero ya es incapaz de decir detrás de quién le corresponde. Y tanto el sano como el demente flotan en el maremagno de las carencias de Cuba.

Todo un mosaico de enfermedades mentales, algunas con tendencias violentas en individuos aparentemente sanos, se puede encontrar en las calles del país, donde no son raros los intercambios verbales agresivos, incluso donde un maltrato de palabra concluye también siéndolo de obra aún entre familiares allegados.

¿Qué está pasando con los trastornos psíquicos en Cuba?, preguntamos a un especialista.

"No vamos a intelectualizar. Hay un hecho, la población cubana está envejecida y la demencia senil tiene su cuota, pero no hay que generalizar. Cada individuo posee características propias, lo otro es el medio en que se desenvuelve cada sujeto y la forma de encararlo. La frustración puede generar agresividad; ahora bien, si una persona se olvida de nombres, lugares, sucesos y tiene dificultad con las cosas diarias, como ir de compras, es posible que no se trate del proceso natural de envejecer, podría tratarse de la enfermedad de Alzheimer y es importante consultar a un especialista lo antes posible", dice el doctor.

Solo que en Cuba, visitar a un psiquiatra o a cualquier otro especialista, resulta un proceso engorroso, que puede dilatarse más de un mes en el supuesto caso de que se consiga cita.

Si la demencia en Cuba tiene tendencia a crecer, no puede decirse que en la Isla se esté creando la capacidad asistencial necesaria para atender la salud mental de la población.

Las imágenes de los pacientes psiquiátricos fallecidos en 2010, cual cadáveres extraídos de un campo de concentración nazi, debían mantener en alerta permanente a los cubanos, toda vez que terminar en un hospital para dementes ya no es una posibilidad remota en este país.

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