Domingo, 17 de Diciembre de 2017
05:39 CET.
Política

Mariela Castro en el barrio de las putas

Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y miembro del clan familiar que gobierna Cuba, admiró de cerca el trabajo de las putas en el Barrio Rojo de Amsterdam, la zona alegre de esa ciudad donde marihuana y prostitución son legales.

Invitada a un congreso sobre salud sexual en la capital holandesa, Castro participó en una charla con prostitutas. En entrevista con Radio Nederland dijo: "Admiro y respeto el modo en que han encontrado una manera digna de hacer su trabajo sexual y de hacerse respetar. Realmente me ha gustado mucho conocer directamente cómo es que lo hacen".

Añadió que lo que más le ha impresionado es "la manera de dignificar el trabajo que hacen, porque es un trabajo, además de hacer valer derechos también, eso es muy importante, y los cuidados de salud, la protección de la violencia (sic), la protección del abuso (sic) en sentido general".

A la par que reconocía la validez del modelo holandés, Castro mencionó problemas de drogas y prostitución en la Isla. "El Malecón no es un problema", dijo entre risas la única miembro del clan familiar de los Castro a la que tanto gustan las entrevistas con la prensa extranjera, cara amable ella de una familia que ha sido responsable de sucesivas razzias contra prostitutas y homosexuales.

Aunque la prostitución no es ilegal en la Isla, tampoco está legalizada, y normalmente se utiliza la  figura de "peligrosidad pre-delictiva" , contemplada en el Código Penal, para detener y trasladar a cárceles, campos de trabajo, hospitales siquiátricos, a personas que el régimen determine, sin que hayan cometido delito.  Mariela Castro no dijo nada acerca de esta aberración jurídica, pero reconoció que en Cuba se practican "en ocasiones" detenciones "arbitrarias" de prostitutas. (Puede intuirse que de otras personas también.)

Si bien es habitual en esa familia frivolizar con los temas más acuciantes que afectan a la sociedad cubana —recuérdese que su tío llamó a las putas cubanas "las más cultas del mundo"—, Mariela Castro precisó que en la Isla hay gente que se prostituye hasta para arreglar el baño. 

"Pero en Cuba he conocido gente que dice 'Ay, necesito arreglar el baño y no tengo dinero', entonces le da el servicio sexual al albañil para que le arregle el baño. Y después no lo hace más porque no le gusta", bromeó la hija de Raúl Castro, sin mencionar tampoco la aberración que han significado 52 años de control absoluto y desastroso de la economía por parte de su familia.

"Yo creo que al Malecón va todo el mundo, van homosexuales, van transgéneros, van personas que ejercen la prostitución por su cuenta, va La Habana y quien la visita. Entonces, para nosotros el Malecón no es un problema", señaló.

Asimismo, indicó que el CENESEX trabaja conjuntamente con la policía: "Ellos nos explican que es una zona (el Malecón) donde hay personas que van a vender drogas, donde llegan otros a ejercer la prostitución de una manera molesta, sobre todo para el turista o extranjero que llega allí".

Nunca fue aclarado si el gobierno cubano, que antes consideraba la prostitución como una "lacra social", va a legalizar el oficio. En esta vuelta de tuerca del gobierno de Raúl Castro en la implatación de un modelo de capitalismo salvaje en la Isla, al peor estilo chino, todo es posible.  Según la vieja propaganda revolucionaria, Cuba dejó ser en 1959 "el burdel de Estados Unidos". En cualquier momento, los viejos dictadores reconocen que el país es el "burdel del mundo".

 Del Barrio Rojo al Moscú Rojo

 En otra entrevista reciente con Radio Nederland, Castro Espín justificó de una manera superficial y frívola la falta de libertad de prensa en ese régimen dictatorial de partido único y con los medios de comunicación al servicio del clan familiar que ella tan bien representa.

Según la directora del CENESEX, "en Cuba, como en todas partes del mundo, los medios de comunicación son estatales y responden a la política estatal.  Usted sabe que Cuba, como es un modelo rebelde, un modelo de sociedad rebelde, siempre somos atacados, siempre se distorsiona nuestra historia y nuestra realidad para que no sirva de referente a ningún otro pueblo".

"Siempre se nos dice que en Cuba no hay libertad de expresión", agregó Castro Espín. "Yo siempre digo ¿quién calla a las cubanas y a los cubanos? Nosotros decimos lo que pensamos y lo decimos en diferentes espacios y no pasa nada".

Y fue más hipócrita todavía: "Libertad de expresión, sí hay en Cuba. Libertad de prensa, sí no existe ni en Cuba ni en ninguna parte. La libertad de prensa está muy condicionada a las circunstancias políticas y de equilibrio o de no-equilibrio".

Mariela Castro aprendió a decir todas estas cosas en el propio seno familiar. En el último paseo de su madre por Nueva York, Vilma Espín Guillois (1930-2007), presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, dejó bien claro el trato que dispensa ese régimen a los periodistas y a los medios de comunicación.

A los pies de una escalera mécanica, en la sede de Naciones Unidas, un periodista del canal Univisión preguntó a Vilma Espín por el adoctrinamiento de los niños en Cuba y por la suerte del disidente Vladimiro Roca, entonces encarcelado. "No, chico, no, cómo nosotros vamos a hablar de esas porquerías. No pongas eso, que te botan del trabajo", dijo con aires de Primera Dama.

"¿Tú eres cubano?", le pregunta al periodista, quien responde con un sí. "Muchacho, ¿cómo nosotros le vamos a hacer el juego a la porqueriíta esa que hacen todos los días por aquí, por aquí, y por allá? Si nos dedicáramos a eso, perdiéramos el tiempo. Vamos a hablar de lo que estamos buscando, de lo que estamos luchando", dijo la mujer fuerte del régimen.

Hasta que ve la insignia del canal Univisión en el micrófono en la mano del periodista, se pone seria y le ordena: "¿Tú me estás grabando? Ah no, chico, házme el favor y saca todo eso de ahí, sácalo de ahí ¡de inmediato!".

"¿Por qué?", dice el periodista.

"Porque no, porque eso no es lo que se hace aquí en Cuba. Pero, ¿qué es lo que tú me estás haciendo?", dice la mujer de Raúl Castro.

Un guardaespaldas se acerca y le aclara a Vilma Espín que se trata de Univisión, mientras el reportero le señala que ella no está en Cuba, sino en Estados Unidos.

"No, chico, pero yo no quiero hablar de eso, por qué el me pone una cosa delante… de algo que yo no quiero hablar. A mí ni se me ocurre hablar de eso… No, chico, no, yo no hablo de eso… Quítame la grabación, dame la grabación. Me la llevo, dámela acá…¡Ah, no! ¡Entonces tú eres un contrarrevolucionario! ¡Ya está!", y la mujer que decía defender los derechos de las mujeres cubanas se va. Y hace un gesto despectivo.

Esa es la concepción de un medio de prensa estatal en boca de un dirigente comunista, que se permite aconsejar qué se debe preguntar, y anunciar las consecuencias que podrían traer lo que ellos consideran una actitud irresponsable, que contempla la expulsión del periodista del medio de comunicación, más allá de otras represalias.

La respuesta de Mariela Castro sobre los medios de comunicación en poder del Estado es tan patética como la que la ofreció su madre hace algunos años. Mariela Castro se agarra al poder como nuestro peor animal de feria.

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