Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
02:18 CET.
Opinión

El castigo de Eliécer

Dejar en ridículo a un alto dirigente del régimen cubano no sale gratis. El joven Eliécer Ávila se soltó de la lengua y ahora paga el precio de su atrevimiento. Pero la revolución es generosa y, en lugar de mandarlo a la cárcel, lo ha condenado al destierro en el pequeño pueblo donde nació hace 25 años. Ahí, en Puerto Padre, muy lejos de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) de La Habana donde estudió, Eliécer no puede ejercer su carrera profesional y malvive vendiendo helados bajo la mirada atenta de la policía política. Ese hijo de campesino, que puso en la picota al presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón, no pertenece a la oposición, pero sí a ese ejército de jóvenes, cada día más numerosos, que no se sienten representados por sus viejos dirigentes y anhelan cambios radicales en la conducción del país.

Gracias a un corresponsal de Diario de Cuba que vive en el mismo pueblo, hemos tenido noticias de Eliécer después de tres años de silencio. En una breve entrevista el ingeniero informático cuenta que trabaja en la pequeña heladería montada por su exesposa a raíz de la tímida apertura a favor del trabajo por cuenta propia. Deja entender que las cosas no andan bien en términos económicos, pero es lo que hay. No dice más, y el periodista no intenta sonsacarle algunos comentarios políticos. No está el horno para bollos en estos días de redadas contra los inconformes, y Eliécer está lejos de todos sus amigos de La Habana, que ya no pueden arroparle.

Al revisar los artículos publicados en 2008 a raíz del incidente con Ricardo Alarcón, me di cuenta de que Eliécer había sido muy atrevido en sus críticas al régimen y a la vieja guardia. Todo empezó con unas preguntas incómodas a Ricardo Alarcón en el transcurso de una reunión a puerta cerrada con unos 200 estudiantes de la UCI, la universidad creada y mimada por el propio Fidel Castro. El escándalo estalló cuando alguien filtró el video a la prensa internacional y luego lo subió a internet. "¿Por qué el pueblo de Cuba no cuenta con la posibilidad viable de ir a hoteles o viajar a distintos lugares del mundo?", preguntó Eliécer al presidente del Parlamento. El viejo apparatchik se descolgó con una respuesta absurda, que incitó a los estudiantes a seguir con el interrogatorio. Alarcón, siempre tan seguro de sí mismo en los foros internacionales, tartamudeó una frase que ha quedado en el Guinness de los disparates: "Si todo el mundo, los 6,000 millones de habitantes, pudieran viajar a donde quisieran, la trabazón que habría en los aires del planeta sería enorme. Los que viajan realmente son una minoría".

Los estudiantes expresaron también su inconformidad con el sistema electoral, el sistema de doble moneda o las restricciones al uso de internet para la población en general. No obtuvieron una sola respuesta satisfactoria. En el video se ve a un Alarcón molesto y con el rostro desencajado. Corrió el rumor de que Eliécer había sido detenido. En realidad, solo lo habían convocado para que reafirmara sus convicciones revolucionarias en unas entrevistas televisadas destinadas al público extranjero. Como suele pasar en esas situaciones, el tiro les salió por la culata. Nadie creyó la versión oficial, y el propio Eliécer se encargaría, unos meses después, de derrumbar el teatrito montado por el régimen con unas declaraciones valientes que deben de haber irritado aún más a sus antiguos protectores de la UCI.

En aquella entrevista, con el mismo periodista que lo acaba de "resucitar" esta semana, Eliécer criticó "el endiosamiento de los máximos dirigentes, de manera que con el tiempo solo es verdad lo que sale de sus bocas, haciendo que sus ideas, a veces erróneas, se ejecuten sin ser sometidas a ningún análisis práctico y menos crítico". Fue incluso más allá: "En las altas esferas del gobierno tenemos hombres que nunca han vivido un solo día como ciudadanos cubanos de a pie [y] tampoco se han acostado con hambre…". Y, para rematar, denunció "la extrema corrupción que abarca todas las esferas del país" y señaló el estado lamentable del sistema de salud. Todo esto dicho por un joven que había sido seleccionado para participar en la guerra informática contra el "enemigo externo" e impedir el acceso de los cubanos a internet. Eso, sí, tiene que ser un motivo de preocupación para los dirigentes cubanos. Y de alegría para la oposición, que necesita el apoyo de las nuevas generaciones para forzar el cambio.

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