Lunes, 18 de Diciembre de 2017
10:04 CET.
Política

De Casa Marina a Casa Mariela

No había nacido todavía cuando su madre, Vilma Espín Guillois —guerrillera de la Sierra Maestra, heroína del Moncada, virtual Primera Dama de Cuba hasta su muerte en 2007— y Elena Gil Izquierdo —miembro del Partido Socialista Popular y colaboradora del Movimiento 26 de Julio durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista—concibieron un proyecto de educación de mujeres campesinas y de reeducación de prostitutas. A las campesinas se les capacitó en diversos oficios y profesiones, de las cuales las más conocidas posteriormente fueron las que se hicieron maestras, a quienes se les llamó "las makarenko", en honor al teórico ruso que inspiró dicho plan docente.

En el subprograma para las prostitutas se trató de darle opciones reales —con parámetros de ingeniería social y disciplina de milicia— a las trabajadoras del sexo de Pajarito y el barrio de Colón, a las meretrices de Santiago de Cuba, Camagüey y Pinar del Río, a las guajiritas de Remanganagua traídas a las capitales de provincia engañadas con el cuento de "trabajitos de mesera" que terminaban sobre un catre, en la esclavitud sexual y la deshonra.

En 1961 se recogió a miles de putas en aquella Cuba verde olivo y barbuda de novatadas revolucionarias, cuando yo tenía apenas 11 años y estaba a punto de partir al extranjero con 14.000 adolescentes cubanos más que se trasladaron hacia el norte, lejos y a salvo de la locura. Más o menos esa cifra —14.000— de prostitutas cubanas fueron trasladadas a los nuevos centros docentes para cubanas decentes de donde salieron poco tiempo después reeducadas y transformadas en guagüeras, costureras, asistentas escolares y directoras de tráfico.

Mariela, la segunda hija del actual presidente de Cuba, Raúl Castro, nacería el 27 de julio de 1962, ya cerrados los prostíbulos bajo el falso factum de las 100.000 prostitutas explotadas por la burguesía esbirra y el imperialismo yanqui. Nunca antes ha sido una estadística más inflada que ésta. Mariela nunca conoció la Cuba de los bayúes, aunque se dice que tanto su padre como sus tíos fueron tan putañeros como cualquier machito de barrio.

Fue en esos días cuando el Comandante en Jefe —su futuro tío— pronunció aquellas lapidarias palabras sobre la prostitución que según él, jamás volvería a la Cuba revolucionaria:

"La revolución dignifica a la mujer. A la sociedad capitalista no le importa ni la moral, ni la dignidad de las mujeres… Si para impulsar un negocio tienen que prostituir a la mujer, a ellos no les importa… Sabemos perfectamente que, en nuestro país, decenas de miles de mujeres tenían que ejercer la prostitución, tenían que trabajar en los prostíbulos, en los bares, en los casinos, en medio de la peor vulgaridad comercial. Nuestro turismo era un turismo para la prostitución. Hoy en Cuba no hay nada de eso ni lo volverá a haber nunca."

Hace apenas cinco años, cuando comenzó a hacer declaraciones públicas con cierta sensatez, quise darle el "beneficio de la duda" a esta joven sicóloga lanzada al estrellato por la recién asumida presidencia de Cuba de su padre.  Es necesario ubicar a Mariela Castro en el contexto de una familia que, a base de dar órdenes y de no sondear opiniones, nunca desarrolló un verdadero rapport con el pueblo cubano. Nadie en Cuba jamás vio a los hijos de los Castro. Sí se sabe que crecieron, vivieron y viven como príncipes herederos de una isla finca —la Sicilia del Caribe— disfrutando de cuanto lujo burgués existe en el planeta, a costilla de la libreta de racionamiento impuesta al resto de la población y la restricción de todas las libertades civiles.

Del primer heredero que se tuvo conocimiento fue de Fidelito, descendencia única del matrimonio Fidel-Mirta Díaz Balart. Se supo del joven —y dicen que brillante— físico nuclear luego de que papá lo tronara por desacuerdos mayores sobre la planta atómica en Juraguá, de tecnología rusa. La planta en Chernóbil ya había explotado, y en Cuba se atendía a miles de niños ucranianos achicharrados en la explosión. Cabe decir que tampoco se conocieron hasta hace una década a los cinco hijos de Fidel con Dalia Soto del Valle, y mucho menos a la media docena de hijos e hijas extramatrimoniales, como Alina Fernández Revuelta, a quien se le conoce a partir de su huida de Cuba y de un libro polémico. (A Dalia Soto la sacaron del escaparate cuando la campaña del niño Elián González. Fidel, el Marido Máximo, nunca la dejó ser Primera Dama.)

Algo parecido sucedió con los cuatro hijos de Vilma Espín y Raúl Castro: Deborah, Mariela, Nilsa y Alejandro. Alejandro —se dice en círculos cerrados— parece que será el sucesor al trono que ahora ocupa su padre. Mariela —directora del Centro Nacional de Educación Sexual, CENESEX— parece que será la nueva Marina. Heredera natural de Haydeé Santamaría —en lo de proteger a los homosexuales—, ahora parece que Mariela reivindicará a la matrona más famosa de la Cuba prerrevolucionaria, y protegerá a las trabajadoras del sexo. En Amsterdam la ha deslumbrado el Barrio Rojo: la higiene, el orden, lo civilizado y rentable de la cosa.

En este año 2011 en que el Tablero de Ifá —regido por Ogún y co-regido por Yemayá— la Letra ordenó apartarse de la prostitución, una muy eurocéntrica Mariela Castro se deslumbra con el bayú holandés y habla de la prostitución como opción laboral para cualquier mujer, incluyendo las cubanas.

¿Hacia dónde llevará esta familia Castro a la nación mayormente afro-descendiente cubana? (Sí, este asunto también tiene lecturas raciales.)

Cuba estuvo en el umbral de ser el primer país del Tercer Mundo en poder erradicar la prostitución como empleo necesario para sus ciudadanas. El impulso revolucionario de los años sesenta y setenta en pro de la educación y capacitación de las mujeres y su ingreso en la fuerza laboral —sumado a los innumerables logros feministas alcanzados durante la era republicana entre 1902 y 1958— potenciaron a nuestro país para convertirse en el primer territorio libre de prostitución de América.

Cincuenta y dos años más tarde, fracasada la ingeniería social y económica, no por culpa del bloqueo sino por el derroche de recursos nacionales en las grandiosas aventuras internacionalistas del Comandante —candil de la calle, oscuridad de la casa, diría mi abuela gallega—, Cuba está en el umbral de convertirse en Bayú de las Américas: la Nueva Amsterdam.

De visita en el Barrio Rojo de Amsterdam

Cuando el CENESEX se funda en 1988 —luego de dos décadas de trabajo incansable de un equipo dirigido por la sexóloga alemana Mónika Krause, hoy de regreso en su Alemania natal— su visión era verdaderamente docente e informática, una labor de prevención de promiscuidad precoz, de embarazos no deseados, de abuso doméstico, de violación, de prácticas sexuales peligrosas, y de aprendizaje sobre prácticas de sexo seguro, y sobre todo, de dignificación y autoestima de las adolescentes en un país donde la titimanía oficial —dirigentes maduros a la caza de muchachitas de edad preuniversitaria— hacía estragos, desde los pasillos de cualquier ministerio hasta las escuelas al campo. [1]

A Monika Krause, con su cruzada educativa y de prevención, le llamaron burlonamente "la Reina del condón". No hubo un funcionario que no torpedeara su trabajo, en esa Cuba machista y falocéntrica, donde los hombres insisten en no usar condones porque dicen que "no se siente lo mismo". A pesar de que mucha gente joven escuchaba su programa radial, sus sabios consejos caían en oídos sordos, y los abortos como método anticonceptivo proliferaron durante más de treinta años. Es sabido —y documentado— que en Cuba se han practicado abortos a adolescentes hasta de 13 años.

Y un día, Mariela Castro Espín —hija de la entonces presidenta vitalicia de la Federación de Mujeres Cubanas— se convirtió en directora del CENESEX. Y el CENESEX le dio un giro a su misión educativa —que era mayormente para beneficio de las cubanas— y comenzó a abogar por los derechos de los homosexuales —mayormente de los hombres homosexuales. Y no de cualquier hombre homosexual, sino de los que aspiran a la operación de reasignación de sexo. Y Mariela organizó una gran comparsa con homosexuales disfrazados (de locas de carroza, no faltaba más), como si la problemática de la homosexualidad fuera principalmente eso. Y comenzó a divulgarse la noticia de dicho procedimiento, del cual se hablaba hacía más de 20 años, y se realizara en 2008 en el primero de un centenar de aspirantes.

(Estrategia número uno para apoyar y ampliar el turismo médico. Si bien no está listado todavía en cubanhealth.com, o en los servicios médicos de los centros quirúrgicos cubanos, las operaciones de reasignación de sexo para extranjeros deben estar discutiéndose y considerándose en este momento. Si por una lipectomía del vientre con 3 días de hospitalización se cobra en La Habana 2.340 cucs —moneda convertible cubana— y por el combo de quitar las arrugas de la cara y el cuello, y recudir el tamaño de los senos, con 5 días de hospitalización, 3.045 cucs, bien podríamos proyectar que la delicadísima y complicada ingeniería anatómica —desde la vaginoplastia hasta diversas cirugías cosméticas tanto faciales como corporales y otros servicios terapéuticos, con hasta un mes de hospitalización, bien puede montarse en los 15.000 cucs, o 16.500 dólares estadounidenses.)

Y sucedió que otro día, a Mariela se le ocurrió ir a un congreso de sexualidad en Amsterdam, y descubrió el Barrio Rojo holandés. Y se fascinó. "Admiro la forma que (las prostitutas holandesas) han encontrado para trabajar de una forma digna y de darse a respetar", dijo en una entrevista en el Centro de Información sobre Prostitución de esa ciudad. Expresó regocijo por la manera en que se ha "dignificado y hecho valer el trabajo sexual" en ese país, con derechos para las trabajadoras del sexo, cuidados de salud y asistencia contra la violencia. Afirmó que la prostitución "es un trabajo". Dijo más: "La prostitución es una opción".

Muerta de la risa, como si pronunciara la gracia más ocurrente del mundo, le habló a la directora del centro holandés sobre las mujeres que en Cuba necesitan arreglar su baño, por ejemplo, pero no tienen dinero para pagarle a un albañil. "Pues, le pagan con sexo, y eso no quiere decir que lo vuelvan a hacer, pero resuelven en ese momento". ¡Qué maravillosa inventiva tienen las cubanas en el imaginario de Mariela Castro, que dan el b… por arreglar un inodoro, y les parece normal! A buena cloaca hemos llegado con la sobrina del Comandante. La ausencia en Granma de reflexiones del compañero Fidel sobre este tema me dice que al anciano dictador nadie quiere causarle un infarto.

Mariela Castro, según los parámetros revolucionarios, exhibe características de lo que en Cuba se ha llamado durante décadas "diversionismo ideológico", delito punible con multas y cárcel. Varias de sus más recientes declaraciones y estrategias son profundamente anti-fidelistas, anti-raulistas y contrarrevolucionarias. No solo está elevando al otrora proscrito hombre gay cubano —lo cual es muy loable—, sino que amenaza con abrir una investigación sobre los campos de concentración de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) donde fueron recluidos y atropelladas miles de personas, incluyendo "desviados sexuales" en los años sesenta, bajo las sádicas orientaciones de su padre, el actual presidente de Cuba y entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Comandante de la Revolución Raúl Castro.

Si eso fuera poco, Castro Espín pone en entredicho —ridiculiza— la postura moralista del Líder Máximo ante la prostitución y la misión supuestamente rescatadora y dignificante  de su revolución. De los muchos discursos del Comandante, resalta éste de septiembre 1977, por el aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución:

"Dentro de las zonas de tolerancia y en muchas otras partes, la sociedad burguesa (hipócritamente) estimulaba la prostitución, con la discriminación de la mujer, la falta de oportunidad de estudios, y de empleos, y se hacía grandes negocios con la prostitución. Era uno de los empleos que la burguesía reservaba a la mujer… el proceso revolucionario se enfrentó a aquel problema y lo resolvió".

No: el problema no se resolvió. Mariela Castro desmiente al Líder Máximo y confirma en Amsterdam lo que se sabe —lo que hemos denunciado— hace más de dos décadas: la prostitución ha vuelto a la Isla, y en proporciones industriales. Ahora, si seguimos el hilo de sus comentarios, el trabajo sexual podría institucionalizarse en Cuba a imagen y semejanza del modelo holandés. El jineterismo se afincará en el firmamento laboral de las cubanas, y Mariela y su CENESEX se encargarán de tramitar su legalización, regulación y éxito.

Hay que repetirlo ad nauseam: la prostitución —y su versión cubana, el jineterismo— es una relación mercantil —la mujer se alquila (cobra), el hombre arrienda (paga)— que se ejerce por necesidad económica. Lo han dicho todos los teóricos marxistas, y la mayoría de las teóricas feministas del mundo. Ninguna niña aspira a ser puta cuando sea grande. Se opta por serlo cuando otras puertas están cerradas.  En Cuba —así dicen las estadísticas y la literatura—, las puertas de la educación y el trabajo se abrieron de par en par para las mujeres. ¿Y entonces, cómo es que Cuba aparece en la lista de "destino de turismo sexual" junto a Tailandia, Sri Lanka, Kenia, Brasil y Filipinas?

El problema y su "solución"

El problema radica en que una maestra, una enfermera, o una bióloga cubana lo que gana es el equivalente de 20 o 25 dólares mensuales a lo sumo, luego de unas 140 horas de trabajo. Por el contrario, una jinetera puede ganar eso en un par de felaciones —o un par de cuadros con alguna socia— resueltos en tres horas de esfuerzo, y hasta 150 dólares por dejarse babosear por algún vejete extranjero con fulas o euros durante las 48 horas de un fin de semana en Varadero. El socialismo y su prédica moral fracasaron. Cuba estaba encaminada a ser el primer país del planeta en desterrar la prostitución de su vida nacional. Pero el experimento colapsó, y se jodió "el hombre nuevo". En Cuba, siglo XXI, la vida se resuelve mejor siendo puta, no pediatra.

(Estrategia número dos, para apoyar el turismo sexual a la Isla, proporcionar válvulas de escape para la indignación de las desempleadas, y de paso atraer divisas: 30 cucs por bajarse el bajichupa en el salón de espera (precio de traguitos, aparte); 60 cucs por una mamadita sencilla; 120 cucs por coito vaginal; 175 cucs por coito anal; 150 por trabajadora sexual por un ménage à trois con dos mujeres; 200 si el ménage incluye a un hombre; 500 Cucs si una orgía. Costos adicionales si el cliente pide un perfil racial específico (las mulatas cuestan más), si quiere mantequilla, crema chantilly, vulvas achampañadas, sadomasoquismo, vestimentas de cuero, dar o recibir latigazos, y demás antojos. Los condones, la toalla limpia, y un cafecito al final, van por la casa.)

El timing es perfecto: ahora que el Estado cubano anunció que un millón de obreros estatales irá despedido a la calle, 500.000 de ellos mujeres, "la calle", para Mariela Castro, representa una posibilidad de empleo femenino. Imaginemos: el 10% de los ingresos para las trabajadoras sexuales, el 90% para cubrir los costos operativos de esta empresa del Estado cubano —emulando a CUBALSE—, con jabita de champú, crema humectante, cuchillitas de afeitar, un perfumito, pasta de diente, un jabón de baño, un rollo de papel higiénico, y un paquete de íntimas. "¡Fidel, no hay rollo: al turista con el bollo!". ¡Elena Gil, Haydée Santamaría, Celia Sánchez, y la propia Vilma Espín, su madre, se retuercen en la tumba!

Que no nos coja de sorpresa. A la vuelta de la esquina están las nuevas licencias de trabajo sexual por cuenta propia. Mariela hará oficial lo que anuncié —en defensa de las jineteras, no como propuesta laboral— en una conferencia de ASCE en 1999, para gran escándalo de todos. [2]  Se borrará la prostitución del inciso de peligrosidad pre-delictiva donde reza como conducta antisocial. Nunca debió considerarse una "conducta impropia"; pero lo fue y aún lo es. Justo sería que el gobierno cubano pagara una indemnización a cada jinetera que ha arrestado y perseguido en los últimos 40 años, a cada muchacha que se ha buscado un extranjero para emigrar, a cada una que ha contraído una enfermedad por contagio sexual, jineteando. El gobierno cubano es responsable de sus desgracias, y de la inocencia perdida e irrecuperable.

Que no nos coja de sorpresa. Se habilitarán varias Zonas Rojas —no será ni Pajarito ni Colón—, en Tarará, en Siboney o cerca del Habana Libre. En Playa Larga, cerca de la Ciénaga de Zapata; en Guardalavaca, al noreste en Holguín; o Cayo Coco, en Camagüey. Se reivindicará a la gran Marina, la matrona más famosa de Cuba, para gran alegría de los pocos nonagenarios que quedan en el exilio y en la Isla que alguna vez frecuentaron el sitio. Esta vez, el famoso álbum de fotos será digital y a todo color en un sitio Internet: www.casamariela.com.

La sobrina contrarrevolucionaria del Compañero Fidel, luego de llevar a los tribunales a su propio padre por las atrocidades cometidas en las UMAP, y asegurarse de que lo condenen a cadena perpetua —o lo indulten y jubilen en Birán—, implantará el bayú nacional: Casa Mariela, en la Nueva Amsterdam. Si no fuera por lo macabro de la propuesta, tendríamos que agradecerle a la joven Castro Espín la desaparición de los dictadores hermanos.

 


[1] A los interesados, los refiero al libro Monika y la revolución, publicado en España en 2005 y A Girl Like Che Guevara (SoHo Press, 2004) de la autora cubanoamericana Teresa de la Caridad Doval.

[2] De Pajarito a buscoextranjero.com. Trabajo inédito presentado originalmente en la Conferencia de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana. Miami, 1999.

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