Viernes, 16 de Noviembre de 2018
Última actualización: 01:47 CET
Sociedad

Diáspora, nación y futuro

El informe La diáspora cubana en el siglo XXI —que se presenta este 7 de octubre en Washington y el próximo lunes 10 en la Ermita de la Caridad del Cobre, de Miami— incluye el examen de las mejores prácticas en materia de políticas migratorias y relaciones con sus respectivas diásporas de varios países del entorno cubano. Hace, además, un análisis de la diáspora cubana, su potencial para el futuro desarrollo nacional y las dificultades que existen para poder materializarlo.

El documento ha sido elaborado por una comisión de la que forman parte Uva de Aragón y Juan Antonio Blanco (Universidad Internacional de la Florida), Jorge Duany (Universidad de Puerto Rico), Jorge Domínguez (Universidad de Harvard), Carmelo Mesa Lago (Universidad de Pittsburg), y Orlando Márquez, director de la revista Palabra Nueva, de la Archidiócesis Católica de La Habana

Tres de estos autores, Uva de Aragón, Jorge Duany José Antonio Blanco, responden a las preguntas de DDC.

¿Cuál es la relevancia que atribuyen a este informe sobre 'La diáspora cubana en el siglo XXI'? (Respuesta de Uva de Aragón, de la Universidad Internacional de la Florida).

Las ideas siempre han sido motor del progreso social y económico. Es fácil comprobar la influencia de los enciclopedistas en la independencia americana y la revolución francesa. Los cubanos conocemos bien cómo el pensamiento de José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero y tantos otros fueron forjando nuestra identidad nacional hasta llegar al movimiento independentista.

Las ideas también juegan un papel vital en promover otros cambios más graduales y en apariencia menos dramáticos, pero no siempre menos significativos para una sociedad. Por eso el Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI, por sus siglas en inglés) de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) creyó que era un momento propicio, quizás hasta urgente, para reunir a los experimentados académicos que conforman la comisión que ha redactado el informe sobre la diáspora cubana que ahora se da a conocer. En un siglo marcado por la globalización es imperativo para Cuba avanzar sistemáticamente —como lo han hecho ya otras naciones— hacia fórmulas legales que acomoden la creciente transnacionalidad de su población. Por otro lado, parece evidente que ha venido cristalizando un amplio consenso nacional sobre la insostenibilidad de la legislación migratoria vigente en la Isla y la apremiante necesidad de su revisión.

El informe analiza las relaciones de otros países con sus diásporas, las tensiones y traumas de la relación del estado cubano y la diáspora, y elabora respetuosamente recomendaciones a los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, la diáspora y la sociedad civil cubana. Se aspira a que estas ideas resulten útiles para modernizar —a la luz de los principios universalmente aceptados en esta materia— las legislaciones que regulan estos temas y para implementar procedimientos que pongan fin a dolorosas separaciones familiares. Políticas migratorias que permitan que todos los cubanos, independientemente de lugar en que residan o de su manera de pensar, contribuyan sin restricciones al desarrollo del País, podrían desencadenar un gran potencial de capital financiero, humano, social y simbólico que enriquecería a la nación. El impacto de este informe sólo logrará medirse con el paso del tiempo, pero creemos que si es acogido positivamente por los actores a quienes está dirigido, tendría un efecto evidente y para bien en millones de cubanos y en el desarrollo de Cuba de cara al Siglo XXI.

¿Qué países de la región han administrado mejor las prácticas con sus emigrantes (y cuáles peor)? (Respuesta de Jorge Duany, de la Universidad de Puerto Rico)

Algunos gobiernos de la región caribeña, como Haití y Barbados, han promovido la participación de los expatriados en su país de origen, pero aún no les han otorgado derechos de ciudadanía ni los han incorporado plenamente en los asuntos nacionales. Aunque este tipo de gobierno considera simbólicamente a la diáspora como parte de la nación emisora, todavía no ha institucionalizado sus relaciones con sus ciudadanos residentes en el exterior. Hasta ahora, la constitución de Haití no ha reconocido la doble ciudadanía ni el voto externo, así como tampoco la candidatura a puestos públicos de los haitianos de la diáspora. El caso haitiano ilustra el fenómeno de un Estado selectivo estratégicamente hacia sus emigrados.

Otros estados, como República Dominicana, México y El Salvador, han definido a sus migrantes como miembros a larga distancia de la nación, al aceptar la doble ciudadanía e incluirlos como parte integrante de sus políticas públicas. Entre otras medidas, los gobiernos de estos países han reestructurado sus burocracias ministeriales y consulares; extendido el derecho a votar fuera del país; permitido que los residentes en el exterior se postulen a cargos públicos; ofrecido múltiples servicios a sus expatriados y reforzado su sentido de pertenencia a sus países de origen. Por ejemplo, en 1994, el congreso dominicano aprobó una enmienda constitucional que permitió a los dominicanos adoptar la doble ciudadanía y extendió a los migrantes todos los derechos políticos de sus compatriotas, excepto postularse para Presidente o Vicepresidente de la República. La enmienda constitucional también les concedió la ciudadanía dominicana a los nacidos en el extranjero de padres dominicanos. Al igual que República Dominicana, otros estados "transnacionales" se extienden más allá de sus límites territoriales para incorporar poblaciones dispersas.

Por último, algunos estados, como Cuba, tratan a los emigrados como si ya no pertenecieran a la patria y a menudo los tildan de traidores. Desde la década de 1960, el gobierno cubano ha adoptado una postura de desinterés y denuncia frente a su diáspora, salvo dos breves períodos de tregua a fines de los años setenta y mediados de los noventa. El gobierno cubano no ha reconocido la doble ciudadanía ni extendido otros derechos legales (como el derecho al voto en el extranjero) a quienes salen del país definitivamente. Cuando dos estados desarrollan una relación beligerante, las lealtades divididas de los emigrados se disputan intensamente. Dicha beligerancia ha dominado las relaciones entre el gobierno de Cuba y su diáspora desde 1959. En tales circunstancias, el contacto entre países emisores y receptores de migrantes es muy difícil, esporádico e incluso peligroso. Además de Cuba, Eslovaquia y Vietnam durante la Guerra Fría ejemplifican la exclusión de los expatriados por causas políticas.

¿Qué papel juega ahora, y cuál jugará en el futuro, presumiblemente, la diáspora cubana? (Respuesta de Juan Antonio Blanco, de la Universidad Internacional de la Florida)

La diáspora cubana posee un considerable capital económico, humano y social. Sin embargo, las leyes vigentes en la Isla —copiadas de la URSS en tiempos de la Guerra Fría— continúan promoviendo una emigración unidireccional y limitando su participación en la vida nacional. La relación de esa diáspora con la Isla se limita hoy, esencialmente, a las relaciones familiares, envío de remesas y paquetes, pagos de servicios varios (como celulares) y viajes limitados a un mes de duración si se dispone del permiso correspondiente para acceder al país en que se nació. El valor conjunto de todos esos renglones se estima entre 2.000 y 3.000 millones de dólares anuales por algunos expertos. Sin duda un monto relevante en el contexto crítico de la economía nacional. Pero hay un aspecto menos estudiado que es el impacto de las "remesas sociales" —informaciones, perspectivas y valores— que la diáspora comunica a familiares y conocidos. Esas "remesas sociales" comunican —de forma natural y masiva— múltiples mensajes alternativos  a los que oficialmente difunden en la Isla.

Para que el potencial de la diáspora llegue a materializarse a plenitud es necesario, por una parte, alinear las legislaciones nacionales con los principios internacionalmente establecidos en materia migratoria incluyendo el respeto al Artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Por otra, se requiere establecer reformas que abran amplio cauce al desarrollo de un sector privado que llegue a incentivar una participación más significativa de la diáspora. Estados Unidos podría, por su parte, considerar que el embargo no está dirigido contra el sector no estatal cubano —como ya proclamó el Presidente Bill Clinton el 5 de enero de 1999— y excluir de sus restricciones las transacciones con el sector privado nacional que emerja de semejante reforma. Pero aun todo eso sería insuficiente si en Cuba no se produce un cambio de mentalidad y enfoque. Se requiere promover patrones migratorios circulares que permitan a la sociedad cubana beneficiarse no solo del capital económico de su diáspora sino también del capital humano (conocimientos y experiencias profesionales) y del capital social (relaciones en los circuitos globales del mundo financiero, científico, profesional, político), que ella atesora.

El argumento de que es necesario continuar privando del derecho a la libertad de circulación a trece millones de cubanos para garantizar la seguridad nacional no se sustenta cuando países que hoy son blanco permanente de importantes ataques y amenazas terroristas —como es, por ejemplo, el caso de India, Rusia, Argelia, Estados Unidos, España, Francia, Indonesia y paquistaní— no recurren a semejante medida para asegurar sus fronteras.

La permanencia de la mentalidad y políticas de la Guerra Fría bloquea el desarrollo nacional de múltiples maneras. Toda crisis es una oportunidad. Cuba podría demostrarlo normalizando la relación con su diáspora.

¿Pudieran ofrecer a los lectores de DIARIO DE CUBA una información general sobre cuándo y dónde se presentará el informe?

Están ya programadas dos presentaciones para dar a conocer este informe y también los resultados de la encuesta sobre estos temas (viajes, remesas, etc.) aplicada en la comunidad cubanoamericana en el mes de septiembre por la Universidad Internacional de La Florida.

Una de las presentaciones tendrá lugar en el Diálogo Interamericano (1211 Connecticut Avenue, NW, Suite 510, Washington D.C.) el viernes 7 de octubre a las 3:00 pm. La otra se ha programado para ser realizada en la sala Félix Varela del santuario de la Ermita de la Caridad del Cobre (3609 South Miami Avenue, Miami, Florida) el lunes 10 de octubre a las 10:30 am.

Adicionalmente al informe y a la encuesta de opinión, el Cuban Research Institute de FIU, en colaboración con el Cuba Study Group, organización no gubernamental estadounidense, ha construido el sitio  www.diasporaydesarrollo.com, un lugar donde se facilita el acceso a bibliografía e información útil en español e inglés sobre el modo en que las diásporas se vinculan al desarrollo de sus respectivos países hoy día.