Sábado, 16 de Diciembre de 2017
14:14 CET.
Política

Un ALBA que no amanece

Por los corrillos habaneros de "informados" circulan rumores agoreros: se dice que están retornando en grandes grupos los movilizados del personal médico cubano que "ha cumplido misiones" en Venezuela y otros países, lo que —como señal adicional— ha traído un cuello de botella en los almacenes de recepción de carga del aeropuerto José Martí, de la capital, debido a la acumulación de efectos electrodomésticos y otros, que los misioneros de ocasión adquieren en el extranjero e importan a Cuba aprovechando sus privilegios aduanales (también privilegios de ocasión, por supuesto).

Cierto o no este rumor, que probablemente indicaría un replanteo de los programas "solidarios" del gobierno cubano en el marco de la Alternativa Bolivariana para Latinoamérica (ALBA) debido a razones no divulgadas oficialmente, existen otros signos que despiertan interés, como el hecho real y confirmado de que la matrícula de estudiantes de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) —también adscrita a los programas de cooperación cubana con el ALBA— ha sido en este curso tan reducida que equivale a menos de la mitad de la que ha habido en cursos anteriores. Hasta tal punto se ha deprimido el número de estudiantes latinoamericanos en la ELAM, que la dirección de dicha escuela se encuentra ante el problema de tener que reducir la plantilla de profesores.

Con su habitual estilo de conspiradores de la tinta, los periódicos oficiales no se han dignado a mencionar ninguno de los dos hechos, lo que contrasta escandalosamente con la alharaca que se desplegaba cada vez que salía o entraba un grupo de "colaboradores" de la Isla, muy abanderados ellos y muy solidarios, testimoniando la satisfacción "por el deber cumplido" en otros países mientras sus coterráneos quedábamos desguarnecidos de asistencia médica y huérfanos de medicamentos; como tampoco ha tenido la cobertura de años anteriores la inauguración del nuevo curso de los futuros médicos de diferentes países de Latinoamérica. En este país los silencios suelen ser más elocuentes que miles de palabras vacías.

En todo caso, quizás haya motivos para sentirnos esperanzados, porque si el regreso masivo de médicos y otros especialistas fuera cierto, ello podría suponer una mejoría en los deprimidos servicios de salud que tenemos los cubanos; sobre todo desde que en los últimos años, mientras nuestros galenos trataban solidariamente de atenuar los males foráneos, en casa se entronizaba, importado posiblemente por ellos mismos desde algún olvidado rincón del sufrido Tercer Mundo, el temible dengue —que ya se tornó endémico en la Isla y se ha cobrado numerosas vidas—, y otras enfermedades que también han crecido y que creíamos desterradas para siempre, como la tuberculosis.

Por otra parte, si ya no son tantos como antaño los latinoamericanos que cursarán estudios de medicina en Cuba, sería de esperar que los estudiantes cubanos reciban una mejor formación y vuelvan a ocupar el lugar que les corresponde en los hospitales docentes, al pie del paciente y junto a los especialistas que los formarían adecuadamente; lugares de los que fueron desplazados desde que se iniciaran los programas de colaboración del ALBA, para beneficiar la instrucción médica de los estudiantes extranjeros.

Sin dudas, algo parece estar ocurriendo en el escenario político entre los jerarcas de La Habana y sus compinches de Latinoamérica. Pura especulación, por supuesto, pero basadas en efectos visibles en los que pudieran estar incidiendo causas como las próximas elecciones en Venezuela; la enfermedad del actual presidente, Hugo Chávez; la compleja situación sociopolítica que enfrenta el excocalero devenido presidente de Bolivia, Evo Morales, marcada por periódicos brotes de protestas indígenas; entre otros signos.

Si estamos frente a una pausa coyuntural o retirada estratégica ante las posibilidades reales de que los fondos que nutren la piñata chavista estén peligrando, habrá que esperar para saberlo. Por el momento, el saldo de la política gubernamental se traduce una vez más en nuevas pérdidas para los cubanos, y los medios de difusión se muestran un tanto reticentes en usar demasiados triunfalismos, mientras los discursos de los flamantes líderes del ALBA —es decir, de los que todavía se aventuran a hacer discursos apocalípticos sobre el inminente fin del capitalismo y el advenimiento de un socialismo del siglo XXI más utópico aún que el decimonónico— transparentan más incertidumbres que certezas.

Y aunque no es sensato hacer pronósticos anticipados, algo sugiere que estamos asistiendo al principio del fin de otra aventura de aliento castrista que se frustra: un ALBA que nunca amanece.

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