Domingo, 17 de Diciembre de 2017
14:49 CET.
Opinión

Carne vacuna y oposición política

Tras la excarcelación y expatriación rumbo a España de algunas decenas de presos políticos con la mediación de la Iglesia Católica y Madrid, en Cuba no cesan las detenciones ni el acoso a opositores al régimen. Esa es la cara visible de las violaciones de derechos humanos y de violencia oficial ejercida contra los cubanos, pero ¿acaso es la única?

"La formación de mentes dóciles conlleva métodos de violencia que, aunque menos evidentes, son más frecuentes, pudiéramos decir cotidianos, para obligar a la gente a hacer lo que no desean ni es de su agrado. Son formas indirectas de presión sobre la conciencia humana, utilizando medios masivos de información y cultura, que es lo que los entendidos llamamos violencia psicológica o violencia simbólica", dice un especialista en comunicación entrevistado para este reportaje.

"El producto final es el miedo", añade. Y ese miedo es aplicado selectivamente, sobre ciertos puntos álgidos de la sociedad, mientras son pasados por alto otros.

Conocida es la pobreza del pueblo cubano. En un país con pastos y agua suficientes, apenas existe ganado para alimentar al ciudadano de a pie. El sacrificio de reses a manos de particulares, que son quienes mayor cantidad de ganado poseen, está prohibido y sancionado por leyes severísimas. Entretanto, las mejores reses son sacrificadas en Cuba para alimentar turistas y elegidos, y no precisamente a la clase trabajadora, a la cual cada día se le exige producir más.

"Compare la figura de no pocos jefes con la de la gente de la calle y pregúntese con qué se alimentan unos y otros", dice un exempleado de un matadero, quien durante mucho tiempo, mientras despachaba toneladas de piltrafas molidas con soya destinadas a la población, daba salida también a asignaciones especiales de carne bajo el renglón de "Para Organismos".

Tan incongruente política económica ha disparado el mercado negro en Cuba, exacerbado ahora por la crisis financiera global. Según fuentes oficiales, solo en Las Tunas entre enero y agosto de 2011 se han producido 568 robos de ganado más que en igual período del pasado año.

Ante la ineptitud policial y jurídica, el Gobierno ha echado mano a la prensa para intentar desestimular la compra de carne robada, en un país donde no se vende carne en las carnicerías (estatales). Según el semanario 26, órgano del Comité Provincial del Partido Comunista en Las Tunas, en su edición impresa del pasado 9 de septiembre —bien se guardaron de publicarlo en su edición digital—, la provincia ya ha perdido más de 5,5 millones de pesos por robo de ganado.

La prensa empieza entonces a fomentar el miedo entre la población. Se "exhorta a la población a no consumir la carne de res de procedencia desconocida, pues los malhechores lo mismo roban animales sanos que enfermos y los matan en los montes sin medidas higiénicas, por lo que el peligro de enfermar aumenta". Sin comentarios.

Los cientos de miles de cabras, carneros, cerdos y gallinas robados a los campesinos, sacrificados y vendidos en el mercado negro, al parecer, no enferman. Enferma la carne de vaca, cuya compra está tipificada como delito en el Código Penal.

Ese mismo sentido de la justicia suele perdonar las alteraciones del orden público que puedan constituir las peleas de perros, las peleas de gallos finos y las apuestas de jugadores. Éstas no merecen atención policial ni jurídica, aunque están conceptuadas como delitos. Porque, ¿cuántos camorristas han sido conducidos o instruidos de cargos en lo que va de año?

A diferencia, una cuidadosa atención, valga decir acometividad policial y judicial, va dirigida a quienes, no dejándose apabullar por la violencia oficial, hacen valer sus derechos, ya sea gritando la palabra "Libertad" o escribiendo un artículo periodístico. Estos sí que pueden ser conducidos a la cárcel. Estos sí que se ven enfrentados a la justicia.

Esta es Cuba, la del terror de Estado disfrazado de bondad, donde policía y justicia tienen sus caprichos, y buena parte del miedo que provocan viene del azar y de lo inesperado. Pero una cosa está, al parecer, clara: oposición política y carne vacuna, no.

"¿Quiere una prueba del miedo que constituye nuestra sociedad?", pregunta el experto en comunicación social consultado.

Y agrega: "La mejor prueba es que, antes de contestar a sus preguntas, le pido que no divulgue mi nombre".

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