Lunes, 18 de Diciembre de 2017
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Opinión

La vuelta al monigote

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Silvio Rodríguez acaba de soltar que escribió un par de décimas al enterarse del fusilamiento, el 11 de abril de 2003, de tres de los once autores del secuestro incruento de la lancha Baraguá el 2 de abril de 2003, las cuales concluyen así: "¡Viva mi noble bandera, / muera la pena de muerte!" Nunca se atrevió a ponerles música, pero sí puso su firma —a la semana de los fusilamientos— al pie del Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos, que incluyó este pasaje: "Para defenderse, Cuba se ha visto obligada a tomar medidas enérgicas que naturalmente no deseaba".

En 2009, otro de los 26 firmantes, Amaury Pérez Vidal, intentó limpiarse ante las cámaras del Canal 51 de Miami con que "no he firmado una carta que explícitamente diga (…) que yo estaría dispuesto a que fusilaran a nadie". Aquí se nota el descaro implícito en no ser explícitos, porque a una semana del fusilamiento de Lorenzo Enrique Copeyo, Bárbaro Leodán Sevilla y Jorge Luis Martínez nadie puede apearse con que tales "medidas enérgicas" no incluyeran la pena de muerte.

Ahora Silvio da otra vuelta al monigote para confirmar que no habrá cambio alguno en la tradición intelectual cubana del embaraje insultante y el servilismo al poder dictatorial. Para defenderlo apareció el abogado José Pertierra, quien espantó este comentario alucinante donde Silvio dejó caer sus décimas ocultas: "El Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos no respalda los fusilamientos. Respalda a Cuba".

Así reaccionó Pertierra frente a los blogs de Miami, que detectaron enseguida la inconsistencia de Silvio. Pertierra simplemente olvidó que ese mensaje fue enviado a "amigos que están lejos", pero no tanto que aún no se habían enterado, sino porque habían protestado contra el fusilamiento de las tres personas antemencionadas y el encarcelamiento de casi otras 80, ergo: respaldar a Cuba en aquel contexto vital no fue otra cosa que respaldar tanto los fusilamientos como los encarcelamientos.

Desde luego que un piquete de 26 intelectuales del arte y la literatura cubanos no podía menos que aliviar el peso semántico del paredón y la cárcel con el alarde estético de "medidas enérgicas" no deseadas. La originalidad de Pertierra en su defensa a Silvio se reduce al reciclaje del mismo jueguito lingüístico, pero la cosa empeora, porque el mensaje giraba en torno al peligro de "una agresión militar de Estados Unidos contra Cuba".

Así, los firmantes formaron —junto con Pertierra, Heinz Dieterich Steffan y otros muchos intelectuales— un Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe para apuntalar su capricho de que el secuestro de la lancha Baraguá traía su causa de "una conspiración urdida por el gobierno de [EE UU] y la mafia terrorista de Miami", a sabiendas de que ninguno de los tres fusilados había recibido ni siquiera por teléfono un recado de Miami o Washington y de que ni un solo marine, siquiera borracho, andaba por Cayo Hueso en zafarrancho de combate contra Cuba. Ni qué decir del pretexto para encarcelar a casi 80 disidentes pacíficos: un taller de ética periodística organizado por Manuel David Orrio, el agente Miguel de la seguridad del Estado castrista, quien escogió deliberadamente como sede la residencia de James Cason, jefe de la oficina de intereses de EE UU en La Habana.

Aquel mensaje que firmaron 26 y todavía Pertierra defiende con impudicia no es más que la versión artístico-intelectual orgánica de la argumentación con que Castro insultó a la opinión pública. Algo anda mal en una nación en que Silvio Rodríguez no encuentra música para ciertas décimas suyas y sí encuentra pluma para firmar cartas que no guardarían correspondencia con su convicción contraria a la pena de muerte.

Coda

También da mala espina esa reacción pública e inmediata de Silvio por la ejecución de Troy Davis en Georgia. Nada de décimas para circular entre amigos, sino bloguetazo para que repicara en Cubadebate. Vamos a dejarnos de engaño: ni Silvio sabía quién era Troy Davis ni mucho menos Troy Davis sabía quién era Silvio. Y en este mundo los muertos ajenos son estadísticas.

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